Nuestra muerte escondida, el peligro está entre los vivos

Nuestra muerte escondida, el peligro está entre los vivos. Foto: Especial

Nuestra muerte escondida, el peligro está entre los vivos

Una lectura para estas noches de Día de Muertos en las que recordar a quienes se fueron también significa preguntarnos qué nos asusta de quienes siguen aquí.

Alejandro Baillet
Noviembre 1, 2026

Hay muertos que regresan para contar lo que dejaron pendiente, fantasmas que se aparecen cuando menos se les espera y presencias que convierten una noche cualquiera en una experiencia difícil de olvidar. Pero cuando el miedo se instala en la casa, en la calle o en la vida cotidiana, quizá el verdadero peligro no venga del más allá, sino de este mundo que habitamos.

Esa es una de las inquietudes que atraviesan Nuestra muerte escondida, el libro de cuentos de terror de Uriel Reyes, publicado por el sello Suma de Letras. Entre apariciones, atmósferas inquietantes y relatos que juegan con lo inexplicable, el autor propone una mirada que va más allá del sobresalto: detrás de lo paranormal también están la violencia, la pobreza, el crimen organizado y el miedo a perder aquello que consideramos nuestro.

“Los personajes más aterradores son muchas veces los vivos”, señala Reyes al hablar de los temas que alimentan su escritura. Una idea que adquiere especial sentido en México, donde las historias de aparecidos conviven con una realidad que, en ocasiones, parece escrita por alguien empeñado en llevar el horror demasiado lejos.

“A propósito del Día de Muertos, cuando las leyendas vuelven a ocupar las conversaciones familiares y las noches parecen prestarse para contar historias a media luz, los invito a entrar en un universo donde la ficción y las experiencias que la gente comparte se encuentran, aunque no necesariamente se confundan”, invita el autor.

Reyes conoce bien ese territorio. Desde hace 12 años escucha relatos de personas que aseguran haber vivido encuentros inexplicables. Esas narraciones han alimentado su imaginación, pero también han ampliado sus preguntas sobre aquello que no siempre podemos comprender.

“Son ficción, pero, por supuesto, habiendo recibido historias de la gente durante 12 años, hay mucha inspiración.

“Los cuentos nacen de mis propios miedos, de los temas que me interesan y de esas experiencias ajenas que, aun cuando no pueden comprobarse, dejan una huella suficiente para convertirse en literatura”, explica.

En Nuestra muerte escondida aparecen fantasmas y entidades, pero también problemas muy reconocibles de México. Ante la pregunta de cómo se encuentran esos dos mundos, responde:

“Son temas que siento que tienen que estar muy presentes porque forman parte del México de hoy, como la pobreza, la violencia, el crimen organizado, el miedo, por ejemplo, a perder la vivienda. Son temas que aparecen ahí, pero todo aderezado con el miedo a lo paranormal también”.

Para Reyes, el terror no necesita vivir exclusivamente en una casa abandonada, un cementerio o un camino solitario. Puede instalarse en espacios mucho más cercanos: el hogar que alguien teme perder, una calle dominada por la violencia o la incertidumbre de no saber qué ocurrirá al día siguiente.

“El elemento sobrenatural funciona entonces como una puerta de entrada. El lector puede llegar buscando un fantasma, pero terminar frente a preocupaciones que reconoce como propias. Se dice que hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos y este libro habla mucho de eso también.

“Los muertos pueden provocar escalofríos porque representan lo desconocido, porque alteran nuestra percepción de la realidad o porque nos recuerdan que existe algo que no controlamos. Los vivos, en cambio, tienen la capacidad de producir un daño concreto, cotidiano y, muchas veces, mucho más difícil de evitar”, expresa.

En ese cruce, los cuentos de Reyes encuentran una dimensión inquietante. No todo el horror necesita una aparición frente al espejo: también puede tener rostro humano y desenvolverse en escenarios perfectamente reconocibles.

Un escéptico dispuesto a escuchar

El éxito de las historias paranormales también se explica por una pregunta que persiste generación tras generación: ¿y si aquello que creemos imposible realmente sucediera?

