¡Ahí vienen los toros! En San Pedro de la Laguna en Zumpango, un festejo recuerda la tradición  de cartonería

¡Ahí vienen los toros! En San Pedro de la Laguna, Zumpango, un festejo revive la tradición de la cartonería, comunidad preserva expresiones culturales a través de figuras artesanales, celebración mezcla identidad, arte popular y memoria colectiva, evento destaca el valor de las tradiciones locales en el Estado de México, habitantes participan en una fiesta que fortalece el patrimonio cultural de la región. FOto: Especial

¡Ahí vienen los toros! En San Pedro de la Laguna en Zumpango, un festejo recuerda la tradición  de cartonería

En la comunidad de San Pedro de la Laguna en Zumpango, un festejo recuerda la tradición  de cartonería y pirotecnia que se niega a perderse.

Tania Albino
Junio 21, 2026

San Pedro de la Laguna es una comunidad que pertenece a Zumpango, su población se ha destacado por preservar las tradiciones ancestrales, podemos decir que el origen de este territorio se encuentra vinculado a los cuatro elementos: agua con la cual han mantenido un estrecho contacto debido a la cercanía geográfica con la Laguna de Zumpango, con el viento que movía a los árboles llorones y hacía estremecer al escuchar su peculiar sonido, los festejos a la madre tierra, prodigiosa porque durante siglos ha dotado de múltiples cultivos donde destaca el maíz y el frijol. Finalmente, un elemento que no podía estar ausente en las festividades patronales es el fuego; sus colores y temperaturas muestran hermosas luces que la pirotecnia esparce en las noches para iluminar el corazón de todas las personas que disfrutan de las maravillas que se dibujan en la bóveda celeste. 

El origen de los toros monumentales

Estos destellos son dignos representantes de la dualidad; noche y día que se han venerado en la cultura náhuatl, por un lado, la oscuridad invita a la reflexión, a la preparación espiritual de los seres humanos y al encuentro con las deidades para ofrecerles algo a cambio por los favores recibidos. Por el otro, aparece la paulatina iluminación del Sol sobre la faz de la tierra para abrir el festejo por la vida. 

La fiesta de los toros permite experimentar este encuentro entre lo diurno y lo nocturno con intensa alegría porque desde hace varios meses se trabaja en la elaboración de estas hermosas representaciones del animal bravío. En reuniones vespertinas o nocturnas, los integrantes de las familias se reúnen para elaborar el diseño, las ideas circulan, los abuelos y nietos opinan, los jóvenes toman nota y presentan esbozos que serán valorados y aprobados por la mayoría. Este ritual convoca al diálogo, a la exposición de las habilidades para el dibujo, la pintura y el armado de la estructura del toro, se elabora la base, luego el esqueleto, el recubrimiento y el arte de la decoración para cerrar con la colocación de los fuegos artificiales.

El Toro pirotécnico y su espíritu 

El alma de los toros pirotécnicos es por una parte, el esqueleto hecho con diversos materiales, pero el que predomina es el carrizo porque permite moldear, hacer curvaturas, entretejer para dar cuerpo y fuerza a la figura. 

En otro sentido está el espíritu de colaboración, de ayuda mutua, la charla, los encuentros verbales que sostienen las generaciones maduras y adultas con las jóvenes y las infantiles en estos intercambios dialógicos se narran historias que dan cuenta de las experiencias vividas, ejemplos a seguir y quizás nuevos retos que les depara el futuro.

Mientras se elabora el toro, se comparte con los participantes y acompañantes una sabrosa merienda donde circulan tamales, pan, café o atole, a veces el taquito de chicharrón, carnitas o unas deliciosas quesadillas de flor de calabaza, un poco de aquello que se preparó para la comida del día. 

Estas reuniones se han convertido en un ritual a tal grado que algunas familias lo hacen con mayor ímpetu para consolidar su unidad, fuerza, creatividad y pasión por el arte de la escultura de grandes dimensiones.

Cuando el toro está terminado se festeja con música y alimentos variados, reina la alegría, entre todos se abrazan y brindan por la obra de arte que tienen frente a sus ojos, las emociones se derraman porque la familia, el negocio o empresa ha cumplido nuevamente con el propósito planteado desde un año antes.

Una expresión artística llena de pasión

El día destinado para el desfile es una semana antes de la fiesta patronal dedicada a San Pedro apóstol que se realiza en el mes de agosto. La historia de este santo está simbólicamente asociado a la pesca, razón histórica y religiosa que conservan los pobladores por ser una de las principales actividades realizadas para mantener viva la tradición y la memoria de su remoto origen.

Los toros monumentales salen de entre las lonas que los han cubierto durante su proceso de elaboración, la música se escucha a través de las enormes bocinas colocadas en la base que hábilmente los herreros han elaborado con enormes ruedas para que un grupo de jóvenes haga bailar al monumental toro, girarlo en todos los sentidos, avanzar y retroceder al compás de las melodías. Las personas gritan de alegría, se mueven al ritmo que les tocan, así se van formando sobre la avenida Insurgentes, así cerca del mediodía se desplazan hasta entroncar con la avenida Cuautitlán, ahí siguen avanzando con las enormes figuras de grandes ojos que logran atrapar a los visitantes, cejas alzadas para impresionar, el hocico abierto para mostrar desde una sonrisa, hasta flamígeros destellos de la bestial furia.

Algunos toros son distinguidos por su vestimenta confeccionada con manta o diversas telas a manera de disfraz de algún personaje, los cubren con accesorios como sombreros, lentes, gorras, cascos que hacen lucir las enormes cornamentas, otros se distinguen por sus máscaras de viejitos, paliacates o tatuajes para recordar los pasajes históricos de los pueblos prehispánicos.

Desde el cuello hasta la penca del toro se montan pequeñas estructuras que sostienen los cohetes, figuras circulares o cuadradas, todas son elaboradas con creatividad y esmero. Con extremo cuidado se entretejen los materiales que serán encendidos al finalizar el recorrido, también se adornan con banderillas de colores, otros toros portan utensilios de plástico; cubetas, palanganas, juguetes que serán repartidos poco antes de la quema de la pirotecnia.  

Las bandas de viento que acompañan al toro provocan la algarabía, la expresión de euforia detona que pobladores y visitantes disfruten el desfile con una refrescante bebida, por ahí aparecen los raspados de múltiples colores y sabores, botanas: chicharrones, jicaletas, cacahuates y palomitas. 

En los recodos de la calle y las zonas arboladas se escuchan los gritos que la multitud emite para que las monumentales figuras bailen hasta llegar a su destino final, esa zona despoblada donde los fuegos pirotécnicos hacen su aparición así nace el fuego que purifica el alma, limpia y despeja las emociones de una comunidad que se promete no olvidar sus tradiciones.  

**Víctor Espinoza, Cronista de Zumpango por la AMECRON

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