Madres buscadoras

Madres buscadoras

Con Singular Alegría
Madres buscadoras
Gilda Montaño

Gilda Montaño Humphrey
Julio 20, 2026

Para Beatriz Almada

Hay tragedias que ninguna sociedad debería aprender a soportar. La desaparición de un hijo es una de ellas. No existe un lenguaje capaz de describir lo que significa despertar cada mañana sin saber si ese hijo tiene hambre, frío, miedo… o si todavía respira.

Solo hay una pregunta que se repite todos los días: ¿Dónde está? En México, miles de madres viven atrapadas en esa pregunta. Muchas han cambiado una vida, por jornadas interminables bajo el sol. Escarban la tierra con sus propias manos porque el amor de una madre nunca deja de buscar.

Hace unos días tuve el privilegio de conversar con una mujer a quien conozco desde hace casi cuatro décadas. La vida la llevó por un camino que pocos serían capaces de recorrer. Su nombre es Sol Berenice Salgado Ambrós. La he visto crecer desde muy joven. Siempre inteligente. Siempre serena. Siempre profundamente humana. Pero hay algo que ninguna universidad enseña. Aprender a mirar a los ojos a una madre que acaba de perder el rastro de su hijo. Sol lo ha hecho durante años.

Primero en el Estado de México y después desde responsabilidades nacionales relacionadas con la búsqueda de personas desaparecidas, acompañando a colectivos y fortaleciendo las capacidades institucionales para encontrar a quienes faltan. Su trabajo la ha llevado a recorrer diversos estados del país, a coordinar búsquedas en campo y a formar a quienes enfrentan una de las tareas más difíciles del servicio público.

Pero ningún currículum alcanza para explicar quién es realmente. En México hay quienes buscan culpables. Ellas buscan hijos. Quienes tenemos la fortuna de regresar cada noche a casa con nuestra familia completa, difícilmente alcanzamos a comprender la dimensión de ese dolor.

La busqué porque yo la había propuesto para que en Toluca le dieran un premio por ser la fiscal encargada de apoyar a miles de mujeres desvalidas. Las madres buscadoras, que son unas guerreras. Ellas no salen al campo por valentía. Salen porque el amor no les deja otra opción. Buscan con la esperanza de encontrar a sus hijos con vida.

Cuando esa esperanza se rompe, buscan al menos la posibilidad de devolverles un nombre, una identidad y un lugar donde sus familias puedan llorarlos con dignidad. Esa es quizá la forma más profunda de la justicia. No la que se pronuncia en un tribunal. La que le devuelve una historia a quien alguien quiso borrar.

Después de conversar con Sol Salgado Ambrós, comprendí que, detrás de cada búsqueda, no solo hay protocolos, investigaciones o técnicas especializadas. Hay una convicción profundamente humana. Ninguna madre debería buscar sola. Y ningún hijo desaparecido debería convertirse jamás en una cifra.

Mientras exista una madre que siga preguntando “¿Dónde está mi hijo?”, habrá también mujeres y hombres que, como Sol, seguirán caminando a su lado. Porque buscar no es solamente encontrar. Buscar es negarse a aceptar que el olvido tenga la última palabra. 

Ojalá llegue el día en que ninguna madre mexicana tenga que aprender a buscar a un hijo. Ese día habremos recuperado mucho más que la seguridad. Habremos recuperado la dignidad de nuestro país.

Hoy estoy consternada. En medio de tanto ruido, solo me queda hacer una oración silenciosa y pedirle a Dios que a estas criaturas que buscan, los encuentre.

Porque la verdad, aun cuando duela hasta el último rincón del corazón, la verdad siempre será infinitamente más compasiva, que una incertidumbre que parece no terminar nunca.

glmontanohumphrey@gmail.com

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MPH

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