Productores de flor de Villa Guerrero y mezcaleros de Malinalco comenzaron a dar forma a dos rutas turísticas con las que buscan mostrar otra cara del sur del Estado de México: la de los invernaderos donde se cultivan rosas, gerberas, lirios, girasoles y otras especies ornamentales, y la de las destilerías artesanales donde el agave se transforma en mezcal.
Floricultores y mezcaleros articulan nuevo modelo de turismo frente a desafíos de seguridad
Ambos proyectos avanzan en un momento clave. Por un lado, la floricultura mexiquense, una industria consolidada que abastece mercados nacionales y zonas de Estados Unidos, intenta diversificarse hacia el turismo rural. Por el otro, los productores de mezcal, que durante años enfrentaron litigios para obtener el reconocimiento legal de su bebida, buscan aprovechar la denominación de origen otorgada en 2025 a 15 municipios del Estado de México.
Las rutas, sin embargo, todavía están en construcción. Productores de ambos sectores reconocen que el proyecto tiene potencial económico y turístico, pero también desafíos: seguridad, capacitación, infraestructura, promoción, coordinación municipal y acompañamiento institucional.
La flor busca abrirse paso como experiencia turística
En Villa Guerrero, la Ruta de la Flor permite al visitante internarse en los invernaderos donde se cultivan algunas de las especies ornamentales que colocan al Estado de México como referente nacional de la floricultura. El recorrido incluye un desayuno tradicional, talleres de diseño floral, visita a zonas de producción y explicaciones sobre cultivo, empaque, logística y comercialización.
La experiencia inicia con la gastronomía de la región. Entre los platillos aparece el pepeto, un caldo espeso con chilacayote, calabacitas, elote, haba y chile manzano, acompañado con café de la zona y pan de pulque. Después, los visitantes participan en un taller para armar su propio arreglo floral. Lo que parece una actividad sencilla se convierte en una pausa para elegir colores, tallos y variedades, mientras los productores explican el trabajo que hay detrás de cada flor.
Jorge Bernal Hinojosa, presidente de la Cámara Nacional de la Floricultura (Conaflor), sostuvo que el proyecto comenzó a discutirse hace más de un año y logró avanzar con apoyo del gobierno estatal, en particular de la Secretaría de Desarrollo Económico.
“No ha sido sencillo, porque estábamos iniciando administración. Primero había que convencer de lo que significa el Distintivo Flor, un producto que nos enorgullece en el Estado de México y que genera economía y empleo”, señaló.
El dirigente explicó que la Ruta de la Flor pretende dar a Villa Guerrero y a la región un enfoque turístico, sin dejar de lado la vocación productiva. Para ello, dijo, los floricultores han tenido que aprender un oficio distinto: recibir visitantes, contar su historia, organizar recorridos y convertir el proceso productivo en una experiencia.
“Lo de la flor lo dominamos, pero meternos al turismo es otra cosa”, admitió. Para ello, los productores han recibido capacitación y asesoría de especialistas en rutas rurales, con participación de egresados y académicos de la Universidad Autónoma del Estado de México.
La oferta inicial incluye el corte de flores en invernadero, un taller básico de diseño floral y recorridos por la cadena de producción. Bernal Hinojosa afirmó que los primeros visitantes han descrito la actividad como una experiencia de relajación y descubrimiento.
“Se trata de que vengan, vivan y conozcan qué hay detrás de una flor: producción, comercialización, logística e investigación. Hay mucho que decirle a México y al mundo”, sostuvo.
El proyecto también busca aprovechar la coyuntura turística del Mundial 2026. Para los floricultores, la ruta puede convertirse en un producto distintivo del Estado de México para visitantes nacionales y extranjeros, con actividades complementarias como gastronomía, turismo religioso, recorridos en bicicleta, paseos a caballo y visitas a templos adornados con flores de la región.
Por ahora, la ruta opera con un recorrido preestablecido, de entre seis y ocho horas, con un costo estimado de mil 800 a dos mil 200 pesos por persona, dependiendo de los servicios incluidos. La intención, según los productores, es incorporar más actividades conforme aumente la demanda.
