La capilla del Señor del Calvario de Calimaya, historia y leyenda

La capilla del Señor del Calvario de Calimaya, historia y leyenda. Foto: Especial

La capilla del Señor del Calvario de Calimaya, historia y leyenda

Un relato de caridad convertida en mito convirtió el devocionario del hoy municipio cuando aún estaba lleno de rancherías y costumbres del campo.

Angélica Ruiz
Septiembre 6, 2026

El 4 de noviembre del año de 1560, el virrey don Luis de Velasco dictó las ordenanzas de congregación de dos pueblos prehispánicos de ancestral importancia: Calimaya y Tepemaxalco.

Con ello quedarían asentados en el pueblo donde hoy se localiza la cabecera del municipio de Calimaya, varios grupos lingüísticos (matlatzincas, nahuas, otomíes y mazahuas), divididos en barrios o en lengua náhuatl calpullis. En el centro del pueblo se construyó el convento y la parroquia que quedó a cargo de los frailes franciscanos y los santos titulares fueron San Pedro (para Calimaya) y San Pablo (para Tepemaxalco. 

Con el tiempo, ambos se tornaron en los titulares de todo el poblado.

La convivencia de estos grupos lingüísticos se explica por la constante migración de pueblos que tuvo el valle de Toluca durante la época prehispánica. Pedro Carrasco cuenta que esas migraciones estaban conformadas por tlatoanis o señores dirigentes que venían acompañados de su séquito y pedían refugio. Es decir, que linajes enteros estaban en calidad de renteros o terrazgueros en tierras de otros señores, a los cuales les pagaban tributo. 

Esta unión de grupos lingüísticos subordinadas no parece haber cambiado mucho en el periodo virreinal. 

En Calimaya y Tepemaxalco, antiguamente, los grupos dominantes al momento de la llegada de los españoles y aún cuando se congregaron los poblados coloniales eran los matlatzincas y los mexicanos o nahuas. De ellas dependen los otros dos grupos, los otomíes y los mazahuas, que seguramente tenían sus propios calpullis. Esta

organización fue el origen de los barrios de la localidad de Calimaya, que fueron aumentando con el crecimiento poblacional y en la actualidad los principales son seis: San Pedro y San Pablo, San Martín de Porres, San Juan Bautista, La virgen de Guadalupe, La virgen de los Ángeles y El Calvario. 

La construcción de una capilla

Su nombre refiere a un santo cristiano, debido a que cada uno de ellos al momento de su erección mandó a construir una capilla bajo la advocación de un santo que desde entonces los representó.

Parte de la historia de los pueblos y barrios que hoy conforman el municipio, puede reconstruirse con documentos antiguos, muchos de los cuales se localizan en los archivos locales como son el parroquial, el municipal y del Comisariado Comunal de Calimaya, aunque también en otros localizados fuera como son el Archivo General de la Nación, del arzobispado de México y Toluca, el del Condado de Santiago Calimaya que está en la Biblioteca Nacional de México y el de Indias de Sevilla en España. 

Hay relatos que tienen como objetivo de recobrar algunos de los aspectos fundamentales de la historia y la memoria del barrio del Calvario de Calimaya, uno de los seis que hoy conforman el pueblo de su cabecera municipal. 

Se trata de un barrio ancestral y tan particular, que su fiesta patronal, en la actualidad, resulta la más lucida de las que se celebran en el calendario anual religioso de la municipalidad y que llevan a cabo todos los habitantes. Para realizarla existe una importante organización social en la que participan casi todos los habitantes del Calvario. 

Personas con una raíz propia, que más allá de su individualidad humana, les grita el alma de sus ancestros que han conformado un calpulli o barrio, cuyas raíces profundas no mueren a pesar de los ecos de los cambios de la modernidad que no han logrado disminuir la vida colectiva de los pobladores.

Los monumentos del Calvario

Según el Catálogo de Monumentos Históricos Inmuebles del Estado de México, la capilla del Calvario tiene una temporalidad constructiva predominante del siglo XIX. Su fachada principal está aplanada en cal, sus muros y cubierta son de piedra y su techumbre o cubierta es abovedada y con cúpula. 

La capilla fue ampliada hacia 1900; en la pila de agua bendita se lee “Recuerdo de E. F: Tenango del Valle 5. 17. 1928”.

 Por último se mencionan su retablo y su pintura de caballete. Nada más.

A pesar de que los datos anteriores no dan más información, la estructura general del templo y la tradición oral o la memoria indican que su construcción inició a mediados del siglo XVI. Falta un estudio arqueológico, pero todo parece indicar que el templo está construido sobre un basamento prehispánico usado en el siglo XVI y que el templo data de tiempos virreinales como se menciona en un documento franciscano de 1750 (Directorio de este convento y parroquia de los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo de Calimaya), esta ubicación quizá está sobre los vestigios del antiguo teocalli de Tepemaxalco.

