Las ciudades latinoamericanas, las de México no son la excepción, sufren de tal deterioro en su infraestructura de distribución de agua, de forma tal, que los pocos estudios que existen han determinado que un promedio regional de pérdidas de agua oscila entre 40 y 50%, sin embargo, cuando se han llevado a cabo algunos estudios particulares, este porcentaje puede llegar a ser más cercano a 60% que a 40%, algunos de estos estudios fueron realizados hace ya varios años, por lo que se puede asumir que cuando la cuantificación, precede a la inacción, el problema tenderá a agravarse, cada año adicional de vida útil de infraestructura está más cerca de la ineficiencia operativa, si no se le da mantenimiento, o rehabilita o sustituye.
Las condiciones de la extensa red de tubería llega a ser para las grandes zonas urbanas una caja negra, una forma de infraestructura que una vez colocada funciona, y que la olvidamos hasta que algo falla y es entonces cuando recordamos que hay algo enterrado que lo provocó, en el caso de la Ciudad de México son muchas cosas que pueden salir mal, incluídos los hundimientos y terremotos que fracturan las líneas de conducción.
En ocasiones, las fallas se muestran a nuestros ojos en forma de fugas de agua, pero muchas otras ocasiones se mantienen ocultas y no las podemos detectar, son solo sus efectos los que percibimos, baja la presión del agua, o simplemente ya no llega a nuestros hogares con la frecuencia necesaria, en las primeras ocasiones en que ocurre, la población se queja y hace un reclamo a su solución, pero con el paso del tiempo, y con la indiferencia de las autoridades responsables, terminarán por normalizar. -“Existió un tiempo que teníamos agua todo el tiempo”- recordarán algunos, ahora tenemos tandeos, es necesario comprar bombas para que el agua llegue a nuestros tinacos, es lo que dirán.
Con el paso del tiempo, los sistemas han tenido la oportunidad de modernizarse, las tecnologías que se incorporan a la operación de los organismos operadores permiten conocer ahora que pasa en el subsuelo, nos da alertas, y avisa incluso antes de que aparezcan problemas y nos permite prevenir afectaciones, sin embargo, invertir en estas herramientas se suma a una necesidad de sustituír la infraestructura existente, los montos económicos se multiplican, hasta llegar a ser inasequible para aquellos países con presupuestos limitados.
A lo anterior se suman los costos operativos de una operación actual ineficiente, las ciudades deben producir mayores volúmenes de agua para “compensar” las pérdidas de agua crecientes en fugas visibles y no visibles, cuando nos referimos a producir, queremos decir todo el proceso del ciclo urbano del agua que permite que llegue a nuestras casas hasta que es devuelta a la naturaleza para que continué con su ciclo natural.
Si los datos aproximados se mantuvieran en 50%, quiere decir que el costo de prestación de servicio público se desperdicia en este porcentaje, los recursos públicos se invierten en gestionar este volumen de agua que será desperdiciado, que se perderá en tratar de llevarlo a quien lo necesita, a las personas para sus necesidades personales y para las empresas que dependen de ella para sus actividades económicas, es en este mismo porcentaje que la demanda de agua se incrementa, debido a nuestra deficiencia de operación y que sobreexplota nuestros acuíferos.
Es en este entorno que se ha querido ver a la reutilización de agua como “la solución”, la que lleve a arreglar la escasez de agua en las ciudades, pero acaso tendríamos que preguntarnos si no debe ser un segundo paso, después de disminuir las pérdidas físicas de agua, pensar que por reutilizar disminuirá el volumen actual de aprovechamiento es irreal, en el mejor de los casos se mantendría, puede ser una solución para aquellos usuarios o usos que cuentan con cierto grado de eficiencia física de agua, pero no para el uso público urbano que es en gran medida ineficiente, es probable que el costo-beneficio económico y ambiental sea menor, es válido hacernos estas preguntas cuando está todo en juego bajo las actuales condiciones hídricas de nuestros países.
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