¿Dónde está la vida?

Mauricio Sosa Ocaña

¿Dónde está la vida?

Adogma por Mauricio Sosa Ocaña

Tania Albino
Mayo 1, 2026

La vida diaria nos atropella con sus actividades cotidianas. Levantarse temprano, alistarse para el trabajo, preparar a los niños y niñas para la escuela. Cocinar el desayuno, alistar un refrigerio.

Salir a prisa de casa hacia el transporte público, el taxi, el vehículo particular o de aplicación. Que no se nos olviden las llaves, la cartera, el monedero. Mochilas con útiles, bolso con celular, expedientes que llevamos la noche anterior para terminarlos en casa, pues es cierre de mes. El morral con herramientas.

Cada mañana, de lunes a viernes la rutina nos arroja con sus oleajes y corrientes hacia la vorágine de las cosas que creemos importantes. Inclusos en sábados y domingos hay quienes batallan con jornadas laborales de nuestra actualidad.

Quizás prendemos las noticias en tele o radio para incrustarnos a la vida en el ritmo acelerado, como ráfagas, de las notas, y abordar el vaivén de lo inmediato y que así no se nos haga tarde para cumplir nuestra jornada.

Otros, quizás desplazan sus miradas e índices, sus anulares o meñiques sobre las pantallas digitales de sus dispositivos móviles, para volver a conectarse con el mundo exterior, luego del nocturno espacio dedicado para el sueño, aunque muchos prefiramos navegar en las luminiscencias de la red por la zozobra de perdernos en la incógnita tras apagar el celular.

Tal vez, en ese arrebato mediático y digital, escuchemos que asesinaron a una familia en la ciudad por negarse a pagar una extorsión. O nos enteramos del asesinato de una joven mientras acudía a una cita de trabajo en un edificio de otra colonia capitalina.

Probablemente vimos el intento de atentado contra el presidente estadounidense, mientras esperaba el inicio de una cena tradicional. O prestamos atención a la muerte de agentes de la CIA en Chihuahua, mientras desempeñaban actividades encubiertas en México.

Seguro vimos a los legisladores del país imprecarse, de manera vivaz, adjetivos como dardos dirigidos al blanco de una diana, con el objetivo -quizás- de señalar la obcecación ajena, porque la propia es clarividencia.

Y corremos de un lado a otro de la casa para que no se nos haga tarde; alentamos a los hijos e hijas a darse prisa para llegar a tiempo a la escuela. Apuramos el desayuno, que dejamos a medias porque esos cinco minutos más en la cama se multiplicaron hasta traducirse en retraso para el transporte.

En la tormenta informativa perdemos la cifra de 24 mil menores de 17 años que de enero a febrero de 2026 han sido víctimas de algún delito (Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública); ni nos preguntarnos porqué 95% de los delitos en el país no se denuncian.

En medio de los acontecimientos y el torbellino informativo, a lo mejor nos convendría preguntarnos ¿dónde está la vida?; establecer nuestras prioridades humanas: el trajín monótono de los deberes, una mirada al espejo y a los ojos de quienes nos rodean o el resplandor digital.

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