Del cólera al Covid, la memoria epidemiológica del médico que enfrentó dos pandemias

Del cólera al Covid, la memoria epidemiológica del médico que enfrentó dos pandemias

Del cólera al Covid, la memoria epidemiológica del médico que enfrentó dos pandemias

Victor Manuel Torres, estuvo a cargo del Cevece durante la pandemia de influenza y la de Covid-19; 40 años de trayectoria lo respaldan, hoy imparte su conocimiento a futuros galenos.

Gerardo Carmona
Julio 25, 2026

Hasta hace unos días, el doctor Víctor Manuel Torres Meza había estado al frente del Centro Estatal de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades (Cevece como) desde su nacimiento, en octubre de 2009, en plena pandemia de influenza A H1N1, que comenzó ese año y se prolongó durante los primeros meses de 2010. 

Prescinden de uno de los hombres con más experiencia en Edomex, tras décadas de trabajo y experiencia, señala que esta generación podría enfrentar otra plaga

Es, sin duda, una de las personas que más saben de epidemias y salud pública en el Estado de México, pero la actual administración estatal decidió prescindir de sus servicios, en momentos en que no parece lejana la posibilidad de una tercera pandemia para esta generación.

Su salida sorprendió a la familia. “¿Por qué a ti, si estás haciendo bien tu trabajo?”, le preguntaron. Él respondió con la serenidad que dan 40 años de experiencia en el servicio público.

“Mira, las cosas pasan por algo y si este es el momento de hacer un alto en el camino y reflexionar qué sigue para adelante, pues creo que así será”.

Mira con nostalgia una trayectoria que comenzó en los consultorios y pasó por casi todos los niveles del sector salud.

Del consultorio al servicio público

“He tenido la satisfacción de estar en todos los cargos públicos que puede tener un médico: médico asignado a un consultorio, director de unidad médica, coordinador municipal de salud”, recuerda.

Egresó de medicina en 1982, estudió salud pública y concluyó en 1998 una maestría en epidemiología. Participó después en la formación del Centro Nacional de Salud Ambiental y en la creación de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios  (Cofepris).

Su memoria profesional está ligada a enfermedades que parecían confinadas a los libros. En 1990 atendió el primer caso de cólera registrado en San Miguel Totolmaloya, Sultepec. “Después del cólera manejamos mejor el agua, nos lavábamos las manos, hidratábamos mejor a los niños. Hubo una memoria después de ese episodio”, señala.

Después de un tiempo fuera, regresó al Estado de México en 2002 para asumir la Subdirección de Epidemiología del Instituto de Salud estatal. Siete años después llegó la influenza A H1N1 y el “baile de números” que llevó a fortalecer la vigilancia y el análisis de datos. “Era algo que no habíamos vivido antes en esa dimensión”, dice. 

El 23 de abril de 2009 recibió información del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos sobre un nuevo virus con componentes aviares, porcinos y humanos.

Al día siguiente explicó al entonces gobernador Enrique Peña Nieto la magnitud del riesgo. “Platicárselo como estoy platicando contigo me permitió explicar la circunstancia. Después se lo presentamos al gabinete y empezaron a tomar decisiones”, recuerda. Había que suspender actividades masivas y convencer a candidatos de limitar mítines.

El zoológico de Zacango no abrió el 30 de abril, día del año con mayor afluencia históricamente. También se pidió evitar la corbata, considerada un posible vehículo de contaminación. “Si ves las imágenes de la segunda conferencia, el gobernador ya no las trae”, cuenta.

La influenza dejó cubrebocas, gel antibacterial y una advertencia sobre las enfermedades crónicas. “Aprendimos que se complicaba más una epidemia que ya traíamos: la obesidad, el sobrepeso, el paciente diabético e hipertenso”. A raíz de esa emergencia nació el Cevece, bajo una lógica de inteligencia epidemiológica y de “una sola salud”, que vincula la salud humana, animal y ambiental. 

Falta de comunicación, otra pandemia

Para Torres Meza, vigilar no es sólo contar enfermos, sino anticipar riesgos y traducir la información para quienes deciden.

“¿Cómo se lo explico al político?, ¿cómo se lo digo al director de un hospital?, ¿cómo se lo explico al periodista, a otros colegas o al paciente? Esa enseñanza de la comunicación de riesgos hay que aprenderla”, insiste.

Con las redes sociales, los médicos deben procesar mucha información y competir con contenidos falsos. “Hoy un influencer puede decirte cómo manejar un problema de salud y no el profesional que está cercano a ti. Además, a los profesionales de la salud nunca nos enseñaron a comunicar adecuadamente a la población”. Durante Covid-19, esa carencia se volvió evidente con tratamientos sin respaldo, desde dióxido de cloro hasta medicamentos veterinarios. 

