Cientos de familias originarias de San Cristóbal Huichochitlán acudieron al Panteón Viejo de la comunidad para despedir y acompañar a sus seres queridos de regreso al “lugar de los muertos”.
Sin embargo, en medio de la solemnidad de la fecha, los abuelos lamentan que las nuevas generaciones desconozcan el significado ancestral de esta celebración de la zona otomí de Toluca.
Inseguridad modifica la tradición
De acuerdo con la cosmovisión del pueblo indígena asentado en esta comunidad, hasta hace algunos años el 1 y 2 de noviembre se abrían las puertas de las viviendas de par en par para recibir a los difuntos que venían del más allá a convivir por unas horas con sus parientes vivos; para no perderse, las ánimas seguían un camino de flor de cempasúchil que colocaban sus familiares desde la entrada de la casa hasta la ofrenda. Sin embargo, la inseguridad ha modificado esta tradición, indicó Antonio Díaz, vecino de la zona.
Este 2 de noviembre, en el camposanto viejo de San Cristóbal se observó a personas hablando en su lengua materna con sus difuntos, dándoles cuenta de lo ocurrido durante el año que estuvieron ausentes o simplemente poniéndolos al día de los acontecimientos más importantes del último año. Esta práctica la realizan sobre todo las personas mayores, quienes se niegan a perder sus raíces.
Visita obligada al panteón este 2 de noviembre
Merced de la Cruz Rodríguez, tiene 92 años, asegura que desde que tiene uso de razón, cada 2 de noviembre tiene una cita obligada con sus abuelos, padres, hermanos y amigos que se “adelantaron”.
La “Tía” —término que usan en otomí para referirse de manera respetuosa a una persona mayor— busca en su memoria, pero reconoce que el tiempo no ha pasado en vano y ya olvida algunas cosas, no obstante, hace un esfuerzo para recordar y comparte que cuando era niña sus abuelos le enseñaron que el 1 y 2 de noviembre debía dejar abierta la puerta de su casa para recibir a los difuntos, sino seguían de largo, también había que colocar un camino de flor para guiarlos a su hogar.
Sin embargo, reconoció que las nuevas generaciones ya olvidaron el significado de la tradición y ahora solo acuden al panteón a hacer fiesta.
“Yo tenga o no dinero, debo venir a dejar flor, a acompañar a mis muertos en su regreso al más allá, a comer con ellos caldo de carne con coliflor, pero de res, porque la de puerco es mala; detallar, platicar, encenderles una cera”, expresó con la convicción de que, de no hacerlo, soñará a sus difuntos que le reclamarán su ausencia.
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