Uno de los temas que más preocupa en la zona es la seguridad. Villa Guerrero y municipios vecinos han enfrentado en años recientes problemas de extorsión y presencia de grupos criminales, situación que afectó la percepción pública de una región dedicada principalmente al trabajo agrícola y comercial. Bernal Hinojosa aseguró que los gobiernos estatal y municipales participan en el acompañamiento de la ruta, con el objetivo de revertir esa imagen y garantizar condiciones para recibir visitantes.
“En su momento hubo focos rojos, pero hoy pueden venir con tranquilidad, disfrutar de la naturaleza y sentirse cobijados por nosotros. Esta es una zona de trabajo y necesitamos poner en alto la flor a nivel nacional e internacional”, dijo.
El mezcal apuesta por fortalecer su identidad regional
En Malinalco, la Ruta del Mezcal ofrece una experiencia distinta. Más rústica y ligada al paisaje, permite conocer destilerías familiares donde se muestra el proceso artesanal: corte de piñas de agave, cocción en hornos cónicos, molienda con mazos de madera, fermentación y doble destilación.
La bebida se produce con agaves de la región, entre ellos el llamado Sierra Roja, identificado por productores como endémico de la zona. En los recorridos, los visitantes conocen los valles donde crece la planta, conversan con maestros mezcaleros y prueban destilados elaborados en pequeñas unidades de producción.
Sergio Reynoso Román, propietario de la Destiladora Rancho El Caporal, en Malinalco, consideró que la ruta turística es una rama necesaria para fortalecer al sector mezcalero mexiquense, que aún se encuentra en proceso de consolidación comercial tras obtener la denominación de origen.
“Recibir turismo genera muchas cosas: visibilidad, compra de producto, publicaciones, recomendaciones. Que alguien se lleve una botella a su ciudad, la comparta y diga de dónde viene, ayuda a que otras personas quieran venir”, explicó.
El productor sostuvo que la Ruta del Mezcal tiene potencial para detonar beneficios económicos, aunque no de manera inmediata. A su juicio, se trata de un proyecto de mediano plazo que podría consolidarse en unos tres años, siempre que exista coordinación entre productores, ayuntamientos, gobierno estatal, cámaras empresariales y empresas privadas.
“Estamos en la etapa más difícil. El cimiento ya está puesto, pero falta mucho trabajo”, señaló.
Reynoso Román advirtió que no todos los municipios productores avanzan al mismo ritmo. Algunos ayuntamientos, dijo, han mostrado más interés que otros en reconocer al mezcal como actividad económica, cultural y turística. Por ello, consideró urgente alinear esfuerzos municipales y estatales.
El productor destacó que cada dependencia puede aportar desde su ámbito: Desarrollo Económico en la profesionalización y comercialización; Campo en infraestructura para
fortalecer instalaciones; Turismo en campañas de promoción, y Seguridad en generar condiciones para que los visitantes lleguen sin temor.
El desafío será convertir el potencial en desarrollo
La denominación de origen abrió una nueva etapa para los mezcaleros mexiquenses, pero no resolvió todos los obstáculos. Aunque el reconocimiento permite usar legalmente la palabra mezcal en 15 municipios del sur del Estado de México, los productores todavía deben avanzar en certificaciones, registros, trámites fiscales, marcas, infraestructura y canales de distribución.
Mientras ese proceso avanza, la ruta turística aparece como una vía alterna para dar a conocer la calidad del producto, generar ingresos y construir identidad regional. Para los productores, la visita a una destilería puede cambiar la manera en que una persona entiende y consume mezcal.
La flor y el mezcal caminan así por rutas paralelas. Una industria consolidada busca mostrar al público el trabajo que durante décadas permaneció detrás de los invernaderos. Otra, más pequeña y artesanal, intenta abrirse paso después de años de litigios y falta de reconocimiento.
Ambas rutas tienen atractivos suficientes: paisajes, gastronomía, tradición, producción local y relatos de familias que han hecho de la flor y del agave una forma de vida. También enfrentan los problemas de una región que requiere seguridad, promoción sostenida, infraestructura y reglas claras.
Por ahora, las Rutas de la Flor y el Mezcal son proyectos con encanto y potencial, pero todavía en construcción. Su consolidación dependerá de que los productores no queden solos, de que las autoridades mantengan el impulso más allá del arranque y la coyuntura mundialista, y de que todos hagamos nuestra esta nueva opción turística mexiquense, para promoverla entre todos y hacerla crecer con los años.
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