Miles de cortes de papel, uno detrás de otro, son convertidos en monumentales globos de Cantoya que surcan el cielo tras incontables horas de trabajo de la familia Aguirre Nava. La historia que comenzó en la infancia de la pareja que la encabeza, tiene una especial conexión con San Miguel Arcángel, el santo patrono de Chiconcuac.
Cosmogonía prehispánica en el cielo: códices flotantes de picos
Lo que comenzó con pequeños globos elaborados durante la niñez, como parte de una tradición religiosa, fue creciendo hasta convertirse en un trabajo familiar.
Una historia de familia
Silvia Nava Delgado y Enrique Aguirre López transmitieron a sus hijos el gusto por esta tradición y, con el paso del tiempo, los cuatro integrantes formaron Turma Chiconcuac, un equipo dedicado a crear piezas cada vez más grandes y complejas.
La historia de la familia con los globos de Cantoya comenzó mucho antes de pensar en concursos o viajes al extranjero.
Silvia recuerda que desde niña jugaba con estas figuras junto con su hermano, mientras Enrique también las elaboraba cuando era pequeño.
“Desde niña jugaba con mi hermano. Mi esposo los hacía desde niño y de ahí creábamos, pero solo los pequeños, no de manera gigante”, explicó Silvia.
Años después, esa tradición llegó a sus hijos; cuando uno de ellos tenía alrededor de siete u ocho años, Silvia le enseñó a elaborar un pequeño cubo de papel y preparó el engrudo que conocía desde entonces.
“Le preparé engrudo. En ese tiempo lo que más sabíamos era el engrudo, con harina, azúcar y limón, y bueno, pues le enseñé a hacer un globito que se llama el famoso cubo”, contó.
Un regalo de cumpleaños especial
El interés por conocer más sobre estas piezas creció cuando Silvia decidió pedirle a Enrique un regalo de cumpleaños.
El 2 de noviembre, fecha en que celebra su nacimiento, quiso conocer uno de los concursos de globos de Cantoya que se realizaban en Milpa Alta.
“Le dije a mi esposo: ‘De cumpleaños quiero que me lleves a ver los globos’. Pero ¿a dónde? Pues no sé, pero me investigas y me llevas”, recordó.
La visita cambió su perspectiva, pues frente a ellos aparecieron globos de grandes dimensiones, llenos de colores y diseños que, a primera vista, parecían estar pintados.
Después descubrieron que las figuras no se plasmaban con pintura, sino que eran construidas con cientos de piezas de papel.
“Pensábamos que era pintado, que eran otras técnicas, pero poco a poco fuimos descubriendo las diferentes maneras que se tiene para construir un globo de Cantoya”, agregó Silvia.
El primer gran reto
En el año 2013 la familia decidió dar el salto de los globos pequeños a las piezas de mayor tamaño y comenzó a participar en concursos.
Uno de sus primeros grandes trabajos fue una estrella de aproximadamente 540 pliegos y seis puntas. El reto no solamente estaba en construirla, sino también en trasladarla.
“Todos los picos los amarramos en una sábana, lo echamos a la camioneta y a la aventura”, explicó Silvia.
En aquella camioneta viajaban alrededor de 11 personas y una parte importante del espacio estaba ocupada por el globo.
Al llegar al concurso se encontraron con otros equipos que ya tenían experiencia.
Mientras algunos llevaban sus globos perfectamente doblados y acomodados, ellos tuvieron que extender su enorme estrella en el lugar para comenzar con la preparación.
“Ahí nomás, nos defendimos en esa parte, porque sí nos íbamos a ver muy nuevos”, reconoció la familia durante una visita.
Aquella primera experiencia les permitió identificar todo lo que todavía tenían que aprender.
Enrique ya había elaborado globos sencillos desde pequeño y los elevaba cuando participaba en los Scouts, pero las piezas monumentales exigían otras técnicas.
“Antes de los 12 años ya los hacía y los elevaba aquí en los Scouts, pero algo sencillo. Posteriormente, ya cuando empezamos a ver esto, nos dimos a la tarea de buscar técnicas para poder hacer un globo más grande”, explicó.
Comenzaron con alrededor de 144 pliegos y después llegaron a utilizar más de 500 en una sola pieza.
El nombre de Turma Chiconcuac
El nombre que hoy identifica a la familia surgió en los propios encuentros de globos.
Otros participantes comenzaron a referirse a ellos como Turma Chiconcuac. Al investigar el significado de “turma”, encontraron que en portugués se utiliza para referirse a un grupo, clase o equipo de personas.
Ellos decidieron conservarlo y desde entonces, Turma Chiconcuac se convirtió en el nombre con el que la familia participa en encuentros y concursos.
Cada integrante tiene una tarea dentro del proceso.
Silvia y Enrique aportan la experiencia que adquirieron desde pequeños y sus hijos han desarrollado sus propios conocimientos, especialmente en el diseño.
Iván Alfonso Aguirre Nava encontró en los globos de picos una forma de representar temas relacionados con las culturas prehispánicas.
“Se ha identificado nuestra especialidad en los globos de picos, globos que llevan especialmente un tema prehispánico”, explicó el joven creador.
Su interés, dijo, está en recuperar elementos de las culturas que habitaron México antes de la llegada de los españoles.
“En lo personal me gusta mucho plasmar lo que antes era México, todas las creencias y toda esta parte”, señaló.
De ahí surgen diseños con deidades, animales, flores, símbolos y otros elementos que después son llevados al papel.
