Mi Toluca

Con singular alegría

Si la gente cree que manejar en la Cdmx es arriesgado y atrevido, que ni se les ocurra venir a Toluca de mis amores, a querer hacerlo. Todo lo que usted pueda imaginar está patente en las muy bonitas avenidas y calles. En todas sus colonias, en todos sus barrios. Desde un camionero, o taxista, o cafre, o señora, o chicos al frente del auto de sus padres… todo el mundo hace lo que le viene la gana en esta ciudad y no hay quien les diga absolutamente nada. De norte a sur y de este a oeste, todo el mundo hace, al manejar, lo que quiere.

Y las patrullas van y vienen y tal parece que no pueden operar en contra de quien infringe la ley, aun siendo tan poderosas. En Toluca, donde se supone que se tiene a uno de los mejores ediles, se dijo que se iba a certificar a los camiones, carros, taxis, que contagian el aire de la segunda más contaminada ciudad del territorio nacional; pero creo que solo pasó en una semana.

El caos no se ha terminado ni se acabará. Con gente tan poco respetuosa, sin virtudes ni valores, y que le da lo mismo pasarse un alto, ganarle a quien está al lado, o enfrente, o mentarle la madre a su vecino o bajarse y pegarle a quien ni siquiera ha visto alguna vez en su vida; o atropellar a quien no corra fuerte-fuerte… esto no se compondrá nunca.

Al llegar a la Cdmx, pasa lo mismo que cuando vamos de Tijuana, o de El Paso, o de cualquier lugar de la frontera, a los Estados Unidos. Llegamos y ni tiramos basura, ni nos pasamos un alto, ni nada de nada. Allí siempre somos solidarios, entendidos, inteligentes y dignos. Aquí no sucede ni por de fault.

Y sí, si considero que los camioneros hacen su peor parte. Allí van: cuatrocientos cuarenta con un solo pasajero, si acaso dos. Pero eso sí, y lo diré cien mil veces: contaminando nuestro aire. Y esos otros camiones, repletos de grava que se cae por el camino; o de troncos inmensos de árboles que muertos demuestran su tragedia; o de ladrillos, para hacer casas, muchas; o de muebles, también de madera… o de contaminante y medio.

No tiene usted idea de la tristeza que me da. Mi ciudad es más que un pedazo de vida. Es la existencia misma que recorro a diario. Aquí escogí vivir… Y nadie, nadie en esta historia de vida, ha tenido la fortuna de poner en orden a los camiones, ni a los taxis, ni a los peseros, ni a nadie. Triste yo.

gildamh@hotmail.com