Teatro en Versiones: Una misma historia en cuatro mundos distintos

Teatro en Versiones: Una misma historia en cuatro mundos distintos. Foto: Especial

Teatro en Versiones: Una misma historia en cuatro mundos distintos

La iniciativa del actor y director Andrés Castuera reúne compañías, estudiantes y creadores para demostrar que el teatro independiente en México sigue vivo gracias a la comunidad.

Angélica Ruiz
Marzo 13, 2026

El teatro independiente en México es un acto de amor y resistencia. Caracterizado por la autogestión, la creación colectiva y la exploración de temáticas sociales tabú enfrenta retos como la falta de recursos y espacios, buscando a menudo la sostenibilidad a través de redes alternativas y apoyo comunitario.

Este es el caso de Teatro en Versiones, un proyecto surgido en 2024 por la iniciativa del actor, director y dramaturgo Andrés Castuera Mícher, en comparsa con la productora Diana Hidalgo.

A dos años de su nacimiento, el proyecto ha logrado algo poco común: convocar cada dos meses a cuatro compañías distintas para que escriban y monten obras originales a partir de una misma premisa dramática y con los mismos personajes. El resultado son cuatro historias completamente distintas que comparten origen, pero no destino.

“Todo surgió cuando volvió el boom del teatro breve”, explica Castuera en entrevista con este medio. “Varias compañías querían hacerlo, pero yo pensaba que repetir fórmulas no tenía sentido. Había que encontrar algo nuevo que nos distinguiera”.

De esa reflexión nació el mecanismo que hoy define al proyecto. Las compañías participantes proponen premisas dramáticas que se colocan en una pequeña canasta y se sortean al azar. Nadie sabe cuál será el punto de partida hasta ese momento.

“Todas las obras parten de la misma premisa y tienen el mismo título. Lo único que cambia es la versión”, dice el director. “Cada compañía tiene dos meses para escribir, montar y presentar su obra. Es una carrera creativa muy interesante”.

El experimento no solo pone a prueba la imaginación de dramaturgos y actores. También busca algo que en el teatro independiente suele ser frágil: la comunidad.

“Ya era casi imposible que una compañía independiente sostuviera sola una temporada. Aquí juntamos cuatro cada dos meses para compartir público, talento y visiones”, explica Castuera. “Más que un proyecto, queremos que sea una comunidad”.

El modelo ha funcionado. En dos años han participado cerca de 30 compañías, muchas de ellas integradas por estudiantes y egresados del Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM. 

El proyecto también ha cruzado fronteras: ya existen sedes en ciudades como Torreón, Puerto Vallarta, Irapuato, Celaya, San Juan del Río, Teotihuacán y Veracruz, además de iniciativas en Colombia, Chile e incluso Italia.

Castuera reconoce que el camino no ha sido sencillo. Hubo desacuerdos con el foro donde comenzó el proyecto, lo que derivó en un plagio de la idea. La respuesta fue registrar formalmente la marca.

“Lo hicimos para proteger el espíritu del proyecto. No cobramos a las sedes que quieren replicarlo, solo pedimos que sigan los lineamientos para que la comunidad se mantenga”.

El financiamiento también responde a la lógica de la autogestión. No hay subsidios ni apoyos institucionales. Las ganancias se reparten entre las compañías y el foro que alberga las funciones.

“Es teatro hecho con amor y con hambre”, resume Castuera. “Pero bien organizado puede generar ingresos dignos”.

Un refugio para el teatro independiente

Una pieza clave para que Teatro en Versiones tenga casa es Rodrigo Mendoza, actor, director y anfitrión del espacio donde actualmente se presentan las funciones.

“Vengo de una familia de teatro. Mi padre fue Héctor Mendoza, así que crecí enamorado de este oficio”, cuenta. “Cuando Andrés me habló de los problemas que había tenido con el proyecto, le dije: ‘Tengo un espacio, úsalo’”.

Mendoza ofrece el foro bajo una premisa sencilla: si no hay público, las compañías no pagan nada. “Conseguir espectadores es muy difícil. Lo menos que puedo hacer es quitarles esa presión”, explica.

Desde su perspectiva, el teatro mexicano atraviesa una crisis profunda. “Hace 30 años teníamos el mejor teatro en español después de Inglaterra”, afirma. “Hoy el discurso teatral se ha perdido y muchas compañías están más preocupadas por hacer carpetas que por construir un lenguaje artístico”.

Aun así, su apuesta es clara: sostener espacios donde los jóvenes creadores puedan experimentar.

“Mi aportación es abrir la puerta. Si algunos de estos chicos encuentran aquí un camino serio hacia el teatro, entonces habrá valido la pena”.

La mirada de una nueva generación

Para Frida Galván, estudiante de Literatura Dramática y Teatro de la UNAM, Teatro en Versiones ha sido una escuela acelerada.

“Entré muy joven a esta dinámica”, cuenta. “Aquí te das cuenta de que el teatro puede hacerse de muchas formas. Con dos personajes y una premisa puedes construir mundos completamente distintos”.

En uno de los capítulos recientes interpretó a Ariana, una joven que revela a su madre que es lesbiana, solo para descubrir que la mujer mantiene una relación secreta con su pareja.

“Fue una historia muy intensa. Yo iba a dirigirla, pero terminé también actuando”, relata. Para Galván, la experiencia va más allá del escenario.

“Es un espacio muy colaborativo. Diriges, actúas, diseñas, propones. Todo se construye entre todos”.

La joven actriz reconoce que dedicarse al teatro implica combinar múltiples trabajos para sostenerse económicamente, pero insiste en que vale la pena.

“Creo que necesitamos que la gente consuma más teatro. Lo que pasa en escena sucede una sola vez y nunca vuelve a repetirse igual”.

El capítulo 13: la suerte entra en escena

La siguiente parada del proyecto será el capítulo 13, titulado Suerte.

Las funciones se presentarán del 7 de marzo al 11 de abril, todos los sábados a las 19:00 horas en el foro Amacalone, ubicado en Sorio No. 65, Col. Álamos Postal, cerca del Metro Viaducto.

El acceso será mediante un donativo de 200 pesos, con descuentos para estudiantes, maestros y personas con credencial del INAPAM. El boleto incluye las cuatro obras de la noche. 

“Somos competitivos”, dice Castuera con una sonrisa, pero aquí el teatro breve no se paga por minuto. El público ve cuatro versiones de una misma historia”.

Una premisa compartida, cuatro miradas distintas y una comunidad que insiste en seguir creando: así continúa esta aventura del teatro independiente que, contra todo pronóstico, sigue creciendo versión tras versión.

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