Con hilos y tradición, Calimaya rescata su rebozo

Con hilos y tradición, Calimaya rescata su rebozo. Foto: Especial

Con hilos y tradición, Calimaya rescata su rebozo

De prenda cotidiana y símbolo de identidad, pasó a ser una labor artesanal que contribuye a la economía familiar.

Redacción
Octubre 25, 2026

El rebozo es una de las prendas que más han utilizado nuestras abuelas y madres para cubrirse al salir de sus casas. Nos sirvió de cuna y es una caricia que nos protege del frío y del calor en las inmediaciones de las faldas del Nevado de Toluca o Xinantécatl, donde se ubica nuestro municipio. Algunas mujeres lo han utilizado para cargar leña, frutas y verduras; también sirve de asiento para los canastos. Es una prenda de recato que se convirtió en símbolo de identidad nacional y local desde la época virreinal hasta el presente. Durante el movimiento revolucionario fue utilizado por las adelitas y soldaderas, quienes se lo terciaban en lugar de llevar carrilleras, por lo que puede considerarse parte del patrimonio tangible del municipio y del país.

Desde la época prehispánica, nuestros antepasados fueron artífices del arte plumario y de la elaboración de mantas a partir de fibras naturales, como el ixtle obtenido del maguey. A partir de la llegada de los españoles, en el siglo XVI, comenzó a trabajarse la seda, el algodón, la lana y el lino, y se empezaron a utilizar mantas de seda y, posteriormente, mantillas. La seda llegaba desde la época colonial por medio de la nao de China. Con la introducción de ovejas fue posible obtener lana, que se cardaba y peinaba para trabajarla. Fue hasta el siglo XVII cuando las mujeres comenzaron a utilizarla en diversas prendas de vestir y, en el siglo XVIII, tuvo gran popularidad entre las mujeres criollas, mestizas e indígenas.

En el siglo XIX, el rebozo se utilizó como una prenda necesaria para que las mujeres se cubrieran la cabeza y se distinguieran socialmente. Lo usaban indígenas, españolas y mujeres de las castas, aunque, hacia finales de esa centuria, cayó en desuso. Después del auge comercial de nuestro pueblo durante los siglos XIX y XX, los calimayenses hemos recurrido a distintas alternativas para complementar la economía familiar, como trabajar en mariachis, dedicarse al empuntado del rebozo, fabricar block y procesar el maíz cacahuazintle. Estas actividades han sido realizadas tanto por hombres como por mujeres.

A lo largo de la historia mundial y mexicana, el vestido ha sido no sólo un símbolo de identidad, sino también de jerarquía social, pues no es lo mismo el atuendo utilizado por los altos dignatarios que el del común del pueblo. En el caso del rebozo, se trata de una prenda que, de acuerdo con esta tradición histórica, no fue utilizada por las mujeres indígenas, sino por las de las castas, las mestizas y las criollas desde el virreinato hasta la actualidad. Hoy, las mujeres indígenas utilizan el rebozo como una prenda utilitaria para cargar a los niños y transportar otras cosas.

La tradición textil que identifica a Calimaya

Además de la obtención de pulque del maguey, actividad por la que hemos sido conocidos como mechaleros, en Calimaya se elaboran sarapes y rebozos en telares de pedales y de cintura. En este proceso se trabaja la trama y se alterna con el laboreo de las puntas, que realizan hombres y mujeres en el banco de empuntar. Ahí se agrupan los hilos de diez en diez y se anudan para comenzar a tejer las figuras que llevan las puntas. Entre los principales saraperos de Calimaya se encuentra el padre de don Juan Valdés, vecino del barrio de San Juan.

Después de la Revolución Mexicana, el rebozo, utilizado por las adelitas, se convirtió en un emblema nacional. Es un paño rectangular denominado trama, que se elabora en el telar de cintura, sujeto a un árbol, y se prolonga en flecos o puntas anudadas con diversas figuras geométricas, como rombos y cocoles. También puede personalizarse con el nombre de la dueña de la prenda.

El rebozo aligera la carga cuando es necesario recorrer grandes distancias, complementa el tocado y protege del sol y de las inclemencias del tiempo. Se tomó como punto de partida la tilma y el ayate rectangulares de la época prehispánica para crear una prenda que incluso utilizan grandes artistas y personalidades de la farándula, así como mujeres de las clases media y baja.

Los llamados rebozos de bolita o de cien hilos recibieron ese nombre porque, al elaborar la trama y peinar y cardar el algodón o la seda, se formaban pequeñas bolitas. También existen los rebozos palomos, teñidos de negro y aromatizados con menta y eucalipto, que han sido preferidos por las damas de la alta sociedad de Calimaya y Toluca.

