El Estado de México opera 18 mil 40.36 litros por segundo de una capacidad instalada de 26 mil 341.36 litros por segundo para potabilizar agua, de acuerdo con el diagnóstico del Programa Hídrico Integral del Estado de México 2024-2029. La diferencia es de 8 mil 301 litros por segundo, equivalente a 31.53% de la infraestructura instalada.
Menor disponibilidad de agua
Para Sebastián Rodríguez, especialista en medio ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), la importancia de esta brecha está en el margen de respuesta que tiene el sistema ante una menor disponibilidad de agua o un incremento de la demanda.
“El impacto principal está en la capacidad de respuesta del sistema. Si una parte de la infraestructura no opera, el volumen que puede entrar al proceso de potabilización es menor y eso reduce las alternativas para atender una contingencia. No significa que esos 8 mil 301 litros por segundo estén siendo desperdiciados, pero sí que existe esa área de oportunidad que es muy valiosa.”, explicó.
Consideró que adquiere mayor relevancia en un territorio donde la disponibilidad del recurso está condicionada por la extracción de fuentes superficiales y subterráneas.
“Era lo que te decía, si aumenta la demanda, disminuye temporalmente una fuente de abastecimiento o una infraestructura requiere mantenimiento. En el Estado de México esto se vuelve más notorio por la exigencia que tiene el estado más grande del país y contar con plantas que puedan incorporarse a la operación permitiría responder con mayor capacidad. Pero primero habría que saber por qué cada litro por segundo dejó de operar y si técnicamente puede recuperarse”, señaló.
En ese sentido apuntó que la infraestructura de potabilización forma parte de una cadena en la que intervienen captación, conducción, tratamiento, almacenamiento y distribución. Por ello, aumentar la operación de una planta no necesariamente se traduce en el mismo volumen adicional.
“No sería correcto decir que los 8 mil 301 litros por segundo están disponibles para llevarlos directamente a las casas. Primero habría que recuperar la capacidad física de las plantas y después comprobar que existe agua suficiente para alimentarlas.
También habría que verificar si las tuberías, bombeos, tanques y redes tienen capacidad para transportar ese caudal. La recuperación real sería el resultado de resolver cada una de esas restricciones”, mencionó.
Capacidad potabilizadora
Explicó que la recuperación de capacidad tampoco debe entenderse necesariamente como la construcción de nuevas plantas. En algunos casos puede implicar rehabilitar equipos, sustituir componentes, mejorar procesos de tratamiento.
“Si existe infraestructura que puede recuperar parte de su capacidad sin aumentar la extracción de fuentes que ya están bajo presión, puede representar una alternativa dentro de la gestión hídrica. Pero eso requiere hacer primero el balance de agua de cada sistema. Recuperar capacidad de tratamiento sin tener agua disponible para tratar no resuelve el problema” dijo.
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