Mientras México y Canadá buscan asegurar el futuro del T-MEC mediante una extensión de 16 años adicionales, los datos recientes sobre inversión extranjera muestran una realidad más compleja de lo que sugieren los discursos oficiales.
A principios de junio, los gobiernos de México y Canadá notificaron formalmente a Estados Unidos su intención de renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) hasta el año 2042. La propuesta busca brindar certidumbre a las empresas e inversionistas de América del Norte en un momento marcado por tensiones comerciales, aranceles y una creciente competencia económica global.
La lógica detrás de la propuesta parece sencilla, si las reglas comerciales están garantizadas a largo plazo, las empresas tendrán más confianza para invertir y expandirse. Sin embargo, la negociación está lejos de ser un trámite. Estados Unidos ha dejado claro que pretende revisar temas sensibles como las reglas de origen para la industria automotriz, el contenido regional en manufacturas y las condiciones para los sectores del acero y aluminio.
En paralelo, el gobierno mexicano celebró un récord histórico de Inversión Extranjera Directa (IED) durante el primer trimestre de 2026, al registrar 23 mil 591 millones de dólares. A primera vista, la cifra parece confirmar que México continúa siendo un destino atractivo para los capitales internacionales.
Sin embargo, un análisis más detallado revela matices importantes. De ese monto, apenas mil 705 millones de dólares correspondieron a nuevas inversiones, mientras que la gran mayoría provino de reinversión de utilidades por parte de empresas que ya operaban en el país. Es decir, más que una llegada masiva de nuevos proyectos, lo que se observa es que compañías previamente establecidas decidieron mantener o ampliar operaciones existentes.
Además, las nuevas inversiones se concentraron principalmente en unos cuantos Estados, entre ellos Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León, Jalisco y Baja California. Esto refleja que los beneficios del llamado “nearshoring” aún no alcanzan de manera uniforme a todo el territorio nacional.
La coincidencia entre ambos temas no es casual. Diversos especialistas han advertido que la incertidumbre en torno a la revisión del T-MEC influye directamente en las decisiones de inversión. Mientras no exista claridad sobre las reglas comerciales que regirán a Norteamérica durante los próximos años, muchas empresas podrían optar por postergar proyectos o limitar su expansión.
Así, México enfrenta una paradoja económica. Por un lado, presume cifras récord de inversión extranjera y mantiene una posición privilegiada dentro de las cadenas productivas de América del Norte. Por otro lado, el crecimiento de nuevas inversiones sigue siendo moderado y altamente concentrado geográficamente.
La eventual renovación del T-MEC podría convertirse en una señal positiva para los mercados. No obstante, el verdadero reto será transformar esa certidumbre comercial en inversiones nuevas, generación de empleos y desarrollo regional.
De lo contrario, los récords seguirán siendo una buena noticia estadística, pero con un impacto limitado en la economía cotidiana de millones de mexicanos.
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