La violencia que rompe la puerta de casa

La violencia que rompe la puerta de casa

Columna invitada con Hugo De la Cuadra

Redacción
Septiembre 7, 2026

Una tragedia que revela cuánto depende un país de instituciones capaces de anticipar el riesgo

Hay crímenes que se registran en una estadística y hay otros que atraviesan a una sociedad como el asesinato de Jonathan “Honas” Meléndez, tecladista y fundador de Camilo Séptimo, junto con su esposa embarazada, su hija de tres años y una joven trabajadora del hogar. No sólo por la brutalidad del hecho, sino porque ocurrió en un espacio que representa, para cualquier ciudadano, la última frontera de seguridad: el hogar.

México ha aprendido, dolorosamente, a identificar la violencia asociada al crimen organizado, las disputas territoriales y las economías ilícitas. Pero este caso obliga a mirar otra dimensión del problema: la violencia extrema que puede surgir de relaciones cercanas, conflictos económicos y entornos aparentemente ordinarios. 

Cuando el miedo deja de tener un territorio definido y puede instalarse detrás de cualquier puerta, el daño social rebasa ampliamente a las víctimas directas.

El impacto es profundo porque erosiona uno de los activos más importantes de cualquier Estado: la confianza. La ciudadanía necesita creer que puede trabajar, formar una familia, emprender y convivir sin que una diferencia personal o económica pueda escalar hasta una tragedia de esta magnitud.

La primera respuesta institucional mostró un punto clave: Las autoridades reportaron la detención de dos personas vinculadas con el multihomicidio en menos de doce horas, mediante coordinación entre corporaciones de distintos órdenes de gobierno. 

Es una reacción relevante. La investigación eficaz, la inteligencia, el seguimiento tecnológico y la coordinación policial demuestran que el Estado puede responder con velocidad cuando sus capacidades se articulan.

Pero detener a los probables responsables no debe ser el punto final. La seguridad pública moderna no puede limitarse a reaccionar después del disparo, tiene que identificar riesgos antes de que se conviertan en violencia, fortalecer la investigación de amenazas, mejorar los mecanismos de denuncia, combatir la circulación ilegal de armas y construir capacidades institucionales para intervenir oportunamente en conflictos que muestran señales de escalamiento.

La huella que deja un crimen más allá de los números

También existe una batalla menos visible: la percepción. Un solo crimen de enorme crueldad puede tener un impacto social superior al de muchas cifras positivas. Por ello, los avances estadísticos en materia de homicidio deben comunicarse con responsabilidad, pero nunca utilizarse para minimizar el dolor que generan hechos como éste. Las cifras explican tendencias; las víctimas explican la urgencia.

México necesita una política de seguridad capaz de hacer ambas cosas: reducir los delitos en los indicadores y reducir el miedo en la vida cotidiana. Investigación sin impunidad, prevención sin improvisación y coordinación sin protagonismos.

El caso de Jonathan Meléndez y su familia no debe convertirse únicamente en una noticia que conmocione durante algunos días. Debe convertirse en una exigencia colectiva para perfeccionar nuestras instituciones.

Porque el verdadero éxito de una estrategia de seguridad no consiste solamente en detener al responsable después de una tragedia. Consiste en construir un país donde cada vez sea más difícil que la tragedia ocurra.

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