Acompañada por la gobernadora Delfina Gómez y el alcalde Daniel Serrano, la presidenta Claudia Sheinbaum, recorrió las obras que permitirán convertir al Lago de Guadalupe en una nueva fuente de agua potable para el Valle de México. La inversión ronda los 5 mil 530 millones de pesos y el sistema tendrá capacidad para procesar hasta 3 mil litros por segundo.
Pero para Izcalli existe un dato todavía más importante: 450 litros por segundo serán para el municipio. No es menor en una ciudad que durante años ha enfrentado problemas de suministro y una fuerte dependencia de fuentes externas.
Aquí aparece la dimensión que puede perderse entre las fotografías de la gira. Daniel Serrano lleva meses acompañando el proyecto desde el ámbito municipal. Su gobierno participó en reuniones técnicas y el alcalde insistió públicamente en dos cosas: que Izcalli debía recibir un beneficio directo y que el aprovechamiento no podía comprometer la sustentabilidad del lago.
La supervisión presidencial convierte ahora aquellas gestiones en algo medible.
Serrano no construye la planta ni tendría sentido atribuirle una obra federal. Su ganancia social está en otro lugar: lograr que una inversión estratégica de la Federación aterrice en su territorio y tenga consecuencias concretas para sus gobernados.
Para Izcalli significa agua. Para Serrano, algo que en política suele valer tanto como una obra propia: capacidad de gestión.
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