Hay secretos que no desaparecen: se entierran. Y a veces esperan años, décadas incluso, hasta que una ceiba, una memoria o una herida los devuelve a la superficie. En Esos huesos bajo la ceiba, su nueva novela publicada por Suma, Susana Corcuera construye una historia donde la selva no es sólo escenario, sino una fuerza viva que observa, transforma y también guarda aquello que los personajes preferirían olvidar.
Esos huesos bajo la ceiba
La novela sigue a Juan, un muchacho ingenuo y de buen corazón que, alrededor de los 19 o 20 años, llega a una comunidad perdida en la selva. Allí conoce a Ramón, un hombre mayor, carismático y capaz de convertir la pobreza extrema en un proyecto comunitario que parece casi milagroso.
También encuentra a Mariana, con quien construirá una historia de amor que atravesará décadas y pondrá a prueba su capacidad para sobrevivir cuando todo aquello en lo que creyó se derrumbe.
“Pues ese así a grandes rasgos es la historia de un muchacho ingenuo, muy ingenuo, buena muy buena gente y se deja convencer de un proyecto justamente en la selva Lacandona y se va a una comunidad a como a los 19 o 20 años.
“Entonces él le apuesta toda su vida a esa comunidad, no nada más él, van otras personas, Mariana, Ismael, Carmen, Mariana es la pareja de Juan”, explica Corcuera.
La comunidad donde transcurre buena parte de la historia está marcada por la miseria. Las lluvias provocan inundaciones, las laderas se vienen abajo y el lodo invade las calles. En ese territorio aparentemente condenado al abandono, los personajes consiguen devolverle la vida a la tierra y, con ella, una posibilidad de futuro a sus habitantes.
“Es una comunidad pobrísima, verdaderamente miserable, que cada vez que llueve se anega y se caen todas las laderas y entonces el pueblo se llena de lodo y es pues de esos lugares realmente miserables, de los que parecen olvidados de todo el mundo y de Dios mismo, de veras, se ven desoladores.
La transformación llega mediante la reforestación y el aprovechamiento de los recursos naturales. Pero también aparece una de las paradojas de la novela: cuando la desesperanza se vuelve cotidiana, incluso la abundancia puede pasar inadvertida”, cuenta la autora.
“Y ellos sí logran hacer un cambio en la comunidad, sobre todo reforestando y haciendo que la gente vuelva a vivir de los recursos que son superabundantes en la región, pero que la miseria ya es tan terrible, la miseria y la desesperanza, que ya no ves ni siquiera lo que tienes alrededor”, señala Corcuera.
¿Cómo se reconstruye una persona cuando descubre que buena parte de su vida estaba sostenida sobre una mentira?
Durante años, Juan cree en ese proyecto. La comunidad funciona, la tierra responde y su relación con Mariana se fortalece. Ramón se convierte para él en una figura de referencia, casi paterna. Sin embargo, la utopía empieza a mostrar sus grietas cuando descubren que detrás del liderazgo carismático existe una realidad mucho más oscura.
“Y de pronto se dan cuenta que todo era una fachada y que la persona Ramón, el líder absoluto de la comunidad, era eso, un líder carismático y que habían vivido una especie de secta y que Ramón usaba la comunidad para sus propios fines”, revela la escritora.
El golpe para Juan resulta especialmente devastador porque no se trata solamente de descubrir una mentira. También significa aceptar que la persona en quien depositó su confianza más profunda fue capaz de hacer daño. Mariana consigue procesar la revelación de otra manera, pero Juan queda atrapado entre la decepción, la culpa y la sensación de haber sido ingenuo.
“Cuando se despiertan de esa ensoñación, Mariana se lo toma mejor, pero Juan se lo toma muy mal. En primer lugar, porque él sí quería a Ramón. Mariana no, Mariana lo respetaba y lo veía como un tipo pues que sabía hacer las cosas, pero Juan sí lo quería porque Ramón sabía que Juan tenía un liderazgo nato y entonces se apoyaba mucho en él”, explica Corcuera.
Ahí aparece una de las preguntas centrales de la novela: ¿cómo se reconstruye una persona cuando descubre que buena parte de su vida estaba sostenida sobre una mentira? Corcuera no plantea una recuperación sencilla ni inmediata. Juan llega a un punto de quiebre en el que incluso pierde las ganas de continuar.
