SAT: cuando la transa se disfraza de estrategia fiscal

Álvaro Bardales

SAT: cuando la transa se disfraza de estrategia fiscal

Mis Apuntes

Redacción
Octubre 31, 2025

Porque la corrupción no siempre viste de político: a veces usa traje de fiscalista, facturan sombras, venden humo, declaran pérdidas con orgullo, mientras el pueblo paga y suda, ellos esconden su tributo.

La más reciente publicación del Servicio de Administración Tributaria (SAT) encendió los reflectores sobre un viejo enemigo con nuevas máscaras: las conductas para no pagar impuestos, en tiempos donde la recaudación es motor de justicia social, las trampas tributarias son un delito fiscal y una afrenta moral a quienes sí cumplen con su deber.

Durante años, ciertos despachos de abogados y contadores perfeccionaron el negocio de la evasión, crean empresas de papel, las llamadas EFOS, Empresas que Facturan Operaciones Simuladas, para vender facturas falsas y simular gastos que jamás existieron, es el truco más común: pagar 10 % “por debajo del agua”, en lugar de cumplir con el ISR o el IVA.

Lo llaman “optimización fiscal”; en realidad, es fraude sofisticado, estas empresas son el eslabón invisible que debilita al país, un ecosistema de corrupción donde la creatividad contable se usa no para innovar, sino para engañar.

El SAT señala otro patrón, empresas pobres y empresarios ricos: las pérdidas fiscales recurrentes, empresas que, año con año, declaran estar en números rojos, aunque sus operaciones demuestran lo contrario, es un teatro financiero: si no hay ganancia, no hay ISR, si no hay ISR, hay impunidad.

En papel, son santos fiscalistas, en verdad, son ladrones amables, juegan con sellos, timbres y nombres, pero no engañan al hambre de los hombres, a eso se suma la simulación de deducciones: cargar los gastos personales o de otros proyectos al negocio para reducir la utilidad, autos de lujo, vacaciones disfrazadas de “viajes de trabajo”, escuelas privadas facturadas como “capacitación empresarial”, una comedia contable que se paga con los impuestos que otros sí enteran.

Los estímulos fiscales fueron creados para incentivar la inversión, la innovación y la productividad, pero algunos los usan como una puerta trasera para la evasión, convertir los beneficios de ley en trampas de privilegio es una forma de saqueo: se aprovechan los incentivos creados para fortalecer la economía, no para debilitarla.

Cuando una empresa no entera al SAT las retenciones de sus empleados, roba dos veces: primero al trabajador, después al país, y cuando el dinero fluye hacia paraísos fiscales o se solicitan devoluciones con datos falsos, el daño trasciende lo legal: se erosiona la confianza en las instituciones, porque quien evade impuestos en realidad evade la responsabilidad de construir un México más justo.

Quizá el dato más revelador es la tasa efectiva de impuestos inferior al sector, ¿Cómo puede una empresa del mismo giro pagar la mitad o una tercera parte que sus competidoras? El SAT no necesita detectives: los números son los mejores delatores.

Cumplir con los impuestos no es una obligación burocrática, es un acto de ciudadanía, en un país donde los recursos públicos sostienen hospitales, escuelas y caminos, cada factura falsa es una piedra lanzada contra la nación.

El SAT hizo bien en publicar las señales de alerta; ahora falta que la sociedad las lea como una radiografía moral, porque el fisco no perdona el olvido, ni el espejo miente al culpable escondido, quien evade hoy su deber con descaro, mañana paga caro… el engaño caro.

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