Avándaro, 55 años de una memoria viva en Franco Ávila

Avándaro, 55 años de una memoria viva en Franco Ávila. Foto: Especial

Avándaro, 55 años de una memoria viva en Franco Ávila

En Avandaro, “hubo droga, es cierto, pero tampoco como lo dijeron, la pasaban y uno decía que no y sin tema, así también te llegaba un gajo de naranja, agua, pan”.

Brian Prado
Septiembre 10, 2026

Jorge Franco Ávila es uno de los mexiquenses que vivieron en primera persona el Festival de Avándaro, realizado el 11 y 12 de septiembre de 1971.

Rockero y pionero del movimiento musical en Toluca, recuerda aquel encuentro como una experiencia que trascendió la música y quedó marcada por la convivencia entre miles de jóvenes.

En aquella época, Franco Ávila ya formaba parte de la escena rockera de la capital mexiquense con su banda Beat Niks. Recuerda que los anuncios del festival comenzaron a difundirse por televisión y, como gran aficionado a los automóviles, decidió viajar acompañado de amigos y sus hermanos.

Nunca se imaginaron la dimensión de Avándaro

El trayecto hacia Avándaro pronto mostró la dimensión que tendría el encuentro. Un taxi los dejó en el arco de entrada, donde la multitud ya impedía el paso, por lo que tuvieron que continuar caminando.

“Fuimos a oír música, pero nunca nos imaginamos lo que nos íbamos a encontrar. Nos consiguieron un taxi como a las 5 de la tarde para irnos y nos dejó en el arco de la entrada a Avándaro, ya no se podía pasar, era un mar de gente. Nos fuimos caminando, como una hora, ya ni pagamos porque la gente ya había roto las mallas, se brincó y se hizo la bola”, relató.

Entre la multitud consiguieron acercarse al escenario. Ahí vivió uno de los momentos que conserva con mayor claridad: la presentación de Dug Dug’s frente a una enorme concentración de jóvenes.

“Entre toda la gente nos empezaron a empujar y a empujar, quedamos frente al escenario y comenzó a tocar Dug Dug’s, pero una cosa es tocar con ellos en un salón a verlos en un escenario gigante y un mar de chavos y chavas, éramos más de 200 mil, fue algo muy bonito”, comentó.

Drogas, agua, naranja, pan y agua entre los asistentes

Con el paso de los años, el festival quedó asociado a las versiones sobre drogas, desnudos y desorden. Sin embargo, él recuerda más que los asistentes compartían alimentos y agua, y que al terminar el festival campesinos de Valle de Bravo ayudaron a los jóvenes que buscaban regresar.

“Hubo droga, es cierto, pero tampoco como lo dijeron, la pasaban y uno decía que no y sin tema, así también te llegaba un gajo de naranja, agua, pan. Cuando terminó, los campesinos de Valle de Bravo nos regalaban agua, usted cree, si ellos se comportaron así fue porque hubo desmanes, no hubo ni un solo pleito”, señaló.

La dimensión de aquella concentración también tuvo consecuencias para el movimiento musical. Considera que el festival fue utilizado para justificar restricciones contra el rock durante el gobierno de Luis Echeverría.

“Avándaro sí fue encausado para prohibir el rock, por todo lo que hablaron; precisamente el gobierno cuando estaba Echeverría. Comenzaron a prohibir los cafés cantantes, todo y el rock se tuvo que ir saliendo y hacer los hoyos funkys, que eran sótanos donde tocaban los grupos, aunque muchos tuvieron que desaparecer o ir cambiando en su modalidad”, señaló.

Su recuerdo de aquella experiencia forma parte de la imagen que conserva del festival y su importancia.

“Por eso fue tan importante, por la concentración de gente y que estuvieron los mejores grupos de rock de esa época, empezaba ya la música de rock en español, pero más que nada la concentración de la gente, toda en hermandad. Nosotros nos salimos a las 6:00 de la mañana que iba a terminar, estaba en Tri que ya no escuchamos, y todos ayudándose para regresar, en camiones, como fuera, fue amor y paz de a deveras”, relató.

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