“Los médicos tenían que digerir gran cantidad de información para tomar decisiones y después transformarla en una explicación comprensible para el paciente”. Cuando apareció el SARS-CoV-2, México atravesaba una transición institucional. 

El Seguro Popular desaparecía y el nuevo modelo de salud aún no terminaba de consolidarse. “Nos agarró con las manos en la puerta, con un sistema que no nacía y otro que no moría”, resume.

La enfermedad llegó en menos de tres meses y avanzó de manera desigual: primero por el Valle de México, después por el de Toluca, más tarde por el norte y finalmente por el sur. “El primer caso lo tuvimos en Atizapán de Zaragoza y el último en Zacualpan”.

Esa ruta confirmó que no podían aplicarse políticas idénticas en 125 municipios.

“No puedes hacer políticas globales sin pensar en la dinámica de cada municipio”, sostiene. En Ecatepec o Los Reyes La Paz había que considerar que miles de habitantes salían hacia la Ciudad de México y regresaban por la noche. “Si vas al mediodía, las zonas habitacionales están vacías”.

La pandemia le quitó el sueño y colocó al personal médico frente a dilemas extremos. “Ver un hospital a 100% y preguntarte éticamente quién necesita un ventilador, un paciente de 40 años o un adulto de 85, se vuelve muy importante”. 

No había medicamentos específicos ni vacunas, y la variante Delta saturó hospitales. “Pensamos que la población recordaba el uso del cubrebocas y el gel antibacterial, pero nos dimos cuenta de que ya lo había olvidado”.

La llegada de las vacunas, en diciembre de 2020, cambió la emergencia. 

“Había que comunicar que la vacuna no era para evitar la enfermedad, sino para evitar que se complicara, que te intubaran y que corriera riesgo tu vida. Si no hubiera aparecido, la circunstancia habría sido muy distinta”. Para Torres Meza, cualquier enfermedad puede recorrer el mundo en poco tiempo. 

“Hoy estás en Toluca, pasado mañana en Madrid y en ocho días en Nueva Delhi o Japón. Puedes traerte cualquier cantidad de agentes infecciosos”.

El Estado de México, añade, tiene dos puertas de entrada relevantes: los aeropuertos de Toluca y Felipe Ángeles. A ello se suman el cambio climático, el deshielo y la movilidad humana. “Esta generación ya vivió dos pandemias. Si tenemos buena esperanza de vida, creo que vamos a llegar a la tercera. Toco madera para que no sea tan intensa como la de Covid”, advierte.

Las memorias de un epidemiólogo

Ahora que la Secretaría de Salud estatal lo retiró del Cevece quiere escribir sus memorias y reconstruir la historia de la salud pública mexiquense. “Si se te olvida lo que hiciste, estás propenso a volverlo a repetir. Las enfermedades infecciosas siguen ahí. El cólera, la tuberculosis y la lepra no son enfermedades raras o extrañas”. También dedicará tiempo a escribir la historia de la Academia Mexiquense de Medicina, la cual presidió en un periodo. “Creo que tenemos que recordar la historia. La historia hay que construirla y vale la pena dejar algo por escrito”.

Su nueva etapa incluye docencia, viajes y cercanía con su familia. También colabora con el Observatorio Ciudadano del Cambio Climático, porque al tema del medio ambiente, tiene una fascinación por la contaminación y sus consecuencias. 

“No me gusta vivir en la segunda ciudad más contaminada por partículas, ni en un estado que tiene el río más largo de México y también uno de los más contaminados”, dice. Desde la sociedad civil quiere trabajar en salud ambiental y zoonosis.

No cierra la puerta al servicio público ni lo coloca como prioridad. 

“Creo que es momento de dejar a las nuevas generaciones y dedicarme más a mí. Dejé durante muchos años la parte física y mental. Ahora vale la pena viajar, conocer y estar más cerca de mis hijos”.

En su despedida hay la serenidad de quien mira desde la cima el camino recorrido. “Si en la montaña ya llegaste arriba, mejor quédate ahí y no bajes, porque después quizá ya no tengas los años para volver a subir. Creo que es un bonito cierre”.

Luego vuelve a su preocupación central: la próxima epidemia puede llegar en días hasta una colonia mexiquense. La diferencia dependerá de la memoria, la preparación y la capacidad de escuchar las señales antes de que sea demasiado tarde.

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