Al revisar el decreto 240 de la LVII Legislatura expedido el 9 de septiembre de 2010, encontré la iniciativa que Diputado Jorge Álvarez Colín (PRI) integró para tal efecto, por lo que tengo a bien reproducirla, pues allí está reflejado el papel que debe asumir quien se considere fedatario de la historia que se construye también en el propio presente:
El Poder Legislativo del Estado de México es generador de historia, por su seno pasan grandes episodios que marcan el rumbo de nuestra entidad, historia que, si bien en su mayoría se queda archivada en la Biblioteca, es poco probable que de todo el acervo documental se destaque lo más relevante, dada la naturaleza, atribuciones específicas y carga de trabajo de la citada Biblioteca.
Por la trascendencia del trabajo parlamentario, se necesita que alguien narre de manera detallada todo lo que, en esta importante tribuna, la máxima del Estado, sucede. En este sentido, un cronista es el escritor que narra acontecimientos de interés histórico, sin caer en el término o en la equivalencia del historiador.
Los cronistas se han distinguido por la veracidad en sus relatos, y han existido desde la antigüedad; ellos documentaban hechos y costumbres, al mismo tiempo que informaban de la geografía y el modo de vida de sus pobladores. El cronista inicia su trabajo reuniendo la información necesaria para transformarla en relatos, con el único objetivo de narrar y explicar el pasado. Así, se convierte en la persona que expone lo que sucede, y todas las características y circunstancias específicas de cada hecho.
Los cronistas aportan un material básico altamente valorado, por su capacidad de captación de lo más importante o novedoso en un suceso y de los detalles que resulten significativos o emocionalmente impactantes.
Regularmente el cargo de cronista es tradicional y vitalicio, por cuanto hace a los municipios, y trata de sensibilizar a los ciudadanos sobre la evolución del trasfondo histórico que hay tras los acontecimientos actuales, para que la población conozca la historia del lugar en el que vive.
Pero una crónica tiene que reflejar no sólo los éxitos o cosas positivas, sino también las debilidades y fracasos, para dar cuenta verdaderamente de la transformación que se vive día a día. Al plasmarlo por escrito, se deja una huella imborrable que va formando parte de la historia colectiva, y a la larga, se convierte en legado invaluable.
Por cuanto hace al Poder Legislativo mexiquense, es de suma trascendencia la creación de esta figura, pues la importante función parlamentaria, en todas sus vertientes, amerita ser documentada de manera cotidiana, para forjar la memoria sólida de nuestro pasado y a partir de él trazar un futuro con rumbo claro.
A propósito de la conmemoración de que somos parte, a cien años de la Revolución y a doscientos de la Independencia, resulta oportuno inscribir en el marco del Bicentenario una innovación legislativa que honre todos estos años de historia, algunos documentados y otros no, para empezar a construir de manera ordenada la constancia de nuestro paso por la Legislatura y el de las subsecuentes, para que en un futuro, sea la sociedad la que juzgue, valore, aprecie, critique; a fin de cuentas, testifique el quehacer parlamentario.

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