De acuerdo con la historia, la Guerra Cristera inició oficialmente el 3 de agosto de 1926 y concluyó el 21 de junio de 1929; como es un tema que a 100 años se continúa revisando a través de la microhistoria, es decir, lo que sucedió a nivel local y familiar, de cómo se vieron afectados quienes por su religión lucharon por defenderla y protegerla.
En nuestra ciudad, el pasado 30 de junio de 2026, en el ayuntamiento de Toluca, se llevó a cabo la conferencia: “¿La Cristiada en Toluca? nuestra ciudad y sus alrededores durante la persecución religiosa (1926-1934)”, impartida por el maestro Gerado Pérez Silva, integrante de la Comisión de Historia de la Arquidiócesis de Toluca, quien nos comentó que en ese periodo gobernaba Filiberto Gómez, quien extendió el anticlericalismo en el Estado de México hasta el final de su gobierno, en 1933, por lo que muchos líderes cristeros, se ocultaban y continuaban con su fe en la clandestinidad, todo ello, con las implicaciones que este movimiento tuvo en muchas familias mexiquenses.
Anécdotas familiares
Cuando era niña, muchas anécdotas me fueron compartidas por mis abuelos maternos. Lázaro García López (1905-1989), había sobrevivido a dos situaciones cercanas a la muerte, la más grave fue la explosión ocurrida en la estación del Ferrocarril de Tultenango, comunidad cercana al municipio de El Oro, Estado de México. Durante casi 36 años trabajó en Ferrocarriles Nacionales y derivado de esa explosión donde casi muere, recordaba que Dios lo había protegido de esa experiencia y de otra vivida casi ocho años antes.
El joven Lázaro se enamoró de Leonila Reyes Navas (1908-2004) y aunque nunca les pregunté cómo se conocieron, seguramente fue en Toluca, porque ahí vivía mí abuelo y ella tomaba clases de máquina de coser en la Singer de la ciudad, ella vivía en Tenango del Valle.
La familia de mi abuela tenía la concesión de la Singer, y su negocio se ubicaba en el municipio de Tenancingo, por lo que cuando mi abuelo iba a visitarla, nos platicaba que se trasladaba en bicicleta, aunque había veredas para llegar hasta allá, suponemos (mi madre y mis tías) que una parte la hacía en tren, puesto que entonces ya trabajaba para Ferrocarriles Nacionales, en esa época el tren llegaba hasta Tenango del Valle y de ahí a Tenancingo serían unas dos horas en bicicleta, así suena más lógico, viajar dos horas de ida y dos de vuelta, seguro regresaba a su casa por la tarde.
La batalla de Tenancingo
En una de esas visitas, un jueves 2 de agosto de 1928, cerca de 150 cristeros tomaron el centro de municipio de Tenancingo en una terrible batalla contra los federales que lograron derrotarlos, lo que hizo que los cristeros se refugiaran en el Santo Desierto del Carmen.
Mi abuelo platicaba que sin saber que eso estaba sucediendo fue detenido por los militares; la Guerra Cristera (1926-1929) cobró muchas vidas, incluso de quienes no estaban involucrados con ninguno de los dos bandos, siendo católico Lázaro sabía que si llevabas una imagen en tu cartera de algún santo o ibas armado, te fusilaban sin preguntar y sin hacerte un juicio. Mi abuelo iba armado.
Llevaba escondida su arma en el tobillo izquierdo; el jefe de aquellos militares le preguntó que hacía ahí, y contestó que iba a visitar a su novia que se encontraba en el centro de Tenancingo; el militar ordenó que se le registrara. Lázaro sabía que no había escapatoria y mostró templanza ante lo inevitable, recuerda que el soldado lo revisó de manera física palpando la ropa desde el torso hasta los pies, cuando en lo que cree que fueron fracciones de segundo, la mano del soldado sintió el arma en el tobillo.
Salvar la vida
Decía mi abuelo que el soldado no hizo ningún ademán o movimiento para darle a entender a su oficial que venía armado, tal vez pensó: –pobre muchacho, lo van a matar.
O tal vez ese día Dios lo miró con ojos de misericordia y tocó el corazón del soldado, pues al terminar la revisión informó a su superior que no traía nada y lo dejaron ir.
Lázaro García López, contrajo nupcias en el registro civil de Toluca el 29 de enero de 1930 con la señorita Leonila Reyes ante el licenciado Sebastián Vilchis Juez primero de lo Civil; Lázaro se desempeñaba como mecánico de trenes de 25 años, hijo de Juan de Dios García (difunto) y Adela López de 42 años, ambos originarios y avecindados en Toluca. La segunda, originaria de Capulhuac y vecina de Tenango del Valle de veintidós años, hija de Vicente Reyes comerciante de 60 años y Rosa Navas de 40 años, originarios respectivamente de Capulhuac y Joquicingo, ambos vecinos de Tenango del Valle.
En la fotografía que se conoce del día de su boda, mi abuela trae un vestido de la época y mi abuelo un traje, cuando le pregunté el por qué no había utilizado un vestido de novia, ella contestó que, en esos días en el Estado de México, aún no se podían realizar ceremonias religiosas, así es que sólo se casaron por el civil, después formaron su familia y ya nunca hubo la oportunidad de casarse por la Iglesia.
Cuando se platicaba de ese hecho sucedido al abuelo, nos sobresaltábamos de saber que pudo haber muerto y nosotros no estaríamos aquí para contarlo. Pero ello me hizo recordar cómo un suceso que parece aislado formó parte de la historia de una familia y de un hecho histórico de nuestro país que cobró la vida de más de 200 mil católicos en defensa de su fe religiosa.
Thelma Morales, cronista de la Delegación Independencia y Delegación San Sebastián, Toluca
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