Hay quienes llegan a la universidad después de haber dejado a sus hijos en la escuela. Quienes salen de una clase y comienzan otra jornada en casa para cuidar a sus padres. Hay estudiantes que antes de presentar un examen acompañaron a un familiar al hospital; trabajadoras y trabajadores que reorganizan sus horarios porque alguien depende de ellos; académicas que escriben, investigan y enseñan mientras sostienen, una parte de la vida de otras personas.
Durante mucho tiempo consideramos que esas responsabilidades pertenecían a otro ámbito. La universidad comenzaba en el aula y terminaba cuando se cerraba la puerta de la oficina o el salón de clases. Lo que ocurría antes o después era asunto de cada persona, de cada familia. Hoy sabemos que esa frontera no existe. Las personas no dejan sus responsabilidades de cuidado en la puerta de la universidad. Las llevan consigo.
Frente a esta realidad, ¿qué debe hacer una universidad pública cuando las vidas de quienes integran su comunidad van mucho más allá de las aulas y las oficinas?
El cuidado es una condición para que la vida social, económica y universitaria sea posible. En el Estado de México, de acuerdo con el diagnóstico Hacia una política integral de cuidados en el Estado de México. Diagnóstico y propuesta de ruta crítica para sentar las bases de un Sistema Integral de Cuidados (2022), las mujeres dedican alrededor de 15 horas más que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados, además de participar en el mercado laboral. En conjunto, las mujeres ocupadas acumulan aproximadamente 62.4 horas semanales considerando el trabajo remunerado, el doméstico y el de cuidados.
Detrás de esa cifra hay una realidad que las instituciones no siempre alcanzamos a ver: hay horas que alguien dedica a preparar alimentos, acompañar, trasladar, atender, escuchar, limpiar, organizar, vigilar, resolver y estar disponible para otra persona. El tiempo no se distribuye de manera neutral. Quien dedica más horas al cuidado dispone de menos tiempo para estudiar, descansar, investigar, capacitarse, participar en una reunión, aceptar un cargo, viajar a un congreso o simplemente desarrollar un proyecto propio.
Por eso, hablar de cuidados es hablar de igualdad y hablar de igualdad en una universidad pública implica reconocer que la responsabilidad de una universidad no termina en garantizar el acceso a las aulas y espacios de trabajo. Empieza ahí.
Durante décadas hemos transformado nuestros planes de estudio, nuestras tecnologías, nuestros modelos académicos y nuestras formas de investigación. Hemos respondido a los cambios del mundo y formado generaciones capaces de enfrentar nuevos desafíos. Pero existe una transformación que debemos asumir con la misma seriedad: reconocer que nuestras comunidades universitarias están formadas por personas que cuidan y que también necesitan ser cuidadas.
Esto significa reconocer que el cuidado es una responsabilidad social que también tiene una dimensión institucional. Es ahí donde comienza la idea de una Universidad Cuidadora. En la Universidad Autónoma del Estado de México hemos decidido asumir este desafío.
La creación de la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Cuidados fue nuestro primer paso para construir una estructura institucional capaz de sostener esta transformación. No queríamos que el cuidado fuera solamente un discurso, queríamos comenzar a construir una política, la Política Institucional para la Universidad Cuidadora
Es una decisión que coloca a la UAMéx en la vanguardia de una conversación que apenas comienza a adquirir la dimensión que merece en las instituciones de educación superior de nuestro país.
Nuestra política parte de una premisa profunda: una universidad comprometida con la igualdad sustantiva debe generar las condiciones para que las responsabilidades de cuidado puedan convivir con las distintas dimensiones de la vida universitaria.
Sabemos que el reto es grande y que todavía hay mucho por hacer. Pero también sabemos que contamos con algo fundamental: la voluntad y el compromiso de nuestra comunidad para avanzar. La transformación requiere tiempo, trabajo y decisiones concretas: transformar nuestros espacios, revisar nuestras normas, fortalecer la corresponsabilidad, generar información, escuchar a quienes cuidan y diseñar políticas que permitan conciliar las distintas dimensiones de la vida, es el desafío de una Universidad Cuidadora.
En la UAEMéx queremos asumir esa responsabilidad. No pretendemos tener todas las respuestas. Pretendemos algo más importante: convertir las realidades en decisiones institucionales.
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