Los objetivos planteados en el Tratado de Libre Comercio (TLC), que entró en vigor en 1994, eran: a) eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y de servicios entre los territorios de las Partes; b) promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio; c) aumentar sustancialmente las oportunidades de inversión en los territorios de las Partes; d) proteger y hacer valer, de manera adecuada y efectiva, los derechos de propiedad intelectual en territorio de cada una de las Partes; e) crear procedimientos eficaces para la aplicación y cumplimiento de este Tratado, para su administración conjunta y para la solución de controversias; y f) establecer lineamientos para la ulterior cooperación trilateral, regional y multilateral encaminada a ampliar y mejorar los beneficios de este Tratado.
El T-MEC que sustituyó al anterior en julio de 2020, no especifica objetivos como si hizo el anterior, queremos suponer que se mantuvieron, es claro que para lograrlos deben existir algunas condiciones que no se mencionan en el documento, uno de ellos es el agua como recurso económico para fines de producción, implícito para los objetivos b), c), e) y f).
La planeación económica parte de la necesidad de conocer la disponibilidad de algunos factores de producción, por ello la necesidad de firmar tratados de distribución de agua como la que tenemos con el vecino del norte y plasmado en el Tratado de Aguas de 1944, se reconocen afluentes históricos para determinar volúmenes y temporalidades de aprovechamiento.
Ya se ha comentado que es un acuerdo benéfico para México, pero tampoco se puede soslayar que surge de los conflictos fronterizos del siglo XIX, donde se perdieron los territorios del norte, y que seguían existiendo conflictos sociales por los efectos que tuvo el ya no contar con el agua para la producción de las entidades que permanecieron en México.
Adicional a lo anterior, y entre países, también se exporta e importa agua a través del agua virtual de los productos considerados en el T-MEC, según el producto y el volumen, ya sea deficitario o superavitario, el saldo neto de agua puede ser positivo o negativo, y esto debe considerarse al momento de hacer las negociaciones.
Por supuesto, en condiciones de desigualdad de fuerzas, es dificil y no deseable combinar en este caso el T-MEC y el Tratado de 1944, al meterlo en una sola bolsa, las prioridades pueden jugar en contra de este último, si en aras de preservar los beneficios comerciales, se pusieran en peligro a los sectores agrícolas del norte y la disponibilidad de agua para nuevas inversiones.
Por tanto, y con el objetivo de lograr los mejores beneficios para México, y si se van a poner sobre la mesa ambos temas, entonces habrá que ir con la información completa y considerar los productos que importa Estados Unidos con un volumen alto de agua virtual, y sea considerado en las negociaciones. También se puede prever que los objetivos del T-MEC cambiarán bajo las nuevas políticas y también debemos prepararnos para una posible reconversión industrial.
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