“Con tantos hechos de violencia en la sociedad, no debemos caer en el terror ni en el miedo, sino pasar a la indignación y la toma de conciencia. No debemos dejarnos llevar por los discursos de odio, sino avanzar hacia la idea de cuidarnos entre todos en nuestras comunidades y denunciar estas atrocidades”, afirmó Patricia Valladares de la Cruz, investigadora de la FES Iztacala
Entrevistada sobre los hechos violentos como el registrado en el multihomicidio de Atizapán, destacó que este tipo de crímenes buscan incrementar el miedo en la población y generar un ambiente de control social.
Señaló que homicidios tan terribles, donde se asesina a niños y mujeres embarazadas, representan el punto más alto de la crueldad humana y dejan una huella imborrable en la sociedad.
En particular, subrayó el impacto de la violencia ejercida contra mujeres trabajadoras del servicio doméstico, quienes suelen ser víctimas invisibilizadas.
La investigadora describió al responsable como un sujeto sin escrúpulos, cínico y acostumbrado a la impunidad, capaz de mirar a las cámaras con descaro mientras cometía actos de extrema crueldad.
Recordó que era conocido de la víctima por negocios turbios, lo que revela cómo la violencia se entrelaza con dinámicas de poder y corrupción.
Para Valladares, este tipo de crímenes buscan amedrentar, dejar huella y sembrar dolor, como una muestra de lo que puede pasar cuando la crueldad se utiliza como herramienta de intimidación.
Explicó que este caso rompe incluso las reglas no escritas de la violencia, como la prohibición de dañar a niños y mujeres embarazadas.
Esa transgresión, dijo, refleja cómo el odio se ha ido normalizando poco a poco en la sociedad, convirtiéndose en una forma de relación cotidiana entre las personas.
“El problema es de todos, porque no existe una regulación ni un freno al odio que se reproduce como si fuera el modo normal de convivir”, advirtió.
Valladares comparó este multihomicidio con una estrategia terrorista, pues busca infundir miedo colectivo y paralizar a la sociedad.
Ante ello, insistió en que es urgente no reproducir la violencia como algo normal y aprender a relacionarnos con amabilidad, a cuidarnos mutuamente y a reconstruir la confianza comunitaria.
“En vez de encerrarnos, debemos buscar cómo cuidarnos y dejar de ver la violencia como parte de la vida cotidiana”, señaló.
La investigadora subrayó que por dinero nunca se debe llegar al extremo de matar, y calificó al responsable como un psicópata que actuó convencido de que no enfrentaría consecuencias.
Para ella, este caso es un reflejo de una sociedad violenta donde la agresión se ha normalizado y se reproduce en distintos espacios, desde las calles hasta las redes sociales.
La violencia, explicó, se ha convertido en un mecanismo de control social, especialmente contra las mujeres, y refleja un sistema machista que pretende regresarlas “a casa por la fuerza”.
Finalmente, Valladares enfatizó que la violencia cotidiana se percibe como una forma válida de resolver conflictos o liberar emociones, lo que agrava el problema y perpetúa un círculo de miedo y sometimiento.
Frente a ello, llamó a construir una cultura de paz, basada en relaciones democráticas y cordiales, como la única vía para frenar la espiral de odio que amenaza la salud mental y la convivencia social.
TE SUGERIMOS:
¡La Jornada Estado de México ya está en WhatsApp!Sigue nuestro CANAL y entérate de la información más importante del día.
TAR

/https://wp.lajornada.prod.andes.news/wp-content/uploads/2026/09/Sociedad-violenta-Patricia-Valladares.jpg)

