En tiempos donde la literatura parece debatirse entre manuales de superación personal, ensayos políticos y novelas que se pierden en descripciones interminables, el escritor y periodista Alfredo Gudinni decidió apostarlo todo por el entretenimiento puro.
El escritor y periodista mexicano Alfredo Gudinni apuesta por el entretenimiento puro en un thriller cinematográfico, veloz y provocador.
Su nueva novela, Los cobardes no saben amar, es un thriller delirante y provocador que mezcla espionaje, erotismo elegante, redes sociales, narcofiestas, fenómenos paranormales y una Ciudad de México al borde del colapso.
Gudinni no lo oculta: quería escribir “su James Bond a la mexicana”. Y lo hizo.
“El resultado es una historia frenética protagonizada por Jorge Antonio Castillejos, un misterioso profesor capaz de ver el futuro, convertido de pronto en celebridad televisiva tras anunciar en un talk show, de telebasura, un terremoto que, segundos después, destruye parte de la capital mexicana”, explica Gudinni durante la conversación.
Pero Castillejos no es solamente un vidente. Es también un personaje ambiguo, seductor, perseguido por fantasmas emocionales y confundido incluso con un agente secreto ruso. Ahí comienza el juego de identidades, conspiraciones y venganzas que sostiene toda la novela.
“Yo decidí hacer mi James Bond a la mexicana con harta pasión”, dice entre risas el escritor.
La inspiración surgió de una noticia aparentemente absurda. Gudinni leyó cuando el expresidente Andrés Manuel López Obrador habló públicamente sobre presuntos espías rusos en México. Aquello detonó su imaginación.
“Pensé: AMLO nunca vio las películas de James Bond. Entonces dije: ¿por qué no crear nosotros nuestro propio espía mexicano? Es una historia de mucha acción, de mucha pasión y de mucha sorpresa porque nunca sabes por dónde va. Siempre te va a sorprender.
“Lejos de la solemnidad literaria, aposté por una narrativa directa, cinematográfica y vertiginosa. Cada capítulo parece construido como una secuencia de acción. Explosiones, persecuciones, asesinatos, tormentas, fiestas de narcos y secretos tecnológicos aparecen constantemente”, asegura el también conductor de televisión.
Escrita como una serie de televisión
Curiosamente, Los cobardes no saben amar nació primero como un proyecto televisivo titulado Donde mueren los deseos. Sin embargo, el escritor terminó cansado de las reuniones con productores y actores.
“Me aburrí de las entrevistas con los productores. Entonces levanté el changarro y me lo traje a lo que yo sé hacer: los libros.
“Esa transición marcó profundamente el estilo de la obra. La novela conserva una estructura visual, dinámica y episódica. Cada capítulo lo volví a escribir y a escribir, buscando las palabras adecuadas. Conforme iba creciendo la historia, yo mismo me iba hechizando con lo que estaba contando”, reconoce Gudinni y resalta que escribió obsesivamente cada capítulo hasta encontrar el ritmo exacto.
“El final lo escribí 27 veces. Todo fue romper y romper páginas. Yo no escribo para mí; escribo para que la gente se entretenga”.
Para Gudinni, el gran problema de la literatura contemporánea es que olvidó seducir al lector.
“Los libros se volvieron muy aburridos. Todo es sociología, política o libros de ‘te voy a enseñar a ser feliz’. Se olvidaron de contar historias sabrosas que atrapen”.
Y por ello apuesta por una narrativa veloz, moderna y profundamente visual.
“No nos podemos colgar de la Grecia antigua. Sí hay descripción, pero breve. Nos vamos inmediatamente a la acción”.
Cuerpos perfectos y ambición feroz
La novela inicia en un gimnasio. Ahí desfilan jóvenes obsesionados con Instagram, los likes y la apariencia física. Son ambiciosos, seductores y peligrosos.
“Son jóvenes de 21 y 22 años, amantes del Instagram, flojos que quieren una alberca olímpica. Pero para tener esa alberca tienen que hacer cosas terribles, Construyo un universo donde la juventud se mezcla con la corrupción, el deseo y la obsesión por el poder.
“Entre los personajes aparecen Giancarlo, Samir Bakir y Sergio Covarrubias, figuras que representan una generación explosiva y emocionalmente inestable. Quise analizar cómo hablan, cómo reaccionan y cómo son estos jóvenes actuales”.
Pero el eje emocional de la novela es Jorge Antonio Castillejos, descrito casi como un superhéroe oscuro.
“Tiene toda la fuerza de un titán y toda la astucia de James Bond. Su rostro está tallado en contradicciones. El personaje además carga una poderosa motivación sentimental. A él lo guía la venganza porque le han fregado el amor”.
Ese dolor amoroso se transforma en violencia, espionaje y manipulación emocional dentro de una trama donde nadie parece decir completamente la verdad, asegura el autor.