La primera parte de la historia está contada desde Mariana, quien intenta sacarlo de ese estado de derrota.
“La primera parte de la historia la cuenta Mariana diciéndole: ‘Ya levántate, reármate’. O sea, ya eres un inútil, eres un ingenuo, la vida te mira, toda la vida para adelante, ¿no? Y él nada más está acostado”, relata la autora.
La relación entre Juan y Mariana se enfrenta entonces a otra pregunta: si puede sobrevivir al mismo despertar que destruye sus certezas.
“Y la historia en el fondo es una historia de si es posible rearmarse después de tener una decepción tan enorme que te cimbró hasta los huesos.
“Y la historia de amor, qué pasa con una historia de amor muy bonita, muy profunda entre Juan y Mariana, si también puede sobrevivir a ese despertar”.
Para la escritora, las decepciones amorosas y las que destruyen los ideales no tienen necesariamente el mismo peso.
“Yo creo que son distintas. Bueno, hablando desde las vísceras y desde las emociones, yo creo que las decepciones amorosas quizás son las que más duelen. Pero me parece que se pueden sobrepasar de mejor manera que una decepción de los ideales porque una decepción de los ideales, si ya se mete contigo como persona, ya te rompe toda la identidad”, reflexiona.
En esa fragilidad humana aparece otro de los grandes temas de Esos huesos bajo la ceiba: la naturaleza. La selva funciona como espejo de los personajes. Puede ser hostil, húmeda, incómoda, llena de insectos y enfermedades, pero también posee una capacidad extraordinaria para transformar la materia y generar vida.
“En este libro quise hacer esa comparación con la naturaleza. A mí sí me parece que nos hemos estado separando como seres humanos de lo que somos, que somos animales y se nos suele olvidar que somos unos de tantos animales y que vivimos en este planeta que también es frágil”, sostiene Corcuera.
Y enseguida lanza una idea que resume buena parte del espíritu de la novela: “Me encanta oír eso que dicen: ‘Salvemos al planeta’. Yo digo: ‘Pues si al planeta le da igual’. O sea, para él somos unas pulgas. Salvémonos a nosotros primero”.
La ceiba adquiere así una dimensión simbólica. Es un árbol asociado con lo sagrado y con el paso del tiempo, pero también una presencia que la escritora observa con fascinación.
“Lo que más me impresiona de las ceibas es que tienen como ojos y unos ojos que no son así especialmente amables, ¿no? Y tienen espinas y son bruscas”, cuenta.
Sin embargo, esa dureza convive con una capacidad de transformación que Corcuera utiliza como metáfora de la vida.
“Y la selva también, como el ser humano, es súper frágil, pero también tiene esa capacidad de transformarse y de darle la vuelta a lo malo y convertirlo en otra cosa”, afirma.
Selva permanece como una gran metáfora
Esa transformación alcanza incluso a los huesos que dan título a la novela. La muerte y la materia orgánica no son necesariamente el final: bajo la ceiba, lo que parece desecho puede convertirse en alimento, flores, hongos o nuevos árboles. La naturaleza recicla la tragedia y la convierte en otra forma de vida. Juan deberá hacer algo parecido con su propia existencia.
Corcuera encuentra también en los ecosistemas una lección aplicable a las personas.
“Los ecosistemas biodiversos son superresistentes y los ecosistemas que solo tienen una especie son de los más frágiles y yo creo que lo mismo pasa con los seres humanos cuando tenemos un punto de vista, somos obcecados, no nos movemos como una palmera, no rompemos mucho más fácil que si tenemos más experiencias y las hacemos nuestras y digerimos”.
Así, Esos huesos bajo la ceiba no se queda en el misterio de lo enterrado ni en la caída de un líder. Es una novela sobre la dificultad de mirar de frente aquello que alguna vez nos dio sentido y descubrir que estaba contaminado. Pero también sobre la posibilidad de levantarse.
La selva permanece como una gran metáfora. Es áspera y generosa, violenta y fértil. Guarda secretos, pero también transforma lo que recibe. Debajo de la ceiba están los huesos, sí, pero también la posibilidad de que de ellos nazca algo distinto.
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