La columna de este fin de semana brota desde el insomnio, desde ese modo alerta en el que se queda el cuerpo después de ser abatido por un día de sensaciones intensas, como si fuera atravesado por una sobrecarga de energías que no logramos procesar y nos mantiene en vigilia a la defensiva sin darnos tregua.
Como yo, es probable que muchas personas transiten por un estado similar después de semanas en las que tanto el mundo como la vida propia nos ha puesto en ese estado de sobresaltos, un sismo como el de Venezuela que no para de contar víctimas, un Mundial con resultados inesperados y también el despliegue de las formas menos humanas de festejarlos, si a eso le sumamos las batallas cotidianas, en las que a veces la salida más sencilla pareciera ceder a la normalización de la violencia, de hacer mínimos y de los acuerdos subterráneos, resulta entonces tarea titánica conciliar el sueño.
Cansada de dar vueltas, decidí hacer de la escritura un ejercicio terapéutico, una oportunidad, por así decirlo, para transmutar los dolores que, francamente, hoy siento.
Desde hace semanas, por salvaguarda de la paz mental, evité observar las imágenes de los festejos por los triunfos de México en los que se me contaba que era increíble la manera en la que las multitudes se comportaban; la deshumanización es algo que me duele de profundo y que honestamente me causa muchísimo miedo.
Esa pérdida del valor de la vida humana, del reconocimiento en la mirada del otro, de la riqueza que existe en cada acto vital, del amor incluso que no nos profesamos a nosotros mismos al atentar continuamente contra el bienestar de nuestro cuerpo, todo eso guarda una racionalidad que no me es posible explicar y que insisto, me duele mucho.
Esta mañana, mi hermana me compartía un sentimiento similar, una angustia compartida, un pensamiento que nos une tal vez en el sentido de haber compartido una crianza común, un sistema de valores que tristemente parece que hoy es, en muchos sentidos, caduco; y tal vez nos coloca en el lugar compartido de no encontrar lugar.
Con ella, mi hermana más pequeña, he caminado al día de hoy cuarenta años juntas. Aunque nos colocamos en distintos campos profesionales, creo que el aprecio por el valor de la vida, nos es común. Desde su lugar, desde su saber médico, mi hermana me ha enseñado a recibir la vida y también a despedirla, a valorar el mundo de otra manera a entender también el dolor de los demás.
Los días, aunque nublados como hoy, aunque se manifiesten a modo de una resaca en la que se despierta de la fiesta de los excesos con las muertes por asfixia de tres personas en festejos masivos, que valga decir, nada tienen que ver con lo que se jugó en la cancha; también nos muestran los lados absolutamente luminosos no sólo de la humanidad, sino de los seres sintientes en su complejidad.
Con la lluvia de fondo y el corazón conmovido, tengo la esperanza de que la imagen de Tsunami, el nuevo y verdadero héroe de cuatro patas, que después de sufrir el abandono y el maltrato más profundo, emprende su última misión encontrando vida bajo los escombros que dejaron los sismos de Venezuela, sea la que me acompañe al dormir.
Me despido también pensando si es en la humanidad en donde reside aquello que tanto hemos enarbolado como “lo humano”.
Como yo, es probable que muchas personas transiten por un estado similar después de semanas en las que tanto el mundo como la vida propia nos ha puesto en ese estado de sobresaltos.
Continúa leyendo:
- Edomex emite convocatoria para Apoyo al Desempleo para el Bienestar 2026. Aquí los detalles
- Entrega de tarjetas de las pensiones Adultos Mayores y Mujeres Bienestar arranca la próxima semana
- Apoyo al Desempleo para el Bienestar contempla entrega de 17 mil apoyos
- Mujeres con Bienestar Edomex 2026: ¿Ya recibiste tu TARJETA y aún no cae el PAGO? Te decimos la razón
- ¡Es oficial! Nuevo registro para Mujeres con Bienestar de 18 a 64 años en Edomex este junio 2026; requisitos
Sigue nuestro CANAL de WHATSAPPy entérate de la información más importante del día con La Jornada Estado de México.
PAT


