Araminda Cárdenas, bióloga: Una guía en el apasionante mundo de los insectos

Una guía en el apasionante mundo de los insectos

Araminda Cárdenas, bióloga: Una guía en el apasionante mundo de los insectos

Lejos de congresos y reuniones de élite, la científica, egresada de la UAEMéx reivindica el papel crucial de estos seres vivos en el equilibrio del medio ambiente.

Sergio Macedo
Agosto 8, 2026

Apasionada de los insectos, de la naturaleza y de los mecanismos que sostienen la vida, Araminda Cárdenas lleva más de 22 años haciendo divulgación científica a su manera. 

No acude a congresos internacionales ni escribe artículos académicos pomposos; prefiere recorrer las comunidades más alejadas, conversar con la gente, recuperar el conocimiento ancestral y promover el equilibrio universal. 

Está convencida de que el ser humano es solo un invitado en el planeta y, por eso, clama por frenar el cambio climático.

Su fascinación por los seres vivos nació en la infancia. A los cinco años, su abuelo la llevó al Museo de Ciencias Naturales, en El Calvario de Toluca. Ahí, frente a la colección de insectos de Luis Camarena, una de las más grandes del Estado de México, tuvo una revelación: “Abuelo, algún día haré eso”, le dijo. Aquella ilusión infantil trazó su camino en la ciencia.

Dos carreras y un solo esfuerzo

Originaria de San Pedro Totoltepec, Araminda es ejemplo de perseverancia, ingresó a la preparatoria a los 11 años y, a los 14, cursaba casi al mismo tiempo dos carreras en la Universidad Autónoma del Estado de México: Biología e Ingeniería Agrónoma Fitotecnista. Reconoce que no fue fácil; sus profesores no la tomaban en serio, le sugerían evaluaciones psicológicas y cuestionaban si estaba emocionalmente preparada para el reto.

Lejos de rendirse, la incredulidad de sus maestros la impulsó. Una vez en la Facultad de Ciencias Agrícolas, hizo del laboratorio de entomología su segunda casa: colectó, identificó, clasificó y se volvió experta en la conservación de colecciones científicas.

Mientras muchos sienten aversión por los insectos, ella descubrió su valor esencial. 

“La gente no sabe que estos seres depredan muchas especies de mosquitos que transmiten enfermedades como el dengue. Las cucarachas, por ejemplo, son limpiadoras; purifican y degradan la materia, igual que los camarones. Por eso es importante que alguien los investigue”.

Además de su pasión por los insectos, Araminda encuentra en el senderismo y ciclismo de montaña otra forma de hacer ciencia. Recorriendo veredas y cumbres ha descubierto que muchas plantas medicinales se están perdiendo porque no existe un registro o archivo que las resguarde. De ahí, dice, la urgencia de recuperar el conocimiento ancestral para transmitirlo de generación en generación.

Con 38 años de edad, la divulgadora ha trabajado principalmente en municipios del sur de la entidad: Tejupilco, Luvianos, Santo Tomás de los Plátanos y Zinacantepec. Ahí ha compartido el conocimiento científico sin fines de lucro, porque, dice, “es la oportunidad ideal para sensibilizar a la gente en el cuidado del planeta”, además de promover proyectos productivos comunitarios. 

“Lo que hago es por pasión, obvio debo vivir de algo, pero aun así la pasión es lo más importante, eso me ha permitido no trabajar desde hace mucho, es un disfrute”.

“Somos invitados en el planeta”

Cuanto más se adentraba en la biología, más clara tuvo una idea: el ser humano solo es un invitado en la Tierra. “Los únicos dueños del planeta son los árboles, los insectos, los animales, las plantas. La naturaleza solo nos da la oportunidad de estar aquí para convivir con ella; entonces, nuestra responsabilidad es conservar el ambiente”, afirma.

En ese sentido, señala que tanto la biología como la agronomía le han dado grandes enseñanzas, no solo académicas, sino de vida.

