Los Xitas de Temascalcingo, una tradición que pide lluvia y sostiene la memoria del pueblo

Los Xitas de Temascalcingo, una tradición que pide lluvia y sostiene la memoria del pueblo

Temascalcingo vive, come y respira durante todo el año una tradición que les da identidad.

Gerardo Carmona
Junio 5, 2026

Cuando llega el jueves de Corpus, el municipio cambia de rostro. Las calles se llenan de máscaras de ixtle, barbas largas, trajes pesados, danzas, rezos y pasos que parecen venir de muy lejos. Son los Xitas, que en otomí significa “viejo”, son conocidos precisamente como  los Viejos de Corpus, una de las tradiciones más antiguas y representativas de este municipio del norte del Estado de México.

La fiesta conserva una raíz agrícola y religiosa, en donde se mezclan la petición de lluvia para buenas cosechas, la ofrenda, la devoción católica y la memoria de los pueblos originarios, en un territorio en donde convergen Otomíes y Mazahuas. Para quienes participan, no se trata sólo de vestirse y caminar en contingente; es una forma de pedir buenas cosechas, agradecer la vida comunitaria y sostener una herencia que ha pasado de generación en generación.

Los Xitas de Temascalcingo, una tradición que pide lluvia y sostiene la memoria del pueblo

Es una práctica “mucho muy antigua”

Carlos Chaparro Bajonero, de 64 años de edad, originario de Temascalcingo, anterior Xita Viejo Mayor y exorganizador de la festividad, explica que no hay una fecha precisa sobre el origen de esta celebración, aunque en el pueblo se reconoce como una práctica “mucho muy antigua”.

“Nos data que desde que estaban los aztecas se hacía esta tradición en honor a Tláloc. Y posteriormente, cuando llegaron los frailes españoles, se unió un poquito lo que fue la cuestión católica con la tradición”, relata.

Otra versión comunitaria ubica un momento decisivo después del temblor de 1912. Según esa memoria, el pueblo quedó golpeado y triste, además de que en esa época les escaseó el agua. Entonces surgió la idea de acudir a Dios, pedir perdón por las faltas cometidas y llevar ofrendas a la iglesia durante el Corpus Christi, con la esperanza de que llegara la lluvia y hubiera buena siembra y mejor cosecha.

Desde entonces, la festividad quedó ligada al campo. Los Xitas caminan por las calles del primer cuadro del municipio como parte de un antiguo ruego por el agua.

“Hay ocasiones que durante meses atrás no llueve, pero el mero día de Corpus llueve porque llueve”, dice Chaparro Bajonero, convencido de que esa relación con la lluvia explica buena parte de la fuerza simbólica de la celebración.

Los Xitas de Temascalcingo, una tradición que pide lluvia y sostiene la memoria del pueblo

Los Xitas de Temascalcingo, una tradición viva

En Temascalcingo, la tradición se organiza desde barrios, comunidades, capillas e iglesias. Participan cargueros, fiscales y mayordomos, figuras que mantienen viva la estructura comunitaria y religiosa. En torno a ellos se articulan familias, artesanos, danzantes y habitantes que, año con año, preparan vestuarios y ofrendas.

La máscara es el centro visual de la festividad. Muchas se elaboran con jícara de maguey, aunque también se hacen con madera de colorín. El cabello y las barbas se fabrican con ixtle, también del maguey. Cada participante decide cómo vestir a su Xita: algunos confeccionan sus propios trajes; otros recurren a artesanos del municipio, quienes han perfeccionado la elaboración de máscaras, cargamentos y atuendos. Un traje con máscara puede llegar a costar unos 20 mil pesos, por eso muchos lo elaboran desde un mes antes.

“Son unas hermosuras las máscaras que hacen. Año con año se van esforzando más nuestros artesanos y van creando unas máscaras preciosas”, señala Carlos Chaparro.

La celebración no se ha quedado sólo en Temascalcingo. Migrantes del municipio radicados en Estados Unidos la han llevado a lugares como Wisconsin y Madison, donde grupos de paisanos organizan representaciones de los viejos de Corpus. Allá, lejos de su tierra, la máscara y el ixtle funcionan también como una forma de pertenencia.

En 2022, la tradición de los Xitas fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de México. Para los habitantes del municipio, el nombramiento significó un reconocimiento, pero también una responsabilidad. “Para mí, en lo personal, mucho respeto, y sobre todo que no se pierda esta tradición”, afirma Chaparro Bajonero.

Los Xitas de Temascalcingo, una tradición que pide lluvia y sostiene la memoria del pueblo

Traje entre 25 kilos y mil 500 pesos

Entre los participantes está José Ernesto Ruiz Hernández, Viejo Mayor del contingente de la cabecera municipal y representante de la iglesia de San Miguel. Su traje, elaborado por él mismo con materiales reunidos con paciencia, pesa entre 20 y 25 kilos. Le tomó alrededor de un mes fabricarlo y calcula que invirtió cerca de mil 500 pesos.

No lo dice como queja. Para él, cargar el atuendo forma parte de la entrega. “Ya estoy acostumbrado, pero hay que estar hidratándose, a cada rato pura hidratación”, comenta después de participar como Viejo Mayor.

La imagen resume la dimensión de la fiesta: hombres que caminan bajo el peso del traje, máscaras que parecen mirar desde otro tiempo, comunidades que se reconocen en sus capillas y familias que mantienen abierta una tradición donde la fe, el campo y la identidad se cruzan.

Para Temascalcingo, los Xitas no son una representación folclórica aislada. Son una forma de narrarse como pueblo. En cada jueves de Corpus, la comunidad vuelve a pedir lluvia, vuelve a mirar al campo y vuelve a decir, con música, máscaras y ofrendas, que su memoria sigue de pie.

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