Los padres y madres de familia tienen un reto digital enorme cuando se habla de concientizar a sus hijas y sus hijos en el uso de la tecnología y más en estos tiempos en los que se discute la prohibición de teléfonos celulares en las escuelas y regular el acceso de menores a las redes sociales.
Los especialistas advierten que son la primera generación de padres y madres de familia que cría a niñas, niños o adolescentes cuya vida se construye en línea y es que en una década, lo digital reconfiguró todo el escenario.
Los retos en la educación siempre han existido. En una década lo digital ha marcado nuevos desafíos por la manera tan rápida en que ha cambiado la forma en cómo los hijos interactúan, aprenden y se ven inmersos en el mundo digital, juegan aprenden y se informan.
Y es que no en pocas ocasiones como padre o madre de familia invade un sentimiento de frustración al no estar familiarizado con el uso y los alcances de las nuevas tecnologías para poder guiar o sugerir.
Sobre este tema una buena noticia es la publicación reciente de la UNESCO “Crecer en un mundo conectado, ¡Se Aprende!” Una guía práctica que se basa en experiencias reales de las familias con aportaciones de expertos de diversas regiones del mundo para reforzar la alfabetización mediática e informacional de todas las edades, al servicio de los docentes, padres y madres.
El diagnóstico que ofrece la publicación no es alentador, sólo cinco de cada 10 padres saben utilizar las herramientas de control parental asistidas por la tecnología, según Alana Institute, organización brasileña de la sociedad civil.
Las cifras obligan a la reflexión, pero llaman a una acción inmediata: Casi uno de cada dos padres se siente insuficientemente apoyado para supervisar los hábitos digitales de sus hijas e hijos, no obstante que 44% de los adolescentes accede a las redes sociales antes de la edad legal de 13 años, más de cuatro de cada cinco jóvenes las visitan a diario y 83% de ellos afirma estar expuesto regularmente a al menos un riesgo en línea.
El primero de los análisis y artículos de la guía refiere al tiempo que se pasa el menor frente a la pantalla y en el título lanza la interrogante ¿Hay que limitarlo, prohibirlo o negociar? Escrito por los especialistas Nevena Dimitrova, Fabio Sticca y Eva Unternaehrer, concluye que las pantallas están por todas partes, pero los menores no las necesitan para crecer, y aunque es difícil eliminarlas por completo, se pueden establecer hábitos saludables que las incorporen de manera consciente y gradual para favorecer el desarrollo y potenciar el crecimiento en lugar de frenarlo.
Informan que los organismos de salud pública sugieren que no se deben proporcionar pantallas a los menores antes de los dos años y no más de una hora al día entre los dos y cinco años; que el contenido que se vea sea con la supervisión de un adulto y de gran calidad, sin embargo en la realidad cuesta mucho trabajo seguir este esquema, ya que solo uno de cada cuatro niños de dos años y uno de cada tres de dos a cinco años lo respetan.
Admiten que para muchas familias, renunciar a las pantallas no es un objetivo realista, por lo que en lugar de pedir que las eliminen por completo, un enfoque más razonable consiste en ayudarles a gestionar el tiempo en la pantalla estableciendo normas y límites claros.
Recomiendan considerar el tiempo frente a pantalla como una actividad más de las que realiza el menor día a día en lugar de la actividad principal, con el reto de evitar que sustituyan otras actividades valiosas como las conversaciones, el movimiento o los juegos.
También proponen establecer normas como no usarlas durante comidas; no utilizarlas una hora antes de acostarse o por la mañana antes de ir a la guardería o al colegio. En este tema proponen realizar transiciones, es decir, cuando el tiempo de pantalla está a punto de concluir, proponen una actividad atractiva como un juego, dibujar o salir a caminar, esto para evitar conflictos y así se acepta de manera más tersa.
En contenidos sugieren plataformas diseñadas para niños, desactivar la reproducción automática y evitar contenidos generados por Inteligencia Artificial o las aplicaciones con compras integradas, recompensas o enlaces publicitarios.
Y lo más importante el ejemplo. Cuando los padres consultan de manera constante el teléfono, en las comidas, en los ratos de juego o en las conversaciones, estas interrupciones constantes denominadas tecnointerrupciones afectan la comunicación y los vínculos afectivos, por lo que lo mejor es generar momentos en familia sin pantallas para que los menores comprendan que pueden permanecer sin pantalla y concentrarse por completo en el momento presente. Todos respetan la norma.
@periodistamex
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