Los Jóvenes del Castillo mantienen viva tradición en Mexicaltzingo

Los Jóvenes del Castillo mantienen viva tradición en Mexicaltzingo. Foto: Especial

Los Jóvenes del Castillo mantienen viva tradición en Mexicaltzingo

La celebración de San Mateo Apóstol articula responsabilidades comunitarias, cooperación y creencias en Mexicaltzingo.

Redacción
Septiembre 27, 2026

El equinoccio de otoño, caracterizado por un equilibrio entre la duración del día y la noche, anuncia también la preparación para la cosecha y el agradecimiento por la abundancia que la tierra ofrece. Sin duda, la religiosidad de los pueblos y, por ende, el comportamiento humano son vías para entender e interpretar esa conexión con la naturaleza.

Este cambio estacional coincide con la celebración de San Mateo Apóstol en el pueblo de Mexicaltzingo, la cual reviste una importancia capital para el reforzamiento de la identidad comunitaria y la consolidación del espacio territorial. Por ello, debemos considerar a los santos como elementos dinámicos, socialmente hablando, pues en torno a su fiesta se adjudican o afianzan responsabilidades: desde el sacerdote, los fiscales, mayordomos, socios, cobradores de la fiesta y del paseo, gremios del castillo, familias encargadas del novenario, autoridades civiles y vecinos en general.

Ejemplo de estas responsabilidades son las que corresponden a los Jóvenes del Castillo, cuyo castillo se quema el primer día de feria, domingo, en honor a este santo patrón.

Recaudar para cumplir con el santo patrón

¿Cuáles son las actividades que este grupo realiza? Bajo la coordinación del sacerdote y los fiscales, una vez que se emiten las listas de cobro, estos entusiastas jóvenes se encargan de reunir la cooperación de cada uno de los varones solteros de las familias de la comunidad.

Resulta ser una tarea ardua, puesto que se enfrentan a todo tipo de respuestas: hay quienes pagan desde el primer momento y de una forma amable; quienes cooperan a medias, o aquellos que, por diversos motivos, no cooperan ni agradecen la visita.

Hasta hace algunos años, el grupo responsable del castillo solía pegar grandes y coloridas cartulinas en las paredes de la casa cural, que incluían los nombres completos, apodos y domicilios de aquellos jóvenes que no cooperaban, como una muestra de su falta de compromiso hacia la comunidad y, principalmente, con la iglesia.

Por ello, una de las creencias que predominaba era que “San Mateíto anotaba en su librito” a todas las personas que no habían cumplido con sus obligaciones. Este pensamiento era más característico entre la gente mayor, pues abuelos y padres siempre han sido los primeros responsables de que los hijos cumplan con el santo recaudador, quien seguramente no los registraba con el afán de mandar algún tipo de “castigo”, por pequeño que fuera.

Sin duda, lo que se esperaba era evidenciar a los “jóvenes irresponsables”, pues una vez concluida la misa vespertina de ese domingo, lo primero que se observaba eran las enormes listas, que causaban todo tipo de comentarios.

Del cobro a la elección del castillo

No sólo bastaba con recaudar la cooperación, pues también era importante acudir a las reuniones con las autoridades eclesiásticas y con el cohetero, persona que ofrecía sus propuestas mostrando grandes láminas de papel con coloridos castillos, imágenes de vírgenes, santos, motivos florales e incluso personajes de la cultura popular. Señalaba, además, las cantidades de torres, luces e incluso los colores a utilizar.

Últimamente se ofrecen los castillos conocidos como “piromusicales”, espectáculos más costosos que combinan, de manera sincronizada, música tradicional, luces y diversos elementos visuales.

Hasta hace algunos años, estas personas empezaron a introducir en los castillos el color azul, hecho que resultaba novedoso entonces por la complejidad que implica obtenerlo. Los colores de los fuegos artificiales nacen de los compuestos metálicos que emiten luz al calentarse, principalmente el cloruro de cobre, excelente emisor de azul siempre y cuando se caliente demasiado. Es una cuestión de química.

Respecto del pago, el compromiso siempre ha sido cubrir el costo total y que el cohetero entregue todo el material pirotécnico señalado en el contrato firmado, además de que la instalación del castillo se lleve a cabo en el día y hora acordados.

Pirotecnia al servicio de la fe

El espectáculo pirotécnico también es una forma de mostrar el pensamiento de la gente, su capacidad económica y una manera de socializar las creencias que se han heredado de generación en generación. Mexicaltzingo se caracteriza por ser un pueblo donde se elige a las personas para organizar las festividades y donde, para quienes participan, resulta ser un honor o una bendición personal o familiar.

Por ello, hablamos de que la pirotecnia está al servicio de Dios y los santos, pues a través de la quema se expresa la fe, se agradecen los favores recibidos durante todo el año que concluye, pero también se queman aquellos pensamientos negativos que han influido en el rumbo de la vida.

Sería difícil pensar en celebraciones sin la presencia de espectáculos de esta naturaleza. La vida religiosa de las comunidades se rige también por los sonidos de los cohetes en las misas, acompañados por los toques de campanas; la explosión de los “judas” en Semana Santa y las bengalas que se queman durante la época de posadas. Sin dejar de lado su papel protagónico en actos cívicos, como las fiestas patrias en septiembre.

El atrio parroquial siempre será el espacio por excelencia para presenciar el espectáculo, pues sigue funcionando como un espacio aleccionador y donde se genera una particular experiencia espiritual entre los vecinos. Me atrevo a mencionar que se produce también una especie de purificación colectiva.

La primera señal consiste en apagar las luces y, seguido de ello, suben los primeros cohetes que anuncian la quema del castillo, mientras que, en un segundo plano, la banda de viento toca alegres piezas musicales para amenizar el espectáculo.

Las familias mexicaltzinguenses se reúnen para disfrutar de ello, toman fotografías y videos con sus teléfonos celulares para inmortalizarlo y compartirlo con los demás familiares.

Cuando las luces del castillo comienzan a iluminar el cielo de Mexicaltzingo, se hace visible una tradición cargada de significados y creencias. Para muchos habitantes, su quema representa una ofrenda al santo patrón, una manera de agradecer los favores recibidos, pedir protección y dejar atrás aquello que se desea transformar.

Para los Jóvenes del Castillo, en cambio, constituye el cumplimiento de una responsabilidad que les ha sido confiada por la comunidad y los convierte en eslabones entre las generaciones que conservan la tradición y aquellas que habrán de recibirla.

De esta manera, el castillo se transforma en una expresión colectiva de fe, memoria e identidad, donde la tradición no sólo se contempla: se participa, se cree y se transmite.

Sergio Casas, cronista de Mexicaltzingo por la AMECRON 

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