Cientos de piezas para formar una sola imagen
Construir un globo monumental comienza mucho antes de encender la mecha. Primero se define el tema y la familia intercambia ideas sobre la figura, el tamaño y los colores que utilizarán.
Después Iván realiza un dibujo a escala. Una vez que el diseño queda definido, comienzan las plantillas.
Cada parte de la figura se marca sobre el papel de china y las piezas se separan por colores. Después se cuentan para calcular la cantidad necesaria.
“Se tienen que hacer cuentas y se tienen que multiplicar las piezas por todos los pliegos”, compartió.
El trabajo puede representar cientos o miles de cortes que después deben unirse uno por uno.Por eso, cuando el público observa una figura monumental en el cielo, detrás de ella existe un proceso que puede comenzar semanas antes con un simple dibujo.
El globo tampoco se pinta, sino que las imágenes se forman con los propios colores del papel. En las piezas de mayor tamaño se utilizan refuerzos e hilo aerostático para fortalecer la estructura.
También se colocan materiales entre las uniones para reducir el riesgo de que el papel se desgarre durante la elevación.
Mientras más grande es el globo, mayor es el cuidado que requiere su elaboración, traslado y preparación.
De Chiconcuac a Colombia y Francia
El trabajo de Turma Chiconcuac también ha salido de México.La familia ha participado en encuentros en Colombia en tres ocasiones y tuvo la oportunidad de presentar uno de sus trabajos en Francia.
Para Iván, una de las piezas más representativas fue precisamente la elaborada para ese encuentro internacional.
“Creo que lo más representativo que hemos hecho, que nos ha representado en el mundo, ha sido el globo de Francia”, cuenta.
El diseño estuvo inspirado en Chicomecóatl, la diosa azteca del maíz, y buscó relacionar esta figura con la identidad de Chiconcuac.
Sin embargo, Iván quiso alejarse de una representación tradicional.
“Quise ir más allá de lo que siempre lo representan. El reto me gusta porque no es un globo como tal, más bien es un códice como tal”, explicó.
La intención fue llevar una representación histórica al formato de un globo, cuidando los elementos, colores y formas para que pudieran apreciarse cuando la pieza estuviera completamente extendida.
Otros trabajos de la familia también han tomado como inspiración al conjunto arqueológico de Quetzalpapálotl y de la dios a de la belleza y el amor para los aztecas, Xochipilli.
Uno de los globos dedicados a Xochipilli incorporó flores, ojos, hongos y otros elementos vinculados con esta figura y obtuvo el primer lugar en un encuentro que pasó de Pátzcuaro, Michoacán, a Tuzamapan, Puebla.
Ese reconocimiento también abrió el camino para su participación en Francia.
Competir es aprender
Para la familia, participar en concursos no se reduce al tamaño de las piezas.
Enrique explicó que se deben cuidar diferentes aspectos del trabajo, desde la limpieza y la combinación de colores hasta la presentación y la coordinación del equipo durante la elevación.
“Para un concurso es limpieza, lógica, tanto el colorido, la presentación, hasta la forma de actuar de nosotros como equipo para su elevación. Todo eso lleva muchas cosas”, relató.
Cada encuentro les ha permitido conocer nuevas técnicas.
Brasil es uno de los países que más interés ha despertado en ellos por su tradición en la elaboración de globos y el uso de moldes para conseguir diferentes formas.
Para Turma Chiconcuac, conocer el trabajo de otros artesanos representa una oportunidad para aprender y encontrar nuevas posibilidades para sus propias piezas.
Transmitir conocimiento
Otro tema que la familia busca explicar es la diferencia entre los globos de Cantoya artesanales y las llamadas linternas chinas.
Enrique considera que ambos suelen confundirse, aunque existen diferencias en su elaboración.
“Lo malo es que a veces hay personas que satanizan el mismo globo por lo que es la linterna china”, precisó.
De acuerdo con la explicación de la familia, sus globos son elaborados con papel de china y utilizan una mecha hecha con papel impregnado con parafina, lo que los hace ecológicos.
“No se utiliza nada de combustibles como gasolina, petróleo, nada de eso”, aseguró.
Los artesanos también señalaron que el papel utilizado es biodegradable y que, después del vuelo, la humedad ayuda a que se desintegre.
La familia reconoció que el uso de fuego requiere responsabilidad y que la elaboración y elevación de estas piezas demanda conocimiento de la técnica, además de realizarse bajo las condiciones y medidas de seguridad que correspondan.
Para ellos, explicar cómo trabajan forma parte de conservar una tradición que conocen desde pequeños y que ahora comparten con sus hijos.
Una tradición que sigue creciendo
La historia de Turma Chiconcuac es también la historia de una familia que aprendió junta.
Silvia comenzó haciendo pequeños globos durante su infancia. Enrique hizo lo mismo y, años después, ambos enseñaron a sus hijos.
Lo que inició con un pequeño cubo de papel y engrudo preparado en casa creció hasta convertirse en estrellas de cientos de pliegos, figuras de varios metros y diseños inspirados en la historia de México.
Silvia conserva la memoria de los primeros años; Enrique suma la experiencia adquirida con el paso del tiempo e Iván ha encontrado en los globos de picos una forma de expresar su interés por las culturas prehispánicas.
Junto con el resto de la familia, cada proyecto vuelve a comenzar desde una hoja de papel.
“Si este año podemos, el próximo podemos hacer más”, auguró Enrique, el jefe de la familia.
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