La tradición de las pinturas de las escalinatas

Al principio del siglo XX, se sabe que inició la tradición de realizar una representación pictórica sobre las escalinatas de la Capilla del barrio del Calvario. Don Bonifacio López González fue el primer autor de la obra artística. En ese entonces, utilizó pintura mineral que plasmó haciendo figuras en los bordes de las escalinatas con diversos colores.

Costumbre que continuó hasta 1916. Posteriormente, don Juan López González, hermano de Bonifacio, cambió el género artístico y empezó a pintar paisajes hasta el año 1940. 

Más adelante volvió a cambiar el género con el señor Clemente López Torres, sobrino y

ayudante del señor Juan López González. Él imprimió otro sello pues cambió los paisajes por motivos religiosos; su trabajo continuó hasta 1981, y desde 1982 hasta la fecha, continuó el señor Miguel López Mendoza, hijo de Don Clemente López y en los últimos años su hija Marilyn Lopez. 

Los calimayenses y los oriundos del barrio del Calvario, estamos orgullosos porque hoy se reconoce este trabajo como un atractivo cultural que tiene un sello muy propio producto de nuestra particular identidad como poblado y como barrio.

La leyenda sobre la pintura del Señor del Calvario (proporcionada por Kenneth Delgado Mendoza y Rodolfo Mendoza Guadarrama).

El pueblo dice que su capilla es un: “bello edificio que parece estar construido sobre nubes, matizadas con la imagen de Dios. ¿Y qué de extraño hay en ello? cuando la capilla está custodiada por un volcán sagrado, imagen del misticismo y la sacralidad ancestral. 

La leyenda del peregrino

Cuentan los viejos del barrio y lo repiten los jóvenes, que una noche, no se recuerda el tiempo, pero si se dice que caía una lluvia torrencial, y se sentía ese frío inclemente que hace sentir la nieve del volcán, cuando de pronto, apareció un humilde peregrino. 

Atravesaba la zona sur de Calimaya, allí donde en la actualidad se le conoce como “el arco” o “el tanque del agua”. Todavía el lugar estaba sellado por el follaje de una multitud de árboles. 

El hombre estaba muy agotado y sentía una enorme necesidad de que algún habitante le alojara en el calor de su hogar. Con sus piernas y brazos helados por el frío, terminó tocando en la puerta de una pequeña casa. Tocó y tocó… hasta que un par de ancianos le abrieron y le miraron con cierto desconcierto. Finalmente, después de unos minutos, le invitaron a pasar, justamente cuando la lluvia arreció. 

Ya en el interior, los ancianos le proporcionaron algunas mantas y ropas para entrar en calor. Después de agradecer la acogida, frente al fogón del hogar, el peregrino les comunicó que se dirigía hacia el Santuario del Señor de Chalma, les narró que venía de tierras lejanas y que se había atrevido a molestarlos ante la inclemencia del tiempo. Los ancianos, por alguna razón, se sintieron complacidos y le invitaron a compartir los alimentos de su mesa.

Mientras comían hablaron sobre los cultivos de temporal. Después le ofrecieron un sitio para que pudiera dormir y reposar de su cansado viaje. 

Los ancianos hicieron lo propio y la noche transcurrió con el arrullo de la lluvia, acompañada paralelamente de un silencio proveniente de los misterios de las nieves volcánicas. 

Cuando se sintieron los primeros rayos de la alborada, los ancianos despertaron y se dispusieron a preparar algunos alimentos para el desayuno del peregrino; sin embargo, cuando fueron en su búsqueda se percataron que este ya no estaba. 

No pudieron pensar que se tratara de un ladrón, pues todo estaba completo en el lugar, y en cambio, el caminante había dejado un extraño y pesado petate enrollado. Le miraron, y decidieron guardarlo y no tocarlo hasta que el personaje regresara.

El tiempo transcurrió, y al cabo de muchos meses, decidieron que no harían mal a nadie si miraban qué es lo que había en el interior de aquel raro objeto. Después de que quitaron los amarres, se quedaron atónitos al mirar la imagen del Señor del Calvario sobre un lienzo.

Como pensaron que se trataba de un milagro, con exaltada alegría la pareja salió al pueblo y contó al párroco y a todos los habitantes el maravilloso suceso. 

Convencidos todos de que se trataba de un mensaje del cielo, decidieron construir la primera edificación de lo que actualmente conocemos como la capilla del Señor del Calvario.

Como todo mito, esta leyenda nos remite a un origen. Aquí se nos narra como la deidad eligió a su pueblo y como este eligió a su deidad. En este caso se trata del Señor del Calvario, representante ancestral del barrio, eje de su identidad, guardián y custodio de sus habitantes.

**Armando Arriaga Rivera, cronista de Calimaya por la AMECRON

TE SUGERIMOS:

¡La Jornada Estado de México ya está en WhatsApp!Sigue nuestro CANAL y entérate de la información más importante del día.

TAR

UAEM2
Banner Entretenimiento