Fiestas ancestrales mantienen viva la identidad en Calimaya

Fiestas ancestrales mantienen viva la identidad en Calimaya. Foto: Especial

Fiestas ancestrales mantienen viva la identidad en Calimaya

El calendario ceremonial enlaza creencias, comunidad y territorio a lo largo del año

Redacción
Junio 28, 2026

En Calimaya el tiempo no se mide únicamente por los meses o las estaciones. Aquí, el año comienza cuando las semillas reciben la bendición y concluye cuando las últimas posadas anuncian el nacimiento del Niño Jesús. Entre ambos momentos transcurre un ciclo donde la fe, la memoria y las costumbres continúan dando sentido a la vida cotidiana de sus habitantes.

El calendario festivo del municipio constituye uno de los pilares de la religiosidad popular. Sus cuatro celebraciones fundamentales evocan los cuatro árboles cósmicos que, de acuerdo con la cosmovisión mesoamericana, sostienen el universo desde cada uno de sus rumbos. Esa visión ancestral permanece viva en ceremonias que, generación tras generación, han fortalecido la identidad comunitaria.

El recorrido inicia el dos de febrero con la festividad de la Virgen de la Candelaria. Al mediodía, las campanas convocan a los fieles para la bendición de las semillas y de las velas, un acto que simboliza el deseo de prosperidad para las familias y buenas cosechas para el ciclo agrícola que está por comenzar.

Las montañas marcan el ritmo del calendario

Con la llegada del 25 de abril, festividad de San Marcos Evangelista, comienza también el periodo dedicado a la Santa Cruz, cuyo momento culminante ocurre los días dos y tres de mayo. Las cruces de La Blanca, La Verde, El Salto, La Misión y Ocote reciben a los habitantes con misas, veladas y convivencias comunitarias. En la Cruz Verde, el tradicional palo encebado reúne a niños y jóvenes que intentan alcanzar los obsequios colocados en la cima, mientras las luminarias iluminan la noche y los asistentes comparten tamales, atole agrio, chilatole, atole de masa y pinole. En la Cruz de Ocote y en los demás puntos ceremoniales, la música de bandas y grupos populares acompaña la celebración.

El calendario continúa con la festividad del Divino Salvador del Mundo, el siete de agosto, así como con la Asunción de la Virgen María, el 15 del mismo mes. Ambas celebraciones mantienen vivas las veladas, las procesiones y las ceremonias religiosas que forman parte del patrimonio espiritual de la comunidad.

En el barrio del Calvario, la tradición adquiere un sello particular. Cada año se pintan las escalinatas del templo con motivos religiosos y la principal festividad se desarrolla el 14 de mayo, durante la Ascensión del Señor. La callejonada, la serenata, los carros alegóricos, las danzas regionales, la misa acompañada por mariachi, el castillo de día, la comida comunitaria y el baile popular convierten la jornada en un espacio de encuentro para generaciones enteras.

Al día siguiente, el 15 de mayo, San Isidro Labrador ocupa el centro de la celebración. Patrono de los agricultores, recibe el homenaje de campesinos que recorren las calles con yuntas, tractores y carros alegóricos. Entre los momentos más esperados destaca el paseo de los locos, antiguo ritual donde algunos hombres se visten de mujer como representación simbólica de la fertilidad. Al concluir el recorrido, los mayordomos agradecen la participación de la comunidad antes del tradicional baile popular.

La Semana Santa representa otro de los momentos de mayor significado religioso. Desde hace más de 100 años, la representación de la Pasión de Cristo reúne imágenes como el Señor de las Tres Caídas, el Señor de las Amapolas y el Señor del Huerto, acompañadas por personas que representan soldados, piadosas y sacerdotes. Todo comienza con el lavatorio de los pies, evocando el gesto de humildad de Cristo hacia sus apóstoles.

Barrios que mantienen viva la tradición

Los barrios históricos, Los Ángeles, San Pedro y San Pablo, Guadalupe, San Juan y el Calvario, junto con los de creación más reciente, San Martín de Porres, El Rosario, Santa Cecilia y El Carmen, conservan celebraciones propias que fortalecen la identidad de cada comunidad.

En San Juan, la memoria de Juan Bautista permanece viva mediante la quema de los Judas durante el Sábado de Gloria y la organización de la festividad del 24 de junio, donde la serenata, la kermés y los carros alegóricos reúnen nuevamente a los habitantes.

Julio corresponde a la Virgen del Carmen. El barrio que lleva su nombre organiza callejonadas, procesiones, misas y comidas comunitarias, mientras quienes cumplen promesas portan el hábito de las Carmelitas Descalzas. Más adelante, el siete de octubre, el barrio del Rosario celebra a su patrona con una velada donde las imágenes de otros barrios acompañan la procesión y el capelo de la Virgen se adorna con panes. El cuatro de noviembre llega el turno de Santa Cecilia, patrona de los músicos, cuya festividad concluye con música, convivencia y baile.

La memoria florece entre ofrendas y posadas

El ciclo ceremonial alcanza uno de sus momentos más emotivos con el Día de Muertos. Desde el 31 de octubre se recuerda al Ánima Sola y a las mujeres fallecidas durante el parto; el primero de noviembre se dedica a los niños y el dos a los adultos. En los hogares se instala la tradicional ofrenda mestiza, donde convergen elementos prehispánicos e hispánicos. El papel picado representa el viento; el agua, las velas, el copal, la flor de cempasúchil, el mole, los frijoles, el pulque y los frutos de la tierra acompañan la fotografía del ser querido para recibir su visita. En San Andrés Ocotlán, además, las familias velan a sus difuntos en el panteón mientras el mariachi interpreta melodías solicitadas por los asistentes y, en el exterior, los comerciantes ofrecen antojitos y leña.

El cinco de noviembre corresponde a San Martín de Porres, mientras que el 12 de diciembre la devoción se concentra en el barrio de Guadalupe. La víspera inicia con una velada y una procesión donde participan las imágenes de los demás barrios y comunidades. Tras la misa se bendicen las imágenes de los fieles y un castillo de día anuncia el cierre de la celebración dedicada a la Virgen de Guadalupe.

Finalmente, diciembre reúne nuevamente a la comunidad con las tradicionales posadas. La primera corresponde a la presidencia municipal y las siguientes recorren distintos barrios hasta completar el novenario. La Navidad trae consigo la cena familiar, el brindis con las doce uvas, las arrulladas del Niño Dios y la elección de los padrinos que, durante enero, vestirán la imagen para celebrar la levantada.

Más que una sucesión de fiestas religiosas, el calendario festivo de Calimaya constituye una expresión viva de la cosmovisión de sus habitantes. Cada procesión, cada comida comunitaria, cada danza y cada ceremonia fortalecen el sentido de pertenencia de un pueblo que ha encontrado en sus santos patronos, en sus barrios y en sus tradiciones la forma de preservar su historia.

Participar en estas celebraciones significa mantener viva una herencia cultural que ha resistido el paso del tiempo. Son manifestaciones de la religiosidad popular que continúan dando identidad, cohesión y memoria colectiva a Calimaya, razón por la que sus habitantes las reconocen como parte de un patrimonio intangible que merece conservarse para las generaciones futuras.

 **Oscar Josué Camacho Mendoza, cronista Municipal de Calimaya

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