El México del narcoterror y la fantasía
Aunque la novela se desarrolla en un México reconocible -marcado por el narco, el miedo y las conspiraciones- Gudinni aclara que no pretende hacer denuncia social.
“No estoy diciendo quién es el culpable. Mi historia ante todo es una historia de pasión y de venganza.
“Sin embargo, el país real aparece constantemente como escenario. Hay desfiles militares, agentes extranjeros, narcofiestas en Jalisco y empresarios ligados al crimen organizado”, expresa.
Uno de los capítulos más llamativos ocurre durante una narcofiesta en un lujoso rancho jalisciense lleno de jaguares, Rolls-Royce y trajes de charro bordados en oro.
“Es un México donde reina el narcoterror. No podía evitar meter eso en la novela”.
El escritor además introduce elementos fantásticos y paranormales.
“De repente aparecen fantasmas. Hay momentos donde parece que ya se volvió una novela fantástica”.
El escenario central de la parte final ocurre en montañas ficticias inspiradas en el Valle de México: el Bosque de los Secretos Rotos y la Cascada de las Ánimas.
“Van a pasar cosas tremendas en ese bosque”.
Gudinni recuerda incluso que mientras escribía las escenas de tormenta cayó una granizada real sobre su casa.
“Estaba escribiendo una tormenta terrible y afuera también estaba ocurriendo una tormenta. Dije: ‘Ay caray’”.
Uno de los temas más incómodos de la novela es el acoso sexual. Gudinni reconoce que parte de la historia nació de experiencias personales.
“Yo he sufrido acoso y hasta fui a tribunales. En la novela aparece un joven obsesionado sexualmente con Jorge Antonio Castillejos, incapaz de aceptar el rechazo.
“Está acostumbrado a tener todo, pero hay algo que no puede conseguir”.
El escritor insiste en que la novela explora las mentiras masculinas, la manipulación emocional y la violencia afectiva.
“Los hombres somos terriblemente mentirosos”.
También evita encasillar la obra dentro de etiquetas de identidad sexual.
“No trata de esos problemas. Que sean siete hombres que se traicionan y se aman entre ellos es otra cosa”.
Gudinni buscó además un erotismo sofisticado, lejos de la vulgaridad.
“Quise un lenguaje elegante, erótico, accesible tanto para hombres como para mujeres”.
Las referencias cinematográficas son constantes. Desde James Bond hasta el cine negro clásico de Hollywood.
Gudinni incluso transforma objetos cotidianos en piezas clave del misterio. En este caso, unos lentes capaces de contener información sobre una nueva pandemia mundial.
“Toda historia de espionaje necesita un objeto misterioso, pero también disfruto construir personajes extremos, casi caricaturescos, pero profundamente humanos. Uno de ellos es un exboxeador ligado a los horrores nazis y convertido en entrenador de gimnasio en México. Está carcomido por monstruosas pasiones”.
La novela mezcla espionaje, horror, erotismo y acción sin pudor alguno.
Y aunque el libro parece excesivo en muchos momentos, Gudinni defiende precisamente ese exceso.
“La literatura también tiene que divertir”.
Lejos de las grandes editoriales, Gudinni decidió publicar el libro de manera independiente tras malas experiencias en la industria.
“Las librerías son un calvario. Financié la impresión y distribución del libro. Yo metí mi dinero. Las librerías se quieren quedar con el 60 por ciento”.
Actualmente vende los ejemplares directamente en presentaciones y espacios culturales de la Zona Rosa capitalina.
Pese a ello, se muestra satisfecho con el resultado físico del volumen.
“Quedó muy bien el libro. Tiene ilustraciones de los lugares donde ocurre todo”.
Las primeras lectoras fueron mujeres cercanas a él, quienes reaccionaron con entusiasmo inmediato.
“Me decían: ‘No quiero ir a comer porque estoy picadísima con la novela’”.
Gudinni considera que el libro conecta particularmente con las lectoras porque muestra cómo se relacionan emocionalmente los hombres entre sí.
“A las mujeres les interesa saber cómo nos tratamos los hombres, qué tan capaces somos de mentir”.
Los cobardes no saben amar no pretende convertirse en una tesis política ni en un tratado filosófico. Su ambición es mucho más directa: atrapar al lector y no soltarlo.
Gudinni parece reivindicar la vieja tradición de la novela popular, del thriller desbordado y del entretenimiento sin culpa.
“Escribí esta historia para que la gente regrese a la literatura”.
Y quizá ahí reside el mayor encanto de la novela: en su descaro absoluto. En aceptar que la ficción puede ser exagerada, apasionada, absurda y profundamente divertida.
El propio autor promete que el desenlace dejará a todos desconcertados.
“Alberto Estrella dice que lo mejor es el final”.
Después sonríe y apenas adelanta una pista.
“El final ocurre en Afganistán. Es lo único que puedo decir”.
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