La decisión de la calificadora S&P Global Ratings de cambiar la perspectiva de México de “estable” a “negativa” encendió una nueva señal de alerta sobre el rumbo económico del país. Aunque la calificación soberana se mantiene dentro del grado de inversión, el mensaje de fondo resulta difícil de ignorar, la economía mexicana enfrenta un escenario de bajo crecimiento, aumento de deuda y una creciente presión sobre las finanzas públicas.
La agencia señaló que uno de los principales problemas es el débil crecimiento económico que México ha mostrado en los últimos años. Más allá de los discursos optimistas y de las proyecciones oficiales, la realidad es que el crecimiento per cápita sigue siendo insuficiente para responder a las necesidades de millones de mexicanos que enfrentan pérdida de poder adquisitivo, empleo informal y un entorno económico cada vez más incierto.
S&P también advirtió que el gobierno podría tardar más tiempo del esperado en reducir el déficit fiscal, es decir que el país continúa gastando más de lo que recauda, por lo que la deuda pública sigue creciendo. La calificadora estima que la deuda neta podría pasar de 49% del Producto Interno Bruto en 2025 a 54% en 2029, un incremento que comienza a generar preocupación entre inversionistas y analistas financieros.
Uno de los puntos más delicados es la situación de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad. Ambas empresas productivas del Estado siguen dependiendo de apoyos fiscales y transferencias públicas para mantener operaciones y enfrentar sus compromisos financieros. En el caso de Pemex, la deuda continúa siendo una de las más altas entre las petroleras del mundo, mientras su capacidad de producción y rentabilidad permanece limitada, lo que llevó a la renuncia de su director general el pasado 14 de mayo.
La advertencia de S&P ocurre además en un momento de incertidumbre internacional, con la eventual renegociación del T-MEC que genera dudas sobre el futuro económico de la región ya que para muchos inversionistas, la estabilidad jurídica y comercial resulta clave antes de tomar decisiones de largo plazo.
La discusión de fondo va más allá de una simple evaluación técnica. El cambio de perspectiva refleja un debate más amplio sobre el modelo económico actual y sobre la capacidad del Estado para equilibrar gasto social, inversión pública, estabilidad financiera y crecimiento económico sostenible.
Mientras el gobierno defiende su estrategia fiscal y energética, diversos especialistas advierten que el margen de maniobra comienza a reducirse. La preocupación no es únicamente el nivel de deuda, sino la falta de crecimiento suficiente para sostenerla sin comprometer el futuro económico del país.
Por ahora, México evita una degradación en su calificación. Pero la advertencia de S&P deja claro que los próximos años serán determinantes para definir si el país logra fortalecer sus finanzas o entra en una etapa de mayor vulnerabilidad económica.
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