Durante los meses de mayo o junio en Temascalcingo, Estado de México, celebramos el Xita Corpus, un ritual dedicado a la prosperidad agrícola, donde conviven antiguos ritos prehispánicos de los Jñatjo (Mazahua) y Hñähñu (Otomí), y por otra parte la fe cristiana expresada en la celebración del Corpus Christi. Es un espacio donde conviven lo real, lo fantástico y lo simbólico, donde se enlazan el tiempo y la historia a través de la tradición.
Tradición con origen incierto
Siguiendo lo anterior señalar que no es posible establecer una fecha precisa sobre el origen de los Xitas, a partir del consenso existente en las investigaciones sobre esta tradición, se considera que es un ritual dedicado a la lluvia de origen prehispánico tan antiguo como el asentamiento de los Jñatjo y Hñähñu en esta región durante el posclásico tardío, alrededor del siglo 13 de la era común.
Para esta celebración las máscaras y el atuendo utilizados por los participantes son únicos, al reflejar la personalidad de cada uno, que durante semanas confeccionan su vestuario hecho a mano.
Los trajes compuestos de fibras de maguey, usualmente reciclando costales usados en la cosecha del maíz, máscaras de tronco de maguey o de colorín, que simulan a un anciano de barba descuidada y larga, ojeras pronunciadas y rasgos marcados de una vejez producida en el campo, sobre la cabeza portan sombreros rústicos de irregulares formas generalmente hechos de ramas de sauce y cartón; se porta en la espalda un huacal, con objetos de la vida cotidiana del campo, adhieren al conjunto de sus atavíos latas y objetos ruidosos, portan también en las manos un bastón o un lazo.
El baile de los Xitas
La tradición da inicio días antes del jueves de Corpus Christi, con recorridos previos en cada comunidad y barrio, el día miércoles previo a esta celebración se reúnen el grupo de los Xitas, ancianos, jóvenes y niños en el interior de su capilla, comienzan a realizar danzas con música de violín y tambora.
Ya avanzada la noche el grupo de Xitas sale al atrio del templo para realizar bailes en medio de gritos, y lamentos, se torean enfrentando un pequeño torito, hecho de madera y piel de becerro, que carga un hombre de la comunidad sobre sus hombros, algunos llevan en sus manos animales disecados o recién sacrificados: zorras, tlacuaches, ardillas, culebras, aves, etcétera, durante esta ceremonia acuden vecinos de la comunidad también los cargueros, mayordomos, fiscales que forman parte de la organización religiosa de la comunidad quienes hacen los nichos de las imágenes religiosas que participan, las cuales van adornadas con flores, panes, frutas y matas de maíz tierno.
Horas después de terminada la víspera, los Xitas irrumpen en el alba, durante el Jueves de Corpus Christi, con los sonidos de cohetes y campanas de la capilla del pueblo, donde da comienzo la procesión, que recorrerá durante el día las calles de Temascalcingo, los Xitas, al ritmo de tambora y violín, encabezan el contingente religioso compuesto por personas de su comunidad quienes llevan a la imagen del santo patrón a sus hombros.
Durante el recorrido los pasos siguen el compás de la tambora quedando a la voluntad entera del participante su ejecución, saltos y gritos acompañan su baile; el contingente de viejos es guiado por un viejo y vieja mayor el primero de ellos también llamado pale xita quien considera al grupo entero sus hijos; el torito ya mencionado, que porta una mata de maíz en la boca, controla el orden de los danzantes quienes lo retan y torean, al final del recorrido el toro será vencido con la muerte y resurrección del viejo mayor.
A su vez los mayordomos cargan palanganas con ceras y flores, símbolo de mando, poder y respeto; se esparce copal y repican una pequeña campana, se van entonando cantos y echan cohetes que truenan en el cielo, que junto a los gritos de los Xitas se acompañan de música de tambora y de violín. Los Xitas van danzando en su recorrido varios kilómetros hasta llegar a la cabecera municipal donde la imagen religiosa descansará en la parroquia, ahí también se conglomeran todos los pueblos y barrios participantes.
Los grupos de Xitas están compuestos entre 20 a 50 personas, en ocasiones más numerosos, se reúnen en la plaza principal de Temascalcingo y van de puesto en puesto bailando jarabes y se les da fruta, comida, bebida, que colocan en una canasta en medio de gritos y acompañados por la música de tambora y violín, la gente que observa les dice “pidan agua para el maicito”, durante varias horas bailan y hacen pequeñas travesuras, y así recorren comercios y calles.
El regreso de la procesión
A la 1:00 de la tarde se inicia una procesión religiosa que sale del templo, con todas las imágenes religiosas de los barrios y pueblos, los nichos de las imágenes van adornadas con flores, frutas, panes y plantas de maíz, se esparce copal, se elevan cohetes, y los mayordomos y cargueros portan sus boximos, palanganas con flores y el bastón de mando. La procesión la encabeza el párroco y también participa un nutrido grupo de niños y niñas con atuendos típicos, en la parte final de la procesión van los viejos de corpus o Xitas.
Después de haber hecho el recorrido, los grupos de Xitas se reúnen en el atrio de la iglesia para comer, con los mayordomos, fiscales y sus familiares. Los participantes de esta tradición se sientan en el suelo y reciben su plato con algún guiso típico de la región acompañado de salsa y tortillas, se bebe pulque y tepache, antiguamente sjendechjo de cebada y germinado de maíz.
Terminada la comida se sigue danzando por las calles, invocando la lluvia. Los Xitas, con sus máscaras muestran su realidad interna, liberan de su cuerpo y espíritu la energía de su ser, usualmente cae la lluvia en medio de invocaciones humanas, de cantos de ranas y grillos, de personajes y animales que se mueven y danzan en el paisaje mientras renuevan el rito milenario y la coexistencia con la naturaleza y el universo.
Ya de tarde regresan los grupos de Xitas a sus comunidades, van acompañado a sus santos, en tanto los mayordomos, músicos y rezanderos elevan sus oraciones a la vez que avivan las brasas de los copaleros para producir oloroso humo ceremonial. Al llegar a sus templos son recibidos con repiques de campanas, en tanto los Xitas danzan en el atrio de la iglesia, las imágenes vuelven a ocupar sus sagrados sitios. Es en este momento cuando los Xitas, escenifican la muerte del viejo mayor, las campanas tocan a duelo y los demás viejos lanzan lastimeros llantos mientras lo llevan a enterrar, y de repente resurge provocando gritos de alegría y las campanas repican jubilosas.
Continúa la música y la danza, se celebran las últimas oraciones y cantos para despedirse; ha entrado la noche, y los del Barrio de El Puente realizan en ese momento un ritual en el oratorio que se ubica en las márgenes del río Ndareje. Finalmente regresan a sus casas liberados, han dejado la tristeza, rencores, miedo, han invocado la lluvia, ha llovido. Con esta ceremonia se renueva la fe y se fortalece el espíritu del pueblo.
Información de Francisca Feliciana García Martínez, cronista de Temascalcingo por la AMECRON
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