En una época en la que los teléfonos celulares permiten registrar imágenes, sonidos y situaciones inesperadas, los relatos sobre presencias extrañas continúan multiplicándose. Sin embargo, Reyes no presenta sus cuentos como pruebas de la existencia de fantasmas. Su punto de partida es la ficción, aunque reconoce que escuchar durante años a personas que comparten sus experiencias le ha cambiado la manera de mirar lo desconocido.

“Si algo me ha enseñado escuchar tantas historias de la gente desde un punto de vista escéptico, es que hay que estar abierto a todas las posibilidades.

“Todavía no creo necesariamente en todo aquello que me cuentan, pero tampoco considero que la falta de una explicación sea motivo suficiente para descartar cualquier posibilidad.

“Sería muy egoísta pensar que lo que nosotros no podemos percibir o explicar, pues simplemente no exista”, reflexiona.

La postura resulta interesante porque evita convertir el miedo en una cuestión de fe ciega. Reyes se mueve entre la curiosidad y la duda, dos actitudes que también alimentan la lectura de sus cuentos: el lector puede sospechar que algo sobrenatural ocurre, buscar una explicación racional o simplemente dejarse llevar por la historia.

“Lo importante es que la incertidumbre permanezca el tiempo suficiente para producir ese efecto que persigue la literatura de terror: mirar de nuevo hacia la puerta, desconfiar de un ruido en el pasillo o preguntarse si realmente estamos solos”.

México, territorio de aparecidos

Si hay un país donde las historias sobrenaturales encuentran terreno fértil, ese es México. Cada región conserva leyendas que pasan de una generación a otra; algunas tienen raíces antiguas y otras nacen en las ciudades, se alimentan de las conversaciones y terminan incorporándose al imaginario colectivo.

“La Llorona, el Charro Negro y La Planchada son ejemplos de relatos que han sobrevivido al paso del tiempo. Pero el universo de las apariciones no permanece inmóvil: las ciudades también producen sus propios fantasmas y las nuevas generaciones encuentran otras maneras de contarlos”, señala el autor.

Reyes lo ha comprobado a través de su pódcast, desde el que ha escuchado y difundido historias que circulan entre el misterio urbano y la tradición oral.

“México es un país riquísimo en historias, tanto leyendas de los pueblos como leyendas de las familias.

“Algunas narraciones han permanecido durante cientos de años, mientras que otras son relativamente recientes. Entre estas últimas están la leyenda de la mujer sonriente del Metro y la historia de una figura que camina por las noches en Paseo de la Reforma y sigue a los turistas.

“Son relatos que nacen y se transforman, alimentados por el testimonio de quienes aseguran haber visto algo, por las versiones que circulan entre conocidos y por la imaginación de quienes los vuelven a contar”, explica.

Agrega que quizá dentro de algunas décadas esas historias sean narradas con la misma familiaridad con la que hoy hablamos de los aparecidos clásicos. Al fin y al cabo, las leyendas no necesitan permanecer idénticas: basta con que conserven la capacidad de inquietarnos.

Para Reyes, esa riqueza explica también el alcance de las narraciones mexicanas más allá de nuestras fronteras. Aunque cada país tiene sus propios mitos, el miedo, la soledad, la pérdida y la incertidumbre son experiencias que pueden reconocerse en cualquier lugar.

Hay otra característica que distingue la escritura de Uriel Reyes: sus cuentos conservan el ritmo de alguien que está contando una historia frente a sus oyentes.

“No se trata solamente de describir una aparición o construir una escena tenebrosa, sino de conseguir que el relato avance con naturalidad, como cuando alguien recuerda un suceso extraño durante una reunión familiar o cuando un taxista cuenta una experiencia ocurrida en una carretera durante la madrugada.

“Me gusta escribir como leo las historias y creo que eso les da un ritmo diferente. Eso los hace muy fáciles de leer”, comenta.

Reyes busca describir con detalle las escenas y los paisajes, pero utiliza palabras sencillas, cercanas y reconocibles. Su intención es que el lector pueda imaginar lo que sucede sin tropezar con una prosa demasiado complicada.

