Los hechos reales (II y última)

Al final de la pasada entrega se hizo esta pregunta: ¿a quién le importa, y sobre todo para qué, que los hechos narrados en Heroico sean o hayan sido “reales”? En primera instancia –por mera obviedad– debe importarle al guionista, en tanto voluntariamente se ha obligado a mantener apego a tales hechos. En segunda instancia –aunque todo lo que sigue tiene un pie en el terreno de la probabilidad y la especulación más que en la certidumbre– debería importarle a un espectador que, al menos en teoría, habrá de sentirse más atraído por una historia “basada en” que en una emanada de la pura imaginación. Aquí es preciso insistir: si fuera de otro modo, ¿entonces para qué promocionarse con el hecho, en el caso de Heroico, de estar “inspirada en”? La otra parte de la pregunta es crucial: ¿cuál es el propósito de obrar así, es decir, además del arriba explicitado propósito de lograr más atención? En el caso de Heroico es difícil pensar en otro objetivo que no sea la denuncia de los horrores que, de acuerdo con la trama, suceden –tiempo presente– en el Heroico Colegio Militar de México.

¿Te consta o te inspiraste?

Si a partir de lo expuesto hasta aquí vale considerar lo que la cinta narra como una suerte de calca de la realidad, entre otros hechos habría que dar por cierto que, un día como hoy, cuando menos un nuevo estudiante de dicho colegio está siendo insultado, vejado y golpeado por uno o varios superiores jerárquicos militares inmediatos, con la participación de compañeros de generaciones previas a la del ofendido, y que dichas torturas psicológicas y físicas no sólo pueden sino suelen conducir a la muerte del blanco de tales violaciones a los derechos humanos y ataques a la integridad física…; que cuando menos otro matriculado de reciente ingreso está siendo incorporado a las actividades ilícitas –asaltos a mano armada en casas habitación y violaciones sexuales, entre otros delitos– promovidas y perpetradas bajo el mando del mismo o algún otro superior jerárquico inmediato, en contra de la voluntad del de reciente ingreso en el caso específico del protagonista de la trama, pero con la inevitable inferencia de que otros “reclutados” previos a él se incorporaron de buen grado a la vida criminal camuflada por el hecho de ser parte de las fuerzas armadas apenas en formación…; que cualquier intento de denunciar esas y otras anomalías al interior de esa institución académico-castrense va a toparse con el muro de una complicidad soterrada de los altos mandos, los cuales, en el menos malo de los casos, se harían los locos y, en el peor, desestimularían dicho intento de denuncia ya sea bajo el argumento de que “así son aquí las cosas y te tienes que aguantar” o, posiblemente peor, bajo otro que lleva embozado un clasirracismo inconfeso pero elocuente: puede ser que si logras hablar con el director del Colegio Militar del infierno en el que te has metido sin saberlo, te salga con que a ti, como a él en su momento, siendo de extracción indígena les conviene soportarlo todo porque la milicia es el único vehículo para que personas como ustedes no se mueran de hambre “allá afuera”…; que el objeto de tantas humillaciones y degradación no tiene más remedio que seguir ahí porque su propia familia lo presiona para que no deserte, tanto por la vía del chantaje emocional como por la de una situación económica, de salud o de otra índole, todas apremiantes…

En tanto la trama de Heroico se ubica en un tiempo presente que, si bien no está determinado, es imposible no identificar con el presente real, debe colegirse que para el guionista y director no están contándose cosas que alguna vez pasaron sino que están pasando ahora mismo y que, como se apuntó arriba, en eso consiste el interés central del filme. Ya el tremendismo y los palimpsestos formales que van del realismo crudo a ensayos oníricos un tanto inopinados, son lo de menos: da la impresión de sólo se trataba –Michel Franco productor mediante– de ponerle un buen trancazo al Ejército Mexicano.

@luistovars