Flor Cecilia Reyes ha sido desde hace décadas uno de los personajes indispensables en la vida cultural del Estado de México. Escritora, principalmente, pero también incansable promotora cultural, editora, periodista y empresaria, desde pequeña ha estado ligada a las letras y las artes. Egresada de la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMex), Flor Cecilia ha sido testigo desde lo que ella llama una época de oro para la cultura mexiquense hasta su triste declive de la vida cultural en la entidad desde hace unos 12 años.
Tras una suculenta comida y un vermouth en su restaurante en Metepec, la escritora oaxaqueña y adoptada mexiquense, ganadora del Premio Nacional de Poesía del CREA 1986 y Premio Bicentenario de Poesía del Ayuntamiento de Toluca, accede platicar con La Jornada Estado de México sobre su vida y visión de lo que lo que ha sucedido en la entidad con la vida pública cultural en el Estado de México.
Una oaxaqueña muy mexiquense
Nació en la vieja Antequera, como se le conoce a Oaxaca, pero llegó muy pequeña al Estado de México. Su padre, arquitecto del entonces Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas, fue asignado a la entidad y trasladó aquí a la familia. “Él veía mucho futuro en el Estado de México, una proyección en educación muy importante”, recuerda.
Metepec terminó por convertirse en casa. Ella y sus hermanas estudiaron en la UAEMex y Flor Cecilia cursó Letras Españolas en la Facultad de Humanidades, donde tuvo como profesores a intelectuales mexicanos y exiliados sudamericanos y españoles que, dice, le abrieron una visión distinta del mundo.
Entre ellos recuerda a Eugenio Núñez Ang, Adolfo Díaz Ávila, Ana Tissera y Mijael Malishev. En especial, de Núñez Ang conserva una enseñanza que la dejó marcada: en la universidad no aprendería a escribir literatura, sino a leer de manera crítica. La creación, le decía, era una tarea individual que se construye a través de la lectura, disciplina y escritura.
La decisión de escribir
Para entonces Flor Cecilia ya sabía que quería escribir. A los 21 años, el escritor toluqueño José Luis Herrera Arciniega la invitó al incipiente proyecto de Radio Mexiquense. Comenzó con cabinas de fin de semana y encontró en la radio una de las columnas vertebrales de su vida profesional.
“Tengo 41 años trabajando en la radio”, dice. Desde ahí se extendieron la escritura, el periodismo, la edición, la investigación y la gestión cultural.
Antes de egresar también llegó su primera oportunidad en el CREA del Estado de México. Ahí participó en la edición de la revista Aire Nuestro y obtuvo su primer trabajo formal. Poco después concursó con un poemario con el que ganó primero el Premio Estatal de Poesía y después el Premio Nacional de Poesía del CREA, en 1986.
“Eso me afirma que no andaba yo tan errada, que realmente podía seguir por ese camino”, cuenta. Más tarde obtuvo una beca del Centro Toluqueño de Escritores y se convirtió, según recuerda, en la primera mujer poeta en recibirla. Llegó entonces su primera publicación y ya no abandonó el oficio.
Ha publicado 12 libros, la mayoría de poesía, aunque también crónica y literatura infantil. Su interés por la historia y la tradición de Metepec aparece en obras como Lotería de Metepec, concebida con las ilustradoras Irma Bastida y Rocío Solís, y en textos sobre La Tlanchana y otros símbolos locales.
Auge y caída de la cultura
Pero su biografía corre paralela a otra historia: la del crecimiento y posterior deterioro de la política cultural mexiquense. Reyes recuerda los años 80 y 90 como una etapa de expansión. Había actividades en las calles, talleres de pintura y escultura, grupos musicales y de danza, revistas, festivales y una institucionalidad que comenzó a profesionalizar la gestión cultural. Surgieron el Instituto Mexiquense de Cultura y el Sistema de Radio y Televisión Mexiquense.
“El Estado de México dictó muchas pautas en cuanto a la gestión cultural, a la promoción y a la difusión de nuestra tradición y de nuestra historia”, sostiene.
También vio nacer y crecer el Festival Internacional de la Cultura en Octubre, antecedente de lo que se convirtió en el Festival Internacional Quimera, y trabajó en proyectos del Instituto Mexiquense de Cultura. Años después participó como asesora en el programa del Bicentenario, etapa de la que destaca la creación del Consejo Editorial del Estado de México y el fortalecimiento del Concurso Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz.
El contraste con el presente le resulta doloroso
Comenzó a advertir esa caída cerca de 2024. Menos presupuesto, menos espacios y, sobre todo, menos voluntad política. A su juicio, el problema no se limita a la falta de recursos: también falta sensibilidad y conocimiento en quienes toman decisiones.
Pone como ejemplo la Escuela de Escritores del Estado de México, que dirigió durante años. La institución perdió hace unos seis años el apoyo gubernamental que permitía contratar maestros y sostener sus actividades. Sobrevive con talleres y cuotas pequeñas, pese a que, afirma, de sus aulas han salido autores con premios nacionales e internacionales.
“Nunca tuvieron la visión para mirar más allá de que era una aportación y una inversión a largo plazo”, señala.
Otro ejemplo es la Lotería de Metepec. El libro, explica, fue incorporado a un programa de lectura de secundaria, pero lectores, maestros y vecinos la buscan porque no hay ejemplares disponibles. Para ella, el episodio resume la distancia entre el discurso institucional y la posibilidad real de acercar los libros a la gente`.
“¿Quieren escuchar estas administraciones?, No quieren escuchar. No escuchan. Sencillamente no hay retroalimentación”, explica
La crítica alcanza también al público. Reyes sostiene que los ciudadanos deben exigir los servicios culturales como la reparación de una calle o la limpieza de la ciudad.
“Tenemos mucha responsabilidad, tenemos que participar y exigir más, y ser un público crítico”.
En esa pérdida de exigencia encuentra otro riesgo: la desmemoria. Los festivales, las instituciones, los proyectos editoriales y las generaciones de gestores que alguna vez colocaron al Estado de México como referente cultural empiezan, advierte, a desdibujarse. “No tenemos memoria histórica. La cultura es memoria también”.
Por eso, cuando se le pregunta qué le diría a las autoridades actuales, no pide nostalgia ni regresar intactos a los años que vivió. Pide inversión, profesionalización y voluntad.
“La cultura es una inversión a largo plazo, una inversión de verdad, no solamente es el goce del momento. Si queremos que no se pierda nuestra memoria histórica, tenemos que invertir”.
Flor Cecilia Reyes, cuatro décadas de cultura
Flor Cecilia remata con una advertencia que resume cuatro décadas entre libros, micrófonos, festivales, aulas y oficinas culturales: que no lleguen improvisados a “mostrarnos espejitos” a una entidad que posee una tradición artística e histórica suficiente para reconocerse en ella. “Solamente así podremos reconocernos”.
Con cuarenta años en la escena cultural, promoviendo talleres, escuelas y encuentros, la escritora Flor Cecilia Reyes lamenta la decadencia en la polìtica cultural
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