La muerte de una abuela, los amores que quedaron atrás, las ausencias que dejan huella y el paso inevitable del tiempo son algunos de los temas que atraviesan Azares de vuelta, el poemario con el que Dulce María Sardiñas comparte una parte esencial de su historia personal y literaria.
Se trata de un poemario construido con recuerdos, pérdidas, afectos y silencios que encontraron refugio en la palabra escrita. Más que una colección de textos, el volumen funciona como una bitácora emocional cuyos registros conservan intacta la intensidad de una juventud que decidió dialogar con el mundo a través de la poesía.
Duelos, despedidas, desencuentros
Dividido en 10 apartados, desde Elegía de invierno hasta Agosto y otoño, el libro recorre estaciones del alma. Hay duelos, despedidas, desencuentros y evocaciones, pero también una permanente búsqueda de sentido. Cada poema parece surgir de una experiencia concreta que, al pasar por el filtro de la escritura, adquiere una dimensión universal.
“Son historias que se volvieron poemas”, afirma la autora para La Jornada Estado de México al recordar el origen de los textos. La mayoría fue escrita entre 1987 y 1990, cuando apenas tenía entre 17 y 19 años.
Aquella joven encontró en la poesía un cauce para una intensa vida interior. “Todo lo que tenía que decir, toda esa explosión de sentimientos y emociones podía vivir en un texto. Y qué mejor forma que un poema”, describe.
La literatura llegó temprano a su vida. Hija única, creció en un entorno donde los libros ocupaban un lugar importante. Estudió Derecho y más tarde cursó una maestría en Humanidades. Sin embargo, las letras siempre permanecieron cerca.
“La filosofía, la historia, el arte y la literatura eran lo que más me atraía”, comenta. Esa inclinación se fortaleció con los años, hasta conducirla recientemente a una maestría en Creación Literaria en la Universidad de Salamanca.
Azares de vuelta nace tras la muerte de su abuela
El origen de Azares de vuelta se encuentra en un episodio decisivo: la muerte de su abuela. De esa experiencia nació el primer núcleo del libro y, con el tiempo, el resto de los poemas encontró su lugar dentro de una estructura que organiza emociones y motivos recurrentes. Naturaleza, tiempo, memoria y ausencia aparecen como hilos que unen las distintas secciones.
Aunque muchos lectores asocian la escritura poética con un proceso de sanación, Sardiñas matiza esa idea. “No escribí para sanar. Escribí para expresar. Mi voz necesitaba escucharse”.
Con el paso de los años, reconoce que los poemas pudieron cumplir también una función reparadora, pero insiste en que ese no fue el propósito inicial. Lo esencial consistía en dejar constancia de emociones que buscaban una forma de existir fuera de sí misma.
La sinceridad constituye una de las principales virtudes del volumen. A diferencia de otros autores que prefieren tomar distancia de sus experiencias, Sardiñas no rehúye la dimensión autobiográfica de sus textos.
“No hay ningún poema del que me arrepienta. No siento que alguno no debió entrar en el libro”, asegura. Esa convicción otorga autenticidad a una voz que expone la fragilidad humana sin concesiones ni artificios.
Un puente entre la memoria de quien escribe y de quien lee
Entre los poemas que guarda con especial afecto menciona Hay muchos muertos, pieza que, relata, ha provocado interpretaciones diversas. Lo que para ella nació de ciertas relaciones humanas fracturadas, para algunos lectores representa la desconexión emocional que caracteriza a la vida contemporánea.
Esa capacidad de resignificación revela una de las mayores fortalezas del libro: cada lector encuentra un reflejo propio en sus páginas.
Al releer los textos varias décadas después, la autora reconoce a la joven que los escribió. “La Dulce de 2026 está agradecida con la Dulce de 1987”, dice con serenidad. Entre ambas existe continuidad.
Quizá ahí reside el verdadero valor de Azares de vuelta. No pretende ofrecer lecciones ni respuestas definitivas. Su apuesta consiste en algo más íntimo: tender un puente entre la memoria de quien escribe y la memoria de quien lee.
La poesía de Dulce María Sardiñas posee la capacidad de detener el reloj por un instante y permitir que cada lector se reconcilie con alguna parte de su propia historia.
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