Las tramas se elaboraban en Calimaya o se traían de Toluca, de rebocerías como La Flor de Chilapa, ubicada en los portales de esa ciudad. Las personas encargadas de distribuirlas las entregaban a señoras y señores que se dedicaban al laboreo de las puntas. Entre ellos se encontraban la señora Galita y la familia Corona Hernández, así como doña Maricela y la señora Luisa Valdés, en Zaragoza y Calimaya.

También destacaron doña Eulalia Hinostrosa y José Cejudo, quien utilizaba el telar de cintura para elaborar el rebozo y el plastle. Para aromatizar las prendas se emplean la rosa de Castilla y el pericón. Para obtener los colores se utilizan pigmentos, como la cáscara de nogal para conseguir el negro, o se remojan las prendas en un recipiente con fierros viejos. También se recurre a otros pigmentos naturales y artificiales, según registra Gustavo G. Velázquez en su obra El rebozo en el Estado de México.

En el Estado de México existen diversos centros productores de rebozos, como Tenancingo, Tenango, Temascaltepec, Sultepec, Tejupilco y Valle de Bravo. La prenda también se produce en otras entidades, entre ellas Tlaxcala, Puebla y Michoacán.

En la actualidad, las mujeres calimayenses han dejado de utilizar esta prenda debido a sus altos costos, por lo que se ha convertido en un privilegio para las damas conocedoras. Además, quedan pocas personas dedicadas a fabricar las tramas y trabajar las puntas. En Calimaya hay tres personas que realizan esta labor; en San Marcos de la Cruz, una, y en Zaragoza también había una.

Artesanos buscan nuevos mercados para el rebozo

Recientemente, Julio César Gómez Hernández, en su rebocería, se ha encargado de elaborar la trama con el telar de cintura, así como la vara o plastle, además de realizar el empuntado. También fabrica la prenda completa mediante el telar de pedales. Como artesano, ha buscado alternativas para comercializar los rebozos en otros mercados y, con ayuda de sus trabajadores, elabora productos derivados de esta pieza textil, como chalecos, moños tricolores y bolsas. Esta iniciativa constituye una vía que pueden seguir otras personas dedicadas al sector textil en nuestro municipio y en otras localidades mexiquenses, como Tenancingo.

El rebozo es un elemento de identidad que utilizan las mujeres, junto con los chales y las chalinas que se venden localmente y en otros lugares. Por ello, deben darse a conocer los trabajos de los artesanos calimayenses, entre los que destacan las artesanías elaboradas con hoja de maíz en Calimaya y Santa María Nativitas; los arreos para caballo, como reatas, gargantones y bozales, en San Bartolito Tlatelolco; los trajes de charro que confecciona don Rómulo Arriaga Bizarro en la cabecera municipal y, en el rubro de las bebidas, el infaltable pulque, el tecui, la crema de licor y los licores de distintos sabores, como maracuyá, limón y amargo, entre otros.

En la actualidad se organizan exposiciones anuales tituladas «Calimaya en el Senado», en las que se dan a conocer en la Ciudad de México los productos elaborados por nuestros artesanos. Entre ellos se encuentran los árboles de la vida, originarios de Metepec, pero que recientemente también se han elaborado en Calimaya.

Existen otros tipos de rebozos, además de los de seda, cuyas puntas también deben someterse al proceso de laboreo, aunque las prendas no sean de ese material. Asimismo, se elaboran frazadas, que son más pequeñas que el rebozo tradicional.

En Calimaya también se han organizado pasarelas de rebozos durante eventos oficiales, como las ediciones más recientes del Festival Internacional Cultural del Mariachi. Algunas de estas actividades se han realizado en la capilla abierta del templo de San Pedro y San Pablo y en la iglesia del barrio de Los Ángeles.

La industria textil como alternativa económica regional

El sector textil ha dado trabajo a personas de otros municipios y se ha convertido en una alternativa económica importante. Tal es el caso de la ropa de lana de Chiconcuac, en el Estado de México; la elaboración de prendas de lana en Guadalupe Yancuitlalpan, comunidad perteneciente a Santiago Tianguistenco, y la confección de ropa deportiva en San Andrés Ocotlán, comunidad de Calimaya, así como en Santa Cruz Atizapán y Almoloya del Río.

En algunos casos, los productores traen sobrantes de tela de la Ciudad de México para aprovecharlos en la confección de prendas. Entre los materiales utilizados se encuentra la cambaya y otras telas que se emplean para elaborar ropa en Almoloya del Río y San Andrés Ocotlán.

Oscar Camacho, Cronista Municipal de Calimaya

TE SUGERIMOS:

Sigue nuestro CANAL  ¡La Jornada Estado de México está en WhatsApp! Únete y recibe la información más relevante del día en tu dispositivo móvil. 

TAR

UAEM2
Banner Entretenimiento