El comienzo honesto del aprendizaje 

Voz Propia

El comienzo honesto del aprendizaje 

Jimena Valdés

Redacción
Julio 11, 2026

Desde que somos pequeños, se nos muestra una visión del mundo, en la que los aciertos son recompensados y los errores o las fallas deben evitarse a toda costa. Postura que nos coloca en una carrera frenética por no fallar, por corregir de inmediato antes de que se note y por evitar las marcas que los errores nos dejan en los cuadernos de la vida.

Sin embargo, lo cierto es que los seres humanos somos por naturaleza falibles y desde nuestros errores como realmente aprendemos. Freire apunta todo ello en su Pedagogía del Error, en donde señala que equivocarse forma parte del proceso de conocer y permite revisar, cuestionar y reconstruir lo aprendido.

Desde esta visión, el error nos ayuda a encontrar nuestras propias contradicciones, a confrontar la lógica que guarda lo que pensamos, hacemos y vivimos, abriendo la puerta a una reflexión crítica que va mucho más allá del señalamiento o el castigo.

El castigo de nuestros errores, es una lógica que tenemos ampliamente arraigada, una en la que se reproduce el autoritarismo, la ansiedad por una mejora impuesta carente de reflexividad y que por lo tanto lejos de ejercer como pedagogía liberadora nos representa un reto tal, que muchas terminamos luchando por ocultar o desviar los errores y no por entenderlos. 

Justamente esta semana hurgando en el estante de una librería, llamó mi atención un libro que da cuenta de la relevancia de los errores en la historia. Mi interés se basó justamente en esa versión historiográfica abierta a reconocer la relevancia del error o de las decisiones que en su momento parecieron equivocadas como los detonantes de desenlaces o cambios inesperados en el devenir histórico.

Desde las decisiones estratégicas en las batallas, hasta los grandes amores e incluso las ejecuciones que desataron guerras, el error se presenta como parte de lo que somos, seres en un constante aprendizaje, el cual puede volverse más sencillo, divertido y llevadero si entendemos al error como parte inherente de nosotros más que como algo que nos atormenta; si nos atrevemos a mirarlo, a establecer un diálogo que permita interpretar lo que desde el posible dolor de la falla nos muestra. 

En resumidas cuentas, basta decir que “equivocarse no es lo contrario de aprender; muchas veces es el comienzo más honesto del aprendizaje”.

El castigo de nuestros errores, es una lógica que tenemos ampliamente arraigada, una en la que se reproduce el autoritarismo.

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