Memoria de un crimen que marcó a Zacualpan: La tragedia de la hacienda Corona

Memoria de un crimen que marcó a Zacualpan

Memoria de un crimen que marcó a Zacualpan: La tragedia de la hacienda Corona

El Gran Corrido Moderno como también se conoció a esta canción fue ilustrada por el creador de la Catrina, José Guadalupe Posadas.

Redacción
Julio 12, 2026

El asesinato de un ciudadano inglés y de los trabajadores de su casa inspiró un corrido de la muerte de los siete bandoleros que lo perpetraron, ilustrado por José Guadalupe Posada

**Ricardo Cuahutémoc Gómez Urueta

Zacualpan es un municipio del Estado de México situado al sur de la entidad y en su territorio de vegetación exuberante y rodeado de altas montañas, frondosos montes y soleadas colinas, durante más de tres siglos floreció la minería que en sus inicios dio fama nacional a la llamada “Provincia de la Plata”.

El crimen contra los Remmett

Fue precisamente en una colina de la Sierra Coronas, en la hacienda del ciudadano inglés don Roberto Remmett, donde el 9 de julio de 1901 se cometió un crimen que indignó a los vecinos de Zacualpan y pueblos aledaños, sorprendió a la opinión pública, dio motivo para la atención inmediata del presidente municipal de Zacualpan y del Jefe Político del Distrito; y sobre todo, provocó la intervención directa del gobernador del estado, el general José Vicente Villada. 

Según los registros la pareja de ingleses fue atacada en su propiedad por siete bandoleros que con machetes y pistolas asesinaron y prácticamente despedazaron al personal de servicio.

Después y con lujo de violencia asesinaron también a Roberto Emmett frente a su esposa y la obligaron a decir dónde estaba el dinero de la casa y sus joyas.Obtuvieron un botín de 200 pesos.

Memoria de un crimen que marcó a Zacualpan: La tragedia de la hacienda Corona

En un momento de descuido la señora Emmett escapó, por eso fue encontrada al dìa siguiente, malherida, con la ropa desgarrada y oculta en una zanja.

El Maestro Gerardo Novo Valencia en su artículo titulado “Corrido de los siete fusilados de Toluca”, transcribió el texto (probablemente de autor anónimo), del suceso narrado en forma de corrido en un pasquín del impresor y editor Antonio Vanegas Arroyo e ilustrado por el grabador José Guadalupe Posada, exhibido en el Museo del Estanquillo del escritor y periodista Carlos Monsivais. 

Sin embargo, existe otra versión del crimen y de sus consecuencias finales, debida al poeta y trovador zacualpense Antonio González, que gentilmente nos proporcionó el profesor y poeta Arnulfo Pérez López. 

La segunda historia, narrada a través de la “Bola de un suceso notable en Las Coronas, México”, describe con un lenguaje rústico y sincero, con mayor detalle y sensibilidad el trágico suceso y se complementa con dos documentos resguardados en el Archivo Histórico de Estado de México que aquí se transcriben.

Dos versiones de un crimen

El primero, un telegrama dirigido al gobierno estatal por el jefe político del Distrito de Sultepec, informando el acontecimiento: 

Sultepec, Méx. 10 de Julio de 1901

Al C. Secretario General del Gobierno del Estado de México

En mensaje de hoy que recibí a la 1:30 p.m. El Presidente municipal de Zacualpan me dice: “anoche como a las 12 fue asaltada la negociación minera “Corona” por 10 o 12 individuos desconocidos llevándose dinero y alhajas y habiendo asesinado al señor Roberto Remmett, velador Isabel Estrada y mozo Juan Serrano, dejando a la señora esposa del señor Remmett golpeada”.

Hoy a las 8 a.m. se tuvo la noticia, inmediatamente me trasladé con el juez conciliador a ese lugar y este mencionando ya practica averiguaciones. Lo que tengo la honra de comunicar a Usted para su superior conocimiento; manifestándole que ya me dirijo a jefes políticos de Tenancingo, Taxco, Teloloapan y Temascaltepec para que vigilen caminos y aprehendan a sospechosos. Para persecución de malhechores carezco fuerza.

Espero instrucciones esa superioridad, el Jefe Político Francisco de A. Acosta”

Y el segundo con las instrucciones precisas del gobernador Villada:

Toluca, México, 11 de julio de 1901.

Al C. Francisco de A. Acosta, Jefe Político de Sultepec

Hoy salió rumbo a Zacualpan el Teniente Martínez con fuerza a su cargo, pernoctarán en Villa Guerrero y mañana en Malinaltenango. Puede desde luego, comunicarle orden para que se sitúe en el punto que sea conveniente y marche a ponerse al frente de la fuerza procurando por cuantos medios sean posibles, averiguar quienes cometieron el crimen y perseguirlos hasta su aprehensión. Remita nota y señas de alhajas robadas. Ordene que se pongan en movimiento veintenas para auxiliar a fuerza del Estado.

 J.V. Villada.

Estos son algunos fragmentos de la canción de Antonio González:

Público ilustrado dígnate escuchar

¡Oh respetable auditorio!

con profundo luto te voy a explicar

un accidente notorio.

Hacia el Occidente una legua y media

del mineral de Zacualpan, 

se hallaba una finca aislada en la sierra

que ocho bandidos asaltan.

En esa finca habitaban

con la calma verdadera

Roberto Remmett y su esposa.

ambos eran de Inglaterra.

Sólo dos criados con ellos

vivían en aquella casa

de toda arma desproveídos

por su máxima confianza.

Una noche triste de julio el día nueve

de mil novecientos uno, 

junto con sus criados le dieron muerte

a Roberto ¡que infortunio! 

Ocho forajidos a una hora avanzada

dieron el terrible asalto, 

logrando al hacerlos con plomo y espada

materialmente pedazos.

Sentencia de muerte alcanzan ¡qué horror!

ante la primera instancia, 

y la confirmó el tribunal superior

negándoles toda gracia.

Aunque a la defensa Muñoz ocurrió

para alcanzarles indulto,

reunido el consejo no se le admitió

porque pagar era justo

Sus momias fueron llevadas al Mineral de Zacualpan, 

donde fueron inhumadas, como la ley lo mandaba. 

Diecinueve de noviembre de mil novecientos dos,

fusilaron a los siete ¡oh, qué caso tan atroz!

Por ningún motivo hacía mucho tiempo

que no se podía efectuar

en ningún distrito de México o estado,

la pena capital;

pero hecho tan negro, llamó la atención

al Señor Gobernador

que no pudo más que cumplir

el deber de la Nación.

Profundo horror en el alma, al despedirme, me queda

al mirar sacrificadas diez vidas por tal friolera.

¡Oh, público y músicos, poetas y compositores, les

suplica Antonio González, que perdonen sus errores!

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