“El conocimiento sin práctica es estéril y la práctica sin conocimiento es histeria”, asegura.

Lamenta que muchas veces despreciamos los saberes tradicionales bajo la creencia de que solo el profesionista conoce más. 

“Nosotros solo tenemos la base científica, somos un grano de arena en el universo comparados con el conocimiento ancestral y no lo valoramos. Por eso la divulgación científica debe llegar a los rincones más alejados”, advierte.

Biólogos y agrónomos, médicos del planeta

Araminda considera que biólogos y agrónomos son los médicos del planeta, capaces de diagnosticar las enfermedades que aquejan a la Tierra. 

“Tenemos una gran responsabilidad: preservar la vida y, al mismo tiempo, alimentar al mundo con productos sanos, naturales. En esa tarea, los saberes ancestrales juegan un papel fundamental”.

Como médica de la Tierra, advierte que no le estamos dando la importancia debida a una enfermedad grave: la devastación forestal. Señala que tampoco existen los recursos financieros y humanos para motivar y capacitar a la gente en el cuidado de la naturaleza.

Para la científica, el tratamiento es claro: una alta dosis de capacitación, conocimiento y sensibilización. Solo así se generará la conciencia necesaria para preservar la biodiversidad del planeta.

Reconoce que, en estos momentos, la humanidad está desarticulada, desconectada de la Tierra. Si bien existen iniciativas para resarcir el daño, apenas son unos granos de arena. “Hace falta convertirse en un gran reloj de arena, sumar esfuerzos. El tiempo se agota, es urgente unirnos”, advierte.

Para revertir el daño al planeta se debe reforestar de forma adecuada, con especies endémicas y con conocimiento; proteger mares y selvas; conservar plantas nativas e insectos, e incentivar los saberes ancestrales. Solo así se podrá reestructurar la Tierra. Señala.

A pesar de que la Tierra se encuentra en terapia intensiva, todavía hay tiempo para frenar el daño. Todo, dice, tiene un equilibrio proporcional y debe ser recíproco, si algo se toma, se debe dar algo a cambio, pero el ser humano solo obtiene, devasta, sobreexplota, depreda. “Cuando entienda el equilibrio universal, el factor proporcional, en el momento en que le regresemos a la Tierra algo de lo mucho que nos da, vamos a generar su cura”, subraya.

La científica dice que la Tierra tiene mucho que enseñarle al ser humano, principalmente a ser resiliente. Aquí todo está por algo: hay cadenas tróficas, un número finito de especies, mutualismos, ayuda entre especies, sinergias. Si el hombre desaparece, el planeta seguirá, incluso se va a regenerar.

Al respecto, Araminda menciona que ya no se puede ignorar el cambio climático: el incremento de las temperaturas es evidente. Y cómo no, si cada vez hay más carreteras, menos árboles y menos agua. Es momento de generar techos verdes, de tener jardines con plantas nativas que ayuden a los polinizadores, de contar con sistemas captadores de agua de lluvia para no vaciar los mantos freáticos, de respetar y conservar especies y de promover liberaciones masivas que generen equilibrio.

Otro punto que destaca tiene que ver con la modernidad y la creencia de que necesitamos cambiar de teléfono cada año, usar pantallas al último grito de la tecnología. Todo eso es intrascendente. Lo realmente necesario es separar residuos, hacer composta, tener patios verdes para regresarle nutrientes a la tierra.

Para finalizar, la agrónoma reconoce que, a pesar de la importancia de la divulgación científica y del cuidado del planeta, es muy complicado tener foros para plantear sus ideas, no se diga de obtener recursos. Aun así, hay que darle valor. “Entendamos que el futuro no es el futuro, es hoy. Dejemos de presionarnos por tener un estatus, el último grito de la tecnología, preocupémonos más por conservar nuestras raíces”.

Con un doble grado académico, en ingeniería agrónoma y en biología, ofrece pláticas en diferentes comunidades mientras defiende la máxima de que los humanos solo somos invitados en el planeta. Foto Especial

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