Los resultados electorales de un país pueden aportar información sobre los valores e identidades de su población. Lo mismo podemos advertir de sus burocracias y toma de decisiones en la administración pública.
Estados Unidos de Norteamérica llevará a cabo elecciones en noviembre para renovar la conformación de su Cámara de Representantes y del Senado, actualmente con mayorías del Partido Republicano.
Como en la película Mi pobre angelito 2 (1992), el actual mandatario de ese país intenta señalar a sus votantes el camino: elegir la salvación que ofrece su partido o el infierno que representan los demócratas.
En uno de sus recientes discursos, el mandatario señaló que sus seguidores defenderán su cultura, religión, valores y herencia, frente a “personas que nos odian”. Y advirtió que elegir a los demócratas sería estar en favor de extremistas dispuestos a quemar a su país. Puso como ejemplo a Francia que, según el político estadounidense, está siendo “conquistada” y “saqueada” por “inmigrantes yihadistas y comunistas”.
La simplificación discursiva de las personas dedicadas a la política puede conducirles a proferir contenidos mentecatos. Podemos advertir la retórica del presidente estadounidense para hablar de buenos y malos. Él se erige como arcángel, jefe de un ejército celestial, para llevar el mensaje divino y la sanación de los males que aquejan a su país.
El lingüista estadounidense George Lakoff, en su libro No pienses en un elefante: Lenguaje y debate político (2004), considera que las personas votan por propuestas cercanas a sus valores e identidades y no por programas favorables para su desarrollo. Describe el modelo paternalista del sistema electoral en su país, que transita entre padres estrictos y padres protectores.
El modelo de los padres estrictos es autoritario y moralista. El varón establece qué es correcto, toma las decisiones de la familia y aplica las sanciones correspondientes. Siempre en beneficio de los demás. El padre determina qué es bueno y qué es malo para su familia e hijos.
La familia protectora toma decisiones de forma conjunta entre padre y madre. Los dos son responsables de sus hijos y los acompañan en sus desarrollos. Esta labor requiere empatía, responsabilidad, protección, libertad, honestidad, cooperación, comunicación y confianza entre los progenitores y de éstos hacia sus hijos.
Lakoff resume que las personas que creen en la moral autoritaria del papá estricto y la aplican a la política creerán que ése es el mejor camino para gobernar. En cambio, las personas que creen en el modelo protector serán más sensibles a la mutualidad como forma de gobierno.
Gobernar desde el autoritarismo o desde la deliberación democrática es resultado de los valores con que se identifica la mayoría de una población votante. Las elecciones norteamericanas pueden traducirse en refrendo o impugnación de la paternidad con la cual desean se conduzca el gobierno de la economía más grande del planeta.
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