Del barrio salió otro Lerma

Roberto Cortez Zárate

Del barrio salió otro Lerma

Rockanrolario con Roberto Cortez

Tania Albino
Julio 10, 2026

El primer escenario de El Oso, Óscar Lerma, como cantante nació cuando el público empezó a reconocerlo en videos grabados durante homenajes a su tío, El Guadaña. Él seguía tocando la batería, seguía entrando por la puerta de atrás de la música, hasta que la banda decidió otra cosa. “¿Dónde vas, cabrón? Regrésate”, recuerda que le decían cuando incluso pensó dejar todo.

En el rock urbano mexicano pocas cosas pesan tanto como un apellido. Lerma carga uno que inevitablemente remite a El Guadaña y a Banda Bostik. Por eso, cuando El Oso pronuncia el nombre de su tío no habla de una leyenda distante. Habla del hombre al que veía escribir canciones en casa de la abuela, del familiar que lo subía al escenario para aventarse un palomazo y del ídolo que marcó su forma de entender el rock. Lejos de esquivar esa sombra, la asume con naturalidad. 

Dice que nunca intentó imitar a su tío, porque ni siquiera era necesario hacerlo: crecieron en la misma familia, escucharon las mismas conversaciones y comparten la misma forma de hablar. “Es mi gen”, resume.

Antes de ponerse al frente del micrófono pasó décadas detrás de la batería. Comenzó a los 15 años, hizo una pausa para atender a su familia y regresó a tocar con distintas agrupaciones. En su casa la música parece heredarse sin necesidad de imponerla: su hermano también fue baterista y ahora su hijo lo acompaña en el proyecto. Nadie obligó a nadie. Simplemente ocurrió.

La muerte de El Guadaña cambió el rumbo. Los videos de los homenajes empezaron a circular en redes sociales y la respuesta sorprendió incluso al propio Oso. Entonces le propusieron subir al escenario cuando todavía no tenía banda estable ni canciones propias. Su repertorio estaba formado, casi por completo, por composiciones que su tío había convertido en himnos del rock mexicano.

Entonces apareció la otra presión. Ya no era solamente el cariño del público. También llegaron quienes le reclamaban construir un camino propio. En lugar de refugiarse en el repertorio de la Banda Bostik decidió escribir. En lugar de responder en redes sociales, respondió escribiendo canciones. Algunas llevaban años guardadas; otras nacieron después. Entre ellas está La Leyenda, dedicada a El Guadaña, donde intenta contar parte de la historia familiar desde la mirada de quien la vivió.

El resultado ya puede escucharse en plataformas digitales. Son cinco canciones reunidas en un primer EP: Sentado en la banqueta, Anhelos, La Leyenda, Me late el rock and roll y CP, Ciudad del Rock. Esta última rescata la memoria de las antiguas ciudades perdidas de Tlalnepantla, aquellas colonias levantadas junto a las vías del tren donde crecieron su familia y buena parte del público que sigue identificándose con su música.

Hay una frase que explica mejor que cualquier discurso por qué el proyecto está funcionando. El Oso asegura que en los conciertos la gente le pide dos cosas al mismo tiempo: que no deje de cantar las canciones de El Guadaña y que tampoco abandone las suyas. No le exigen escoger entre la memoria y el presente. Le piden que sostenga ambos.

“La banda manda”, repite varias veces durante la conversación. Esa frase resume mejor que cualquier comunicado la relación entre el músico y quienes lo llevaron hasta aquí. Hoy sus cinco canciones ya circulan en plataformas digitales y alista un disco completo.

Al final, El Oso Lerma descubrió que el legado no consiste en repetir una voz. Consiste en encontrar la propia sin olvidar de dónde viene. En el rock del barrio, esa diferencia la reconoce primero la gente. Después, la historia.

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