El futbol tiene memoria, pero no tiene piedad. El Club Atlante volvió a pisar el césped de la Primera División, reclamando un lugar que por historia y mística le pertenece.
El Estadio Victoria fue el escenario de un choque eléctrico, con un “Equipo del Pueblo” que demostró que no ascendió para ser comparsa. Sin embargo, la máxima categoría te cobra caro los pestañeos. En el último aliento del partido, el videoarbitraje se convirtió en el villano de la noche azulgrana, otorgándole a los Rayos del Necaxa un triunfo agónico por 2-1 que dejó un sabor profundamente amargo en la expedición capitalina.
El pitazo inicial de Yonatan Peinado desató los nervios lógicos de un debut. Los primeros compases mostraron a dos escuadras midiéndose con cautela, pero con la intensidad propia de quien sabe que cada punto en este torneo es oro molido. Fue al minuto 14 cuando el Atlante dio su primer rugido de peligro: Luis Puente se escapó por la banda y sacó un disparo cruzado con sello de gol, pero el arquero hidrocálido recostó a tiempo para ahogar el festejo.
Necaxa acusó el golpe y respondió de inmediato. Al 17’, un tiro de esquina venenoso estuvo a nada de abrir el marcador, pero el propio Puente pasó de cazador a salvador, despejando la de gajos casi sobre la línea de cal. Los Rayos olieron la debilidad y apretaron la salida. Apenas dos minutos más tarde, Juan Torres sacó un remate con etiqueta de gol, pero se topó con la muralla: Óscar Jiménez voló de forma espectacular para desviar el balón con las uñas. El experimentado guardameta atlantista dejó claro desde el inicio que su jerarquía será el pilar del equipo en esta campaña.
El juego se volvió ríspido en la media cancha y el VAR tuvo que hacer su primera aparición al 34’. El silbante había mostrado la tarjeta amarilla a Daniel Leyva de Necaxa, pero tras la revisión en las pantallas, corrigió el cartón y decretó un tiro libre para los locales que la zaga azulgrana resolvió sin contratiempos. Con el parón y las revoluciones altas, el partido se fue al descanso con un salomónico cero por cero.
La charla de vestidor transformó al Atlante, que salió al complemento con el cuchillo entre los dientes. Al minuto 47, la sinfonía azulgrana funcionó a la perfección. Jojhan Julio desbordó por la pradera izquierda dejando sembrada a la defensa; tocó en corto para Luis Calzadilla, quien con una visión periférica excelsa filtró un balón milimétrico. Ahí apareció Eugenio Pizzuto, cerrando la pinza con un remate cruzado que batió las redes locales. Gol de antología, explosión en la banca visitante y el Atlante gritaba que estaba de vuelta en el máximo circuito.
Con la ventaja en la bolsa, los Potros intentaron replegar líneas y contragolpear, pero Necaxa es un viejo lobo de mar en su cancha. Los Rayos adelantaron líneas y comenzaron a asfixiar el medio campo atlantista. El esfuerzo local rindió frutos al minuto 78, cuando Peinado decretó una pena máxima indiscutible en el área azulgrana. Julián Carranza tomó el balón, aguantó la presión psicológica de Jiménez y cobró con una frialdad matemática para poner el 1-1. El Estadio Victoria era un auténtico hervidero.
En los minutos finales, la figura de Óscar Jiménez creció aún más. El cancerbero atlantista sacó un disparo a quemarropa que parecía el gol de la voltereta, manteniendo con vida la esperanza de rescatar un valioso punto en territorio ajeno.
Cuando el reloj agonizaba y el empate parecía firmado, la tragedia deportiva se cebó con los Potros. En el tiempo de compensación, Miguel Pedroza se encontró con un balón en el área chica y la mandó a guardar. En primera instancia, el asistente levantó su bandera y Yonatan Peinado pitó un fuera de lugar que devolvía el alma al cuerpo de los aficionados atlantistas.
Sin embargo, el fútbol moderno se juega también en las cabinas. Tras tensos minutos de deliberación y líneas trazadas en la pantalla del VAR, el colegiado cambió su decisión: el gol de Pedroza era legítimo. El 2-1 cayó como un balde de agua helada para un Atlante que no merecía irse con las manos vacías. No hubo tiempo para más.
La derrota duele por la forma y el minuto, pero las sensaciones futbolísticas del Atlante son sumamente positivas. El “Equipo del Pueblo” tiene argumentos para competirle a cualquiera. La revancha llegará pronto, y será con tintes de clásico: en la Jornada 2, los Potros harán su debut como locales en el Estadio Banorte recibiendo nada más y nada menos que a las Águilas del Club América a las 21:00 horas. Una cita con la historia donde la afición azulgrana promete pintar las tribunas para buscar los primeros tres puntos del torneo.

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