“Como nos lo contaría nuestra abuela, como nos lo contaría el taxista que nos va narrando una historia cuando hacemos un viaje en la noche.

“Esa forma de narrar recupera una tradición que parecía reservada a las reuniones familiares, las sobremesas y las noches en las que alguien comenzaba con un ‘te voy a contar algo que me pasó’ y conseguía que todos guardaran silencio”, responde.

Los podcast ocupan ese espacio

La voz llega a través de los audífonos o el teléfono celular; el libro, por su parte, permite que cada lector construya sus propias imágenes y avance a su ritmo.

En Nuestra muerte escondida, la brevedad de los cuentos contribuye a esa experiencia. Cada historia abre una puerta, conduce a un escenario particular y deja al lector con la posibilidad de completar aquello que el autor no explica por completo.

Entre las historias que integran el volumen, Reyes destaca dos que considera especialmente representativas de su propuesta.

La primera es “Tres trampas”, un relato breve que abre el libro y que el autor recomienda como una muestra inicial de su universo narrativo.

“Siento que es una gran entrada a ese universo donde suceden las demás”, comenta. Su sugerencia para los lectores es sencilla: si encuentran el libro en una librería, que lo hojeen y se detengan a leer ese primer cuento. Puede ser suficiente para descubrir si desean continuar el recorrido.

La segunda historia que recuerda con especial cariño es “Al menos estamos juntos”, cuyo proceso de escritura le resultó particularmente revelador.

A diferencia de otros relatos que llevaba años imaginando, este surgió de manera espontánea. El autor comenzó a escribir sin conocer el desenlace y dejó que la narración avanzara hasta conducirlo a un lugar inesperado.

“Es una historia triste, pero también bastante aterradora”, dice.

En esa combinación entre tristeza y miedo aparece otra posibilidad del género: no todos los cuentos de terror buscan únicamente sorprender o provocar sobresaltos. Algunos dejan una sensación de pérdida, desamparo o melancolía que permanece incluso después de cerrar el libro.

El miedo como tradición

La conversación con Uriel Reyes también conduce a una posibilidad que va más allá de la lectura individual: recuperar la costumbre de compartir historias.

En México, el Día de Muertos es una fecha de memoria, ofrendas y convivencia con los recuerdos de quienes ya no están. Pero también es una temporada en la que las leyendas, los aparecidos y los cuentos de miedo vuelven a encontrar un lugar en las conversaciones

Leer un relato en voz alta, escuchar un pódcast con la familia o compartir una historia antes de dormir son formas distintas de mantener viva esa tradición.

Para Reyes, la oralidad forma parte esencial de su trabajo. Sus cuentos buscan conservar la cercanía de una voz que narra, mientras que su experiencia en el pódcast le ha permitido descubrir cuánto interés existe por estas historias, tanto en México como entre el público hispanohablante de otros países.

Aunque Nuestra muerte escondida  reúne ficción, miedos personales y temas sociales, el autor no descarta explorar otros caminos literarios. Por ahora, el cuento sigue siendo su formato predilecto.

“Me encanta entrar rápido a un universo y salirte de él otra vez y dejar que la gente termine de cerrar ese círculo que tú dejaste dibujando a la mitad”, explica.

Sin embargo, también reconoce que le entusiasma la posibilidad de intentar escribir una novela en algún momento.

Mientras llega ese desafío, sus lectores tienen entre manos un conjunto de relatos que invita a recorrer distintos escenarios del miedo y a preguntarse qué hay detrás de aquello que no podemos explicar.

En estas fechas, cuando las veladoras iluminan las ofrendas y las familias recuerdan a sus difuntos, Nuestra muerte escondida  propone otra forma de acercarse a la oscuridad: abrir un libro, dejarse llevar por una historia y escuchar con atención.

Porque quizá los fantasmas estén al otro lado de la puerta. O quizá el verdadero terror se encuentre mucho más cerca, en este mundo donde los vivos también guardan secretos y no todas las historias necesitan una aparición para quitarnos el sueño.

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