Jimena Valdés Figueroa

Jimena Valdés Figueroa

¿Qué nos dicen los resultados de la prueba PISA?

Esta semana, los resultados de la prueba PISA volvieron a colocar en el centro de la conversación pública una pregunta incómoda: ¿Qué tanto estamos logrando que las y los estudiantes desarrollen las habilidades básicas que necesitan para participar plenamente en la vida social, económica y democrática del país? La alarma se ha concentrado, con razón, […]

Redacción
Septiembre 12, 2026

Esta semana, los resultados de la prueba PISA volvieron a colocar en el centro de la conversación pública una pregunta incómoda: ¿Qué tanto estamos logrando que las y los estudiantes desarrollen las habilidades básicas que necesitan para participar plenamente en la vida social, económica y democrática del país? La alarma se ha concentrado, con razón, en el deterioro de los aprendizajes en matemáticas y lectura, tanto en México como en buena parte de los países que integran la OCDE.

Mucho nos quejamos de los resultados obtenidos, pero ¿sabemos a fondo de qué se trata la prueba PISA? Sus siglas en inglés significan Programme for International Student Assessment y se trata de un estudio comparativo, coordinado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que evalúa las habilidades y conocimientos de estudiantes de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias. Al ser una evaluación periódica y comparable entre países, su propósito principal es determinar en qué medida quienes están por concluir, o ya concluyeron, su educación básica han adquirido los aprendizajes fundamentales para afrontar las siguientes etapas de su vida y participar activa y plenamente en la sociedad actual.

Este instrumento comparativo tiene salvedades metodológicas relevantes. Evalúa a estudiantes de 15 años, no a quienes cursan un grado escolar específico; no mide materias escolares en sentido estricto, sino competencias en lectura, matemáticas y ciencias naturales; y utiliza pruebas diseñadas para permitir comparaciones entre países. Esa mirada comparativa no agota la complejidad de cada sistema educativo, pero sí ofrece información útil para orientar decisiones de política pública.

Otro aspecto relevante es que la prueba se formula a partir de problemáticas situadas en contextos personales, sociales o culturales, lo que permite identificar cómo las y los estudiantes emplean competencias básicas en situaciones reales e inmediatas. Por ello, más que ofrecer un análisis curricular, PISA busca observar la pertinencia y consolidación de conocimientos, aptitudes y competencias considerados relevantes para el bienestar personal, social y económico.

Habiendo planteado todo ello, ¿qué es entonces lo realmente alarmante de los resultados de PISA? Desde mi punto de vista, lo más preocupante es que muchas y muchos jóvenes no cuenten con las herramientas básicas para enfrentar de manera informada su propio proyecto de vida. Que la comprensión lectora no sea parte de su bagaje para tomar decisiones fundamentales; que las matemáticas no les ofrezcan recursos para resolver las disyuntivas cotidianas; y que el pensamiento científico permanezca en niveles de repetición de conceptos, en lugar de convertirse en una práctica de observación, análisis y experimentación.

¿Es ese resultado responsabilidad única del modelo educativo vigente? Tampoco lo creo, o por lo menos no de manera unicausal. Desde una perspectiva temporal, las y los estudiantes de 15 años no han sido formados exclusivamente bajo el paradigma de la Nueva Escuela Mexicana, lo que implica una responsabilidad compartida con marcos curriculares previos. Además, la propia prueba destaca la importancia de los contextos como factores que favorecen o limitan la consolidación de los aprendizajes, lo cual coloca también a las familias como un actor clave frente a una problemática tan grave como que más del 50% del alumnado quede por debajo del umbral mínimo de suficiencia (Nivel 2), alejándose de la media de competencias para el desarrollo global.

Múltiples artículos han señalado la relevancia del papel de las y los docentes en la articulación de una respuesta ante los resultados actuales. Algunos insisten en la necesidad de dar mayor seguimiento a las trayectorias del estudiantado; otros cuestionan si las metodologías empleadas en las aulas, como los planteamientos por proyectos, son realmente eficaces o si habría que regresar a métodos, por decirlo de algún modo, más clásicos. Valga decir que quien plantea esta última salida como solución automática no ha entendido la intencionalidad de la prueba.

Difiero de dichas posturas porque pienso que lo primero que habría que entender es la crisis que hoy enfrenta el personal docente: el avance acelerado de las tecnologías entre las nuevas generaciones, las condiciones de infraestructura que atraviesan a la educación pública, la reformulación de los sistemas de cuidado y la complejidad de adaptarse, una y otra vez, a modelos educativos que cambian cada vez que el gobierno cambia de colores.

Entender la prueba PISA desde lo que pregunta y analiza implica recolocar el papel que tenemos las familias en la mediación del conocimiento. Supone preguntarnos, en el día a día, qué tanto ejercitamos en nuestras hijas e hijos el pensamiento complejo; qué tan relevante vuelve para nosotros acercarlos a realidades más complejas; y qué tantas opciones promovemos para que puedan echar mano de aquello que aprenden en la escuela frente a los problemas concretos de su vida cotidiana.

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