Jimena Valdés Figueroa

Jimena Valdés Figueroa

Hacer de la educación, una práctica de libertad

Voz propia con Jimena Valdés

Redacción
Mayo 16, 2026

Probablemente el tema más sonado en días recientes, ha sido el relacionado con el cierre anticipado del ciclo escolar y ante el cual se suscitaron reacciones que podríamos denominar de pánico, muchas de ellas basadas en el “ahora, qué vamos a hacer con los niños”.

Si bien, las razones del cierre casi fortuito del ciclo escolar pueden, desde mi punto de vista, no ser las correctas, lo cierto es que la negativa y las justificaciones conexas (como el que “hay un programa que debe cumplirse”, cuando el Plan y Programa de Estudios vigente se basa en el codiseño como un proceso continuo y basado en la problematización, la resignificación de saberes y la contextualización de las condiciones territoriales, o bien el que parece ser que en las familias no se conoce que la evaluación ahora es formativa y por lo tanto no se trata de sacar en el examen final un diez), nos dan cuenta de muchas cosas; entre ellas de la falta de condiciones con las que realmente contamos para el ejercicio de la crianza y los cuidados, o bien de la manera en la que pensamos a la escuela y con ello la labor de las y los docentes.

Aunque poco popular, mucho de cierto tiene el postulado del actual Secretario de Educación, al decir que la escuela debe entenderse como “un territorio de aprendizaje, no como un lugar de resguardo de niños y niñas, por conveniencia del mercado”, y es que si bien insisto en que las razones de un cierre por el Mundial no lo justifican, también es notoria la negativa que como padres y madres muchas veces tenemos para afrontar de manera integral el papel que guardamos en los procesos formativos, que van desde destinar tiempo a la crianza y cuidado de nuestros hijos hasta el relacionarnos profundamente con ellos, entender sus mundos de vida y emprender relaciones mucho más dialógicas y menos autoritarias.

Al escuchar a los docentes, puedes dar cuenta de ese malestar, de ese temor que en realidad hoy en día les genera la relación con los padres de familia, la cual se complejiza al extenderse a otras figuras cuidadoras. Siendo un ejemplo, el uso equivocado del discurso de derechos el cual se utiliza como la alternativa ideal para dejar de asumir las propias responsabilidades.

Si bien, hemos dicho que ser niña o niño y acudir a la escuela sin gusto, es una situación terrible, también lo es el ser un docente al que lejos de valorarse se le resta más reconocimiento y valía. Como lo menciona Freire en sus “Cartas a quien pretende enseñar”, las y los docentes deberían contar con las condiciones para emprender su labor sin miedo, ya que es la educación una práctica política y también transformadora de lo social.

Recordemos la importancia que las figuras docentes han tenido en nuestras vidas… Personalmente reconozco el impacto que su ejemplo, afirmación y guía han tenido para mí, no sólo como profesionista, sino también como persona; puedo encontrar en mi memoria múltiples episodios en los que las palabras y las acciones de mis maestras y maestros me hicieron sentir valiosa.

Tomemos la oportunidad de mirar a las aulas como ese campo en el que se reconfiguran saberes, poderes y en palabras de Bourdieu también capitales. Entendamos entonces el verdadero sentido de la educación, como un ámbito en el que nos construimos como personas.

En México, el 15 de mayo se celebra “El día del maestro”, yo quiero conmemorar al gremio en sus luchas diarias, en la disposición de negociar la propia vida por acompañar los trayectos de sus estudiantes, la disciplina con la que mantienen las rutinas, la flexibilidad con la que una y otra vez adaptan sus prácticas ante la constante emergencia de programas y marcos, a su tenacidad para autoformarse y mantener pese al paso del tiempo y el cansancio la creatividad necesaria para hacer de sus aulas espacios de cocreación y resignificación de saberes, a la humildad con la que entienden el corazón de cada niño o niña que habita en las escuelas y también la entrega con la que, visitando de nuevo a Freire, “hacen de la pedagogía un proyecto humano, que desde el reconocimiento de la opresión sitúa a la praxis como un proceso permanente de liberación”.

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