Qué maravilla quedarse en los años de niños. Qué alegría sintieron muchos de ellos al ser amados y cuidados por sus padres. Qué privilegio han tenido al ser bienvenidos al mundo y ser guiados con valores y virtudes…Pero existen muchos que no fueron ni queridos, ni amados. Y eso los ha hecho ser unos horrendos seres humanos sanguinarios y con ganas de destruir a sus semejantes.
Lo traigo a cuenta, porque hace poco le di al secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, mi libro: La Mujer Como Reproductora de la Pobreza, porque en este momento, no solo en las distintas etnias, sino en distintos municipios, las niñas de diez años, ya se nos están embarazando. Y eso no es justo ni plausible, en una sociedad que se jacte de ser libre y soberana. Espero que un día lo tome en cuenta y decida hacer muchos programas de planificación familiar.
Durante muchos años de vida, me he dado a la tarea de indagar sobre la problemática de la mujer mexicana. El inicio de todo, fue haber quedado embarazada y sin ningún sustento. Ni trabajo, ni casa, ni carrera, ni nada: solo un recuerdo de un casamiento un poco antes, pero por poco tiempo. Después sola. Universitaria al fin, tenía dos cosas en la vida: mi primer año de facultad y un bebé, además de una consigna: poder. A como diera lugar.
Así empecé a preguntarme: si me ha costado tanto esfuerzo salir adelante, ¿cómo les irá a todas esas mujeres que viven en la pobreza y que tienen que darles de comer a cinco niños y no tienen ni trabajo, ni educación, ni salud, ni nadie quien las ayude ni las respalde? ¿A las mujeres campesinas, como mi nana Teté de Xico? O como Delfina, de Chalco. O como Albina, de San Felipe del Progreso. ¿O mis amigas como Rigoberta Menchú? ¿O a las que ya habían alcanzado la ciudad como todas las de la colonia La Aurora o la Esperanza, de Netzahualcóyotl?
Así las cosas, se convirtió en un problema de vida que tenía que solucionar. Me propuse, pues, hacer mi carrera y la tesis de grado acerca de las jóvenes madres solteras de una zona suburbana que en aquél entonces apenas nacía: Ciudad Netzahualcóyotl. Allí aprendí lo que era una investigación-acción, y con base en entrevistas personalizadas, en historias de vida, indagué quiénes eran estas mujeres, de dónde venían y qué era lo que tenía yo que hacer para tratar de que ellas mismas se proporcionaran un mejor sustento para la vida. Propuse entonces hacer un área de comunicación para la salud. ¿Para qué? Para enseñarles que su cuerpo era lo único que les pertenecía y en razón de este, el único que podían manejar. Por eso era necesario que también conocieran métodos de planificación familiar, de anticoncepción, y que no tuvieran miedo de usarlos.
Apoyada por todas las áreas del CREA, pude elaborar el Programa de la Mujer Joven, con el apoyo del Centro de Estudios de la Juventud de la misma institución, allá por 1980. Dentro de la Secretaría de Salud, a mediados de los mismos ochentas, me di a la tarea de elaborar un protocolo de investigación de Mujer y Planificación Familiar, con base en información dada por la ONU, primero en su oficina central en Nueva York; luego en el Palacio de las Naciones, en Ginebra, Suiza.
Llegó la oportunidad de ir a Japón. La Agencia de Cooperación Internacional Japonesa, como única de sus becarias, me llevó dos veces con diez mujeres de todo el orbe, a que viéramos, estudiáramos y tratáramos de implementar en nuestros países lo que ellos hacían con respecto a la planificación familiar y a la administración pública de la mujer.
En ese tiempo se hizo un gran esfuerzo para crear una política pública en torno a la planificación familiar y se tuvo indiscutiblemente el apoyo irrestricto del titular del Ejecutivo Estatal. Por supuesto, también de distintas secretarías del Gobierno del Estado de México, como las dos anteriores que mencioné.
Se creó la Cartilla de Planificación Familiar, primera en su tipo. Ayudados por el Sector Salud y el Educativo, se pudieron repartir y evaluar dos millones de las mismas. Todo el Sector Salud tenía la consigna de ayudar a que cualquier persona, hombre o mujer, joven y adulto tuvieran la posibilidad de ir a cualquier Centro de Salud del DIF, IMSS, ISSSTE, SSA, o ISSEMyM en donde gratuita y libremente se pudiera dar información a quien así lo necesitara.
Se creó el texto Derechos y Deberes de la Mujer, en donde todos los partidos políticos existentes en ese momento, ayudaron a repartir 500 mil ejemplares. Allí la mujer podía encontrar en un folleto muy sencillo, información coherente de las reglas y beneficios que podía tener en este Estado.
Pero también se hizo, con el visto bueno de la Dirección General Jurídico y Consultiva, el Proyecto definitivo de la Ley General de Población del Gobierno del Estado de México, revisada minuciosamente por el Magistrado Medina Bobadilla[2], el mismo que se retomó y se aprobó hace apenas dos años.
Esta es una aproximación de lo que a nuestro parecer deberían hacer tres instancias de gobierno: la social, la administración pública y, por supuesto, las instituciones de educación superior, quienes son las que más conocimiento tienen de todos estos problemas y quienes los han estudiado una y mil veces y quienes pueden generar líneas de investigación y acción al respecto.
Nuestro propósito es interesar a quienes toman las decisiones para que esto se realice, porque al final de cuentas, quienes van a ser beneficiadas siempre, son las mujeres. Y con eso, es más que suficiente.
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MPH

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