Benito y Leticia Palma, sastres del ring: Crean los rostros de los ídolos del pancracio

Benito y Leticia Palma, sastres del ring

Benito y Leticia Palma, sastres del ring: Crean los rostros de los ídolos del pancracio

Máscaras que cubren los rostros de los héroes del ring, hechas en el taller de la familia Palma en San Cristóbal Huichochitlán.

Brian Prado
Julio 11, 2026

En una calle de San Cristóbal Huichochitlán, al norte de Toluca, el sonido constante de una máquina de coser se mezcla con el corte de telas metálicas, viniles y licras de colores. Ahí, donde cada pieza se confecciona a mano, la familia Palma ha encontrado una forma de preservar una tradición ligada a la lucha libre mexicana. 

Desde niño, a Benito Palma le llamó la atención la lucha libre y veía a sus ìdolos por televisión, hoy es uno de los mascareros con mayor actividad tras 20 años de trabajo

Desde hace más de dos décadas, Benito Palma ha convertido un gusto de la infancia en un oficio que hoy da sustento a varias familias y que ha llevado máscaras hechas en Toluca a diferentes rincones del país e, incluso, a luchadores profesionales.

Lo que comenzó como una afición terminó por consolidarse en el taller Máscaras El Toluco, un espacio donde cada diseño es elaborado artesanalmente y donde el trabajo familiar ha permitido mantener vivo un oficio que combina creatividad, paciencia y conocimiento transmitido con los años.

Del aficionado al mascarero

Antes de aprender a cortar telas y coser diseños complejos, Benito era un niño que esperaba frente al televisor para ver las funciones de lucha libre. Admiraba a sus ídolos, seguía cada combate y, durante algún tiempo, incluso intentó entrenar para subir al cuadrilátero. Sin embargo, el destino lo llevó detrás de las máscaras que admiraba.

Al recordar cómo nació esa inquietud, explica que el gusto por este deporte fue el punto de partida de toda su historia.

“A mí siempre me ha gustado la lucha libre, de hecho entrené unos cuantos meses y me nació la idea de hacer máscaras y creé lo que se llama ‘Máscaras El Toluco’. Desde niño veía las luchas en la tele, me gustaba Rey Mysterio, Blue Panther, el Rayo de Jalisco y por eso nació la idea de confeccionarlas, el gusto”, relató.

Los primeros intentos estuvieron lejos de ser perfectos. Sin experiencia y sin alguien que le enseñara, aprendió mediante ensayo y error. Cada costura equivocada representó una lección y cada máscara rota fue parte del proceso que terminaría por convertirlo en artesano. Con una sonrisa recuerda aquellos primeros días frente a la máquina de coser.

“Empecé con una máquina, pero no sabía ni tenía idea de cómo hacerlas, me acuerdo que rompí máscaras, pero como dicen, echando a perder se aprende y pues la verdad sí le batallé mucho, pero por fin pude lograr una máscara, que fue la de Rey Mysterio y Dr. Wagner, fueron los primeros que hice”, comentó.

Una vez que consiguió dominar la técnica, decidió salir a vender su trabajo en las funciones de lucha libre de Toluca y municipios cercanos. No existían redes sociales ni plataformas digitales; el contacto directo con los aficionados fue el medio para dar a conocer su trabajo.

“Después lo que hacía era que salía a las luchas de las arenas, de aquí de Toluca y todo alrededor. Empecé a salir para que la gente me conociera y los mismos vendedores de más tiempo me empezaron a preguntar si yo hacía máscaras, les dije que sí y me fueron encargando”, señaló.

Un taller que cruzó fronteras.

Con el paso de los años, las recomendaciones comenzaron a multiplicarse. Los clientes dejaron de ser únicamente aficionados de Toluca y empezaron a llegar pedidos de distintas partes del país. El crecimiento permitió que Benito dejara de instalarse en las arenas para concentrarse completamente en la elaboración de las máscaras.

Hoy, dice, la mayor parte del tiempo la dedica a cumplir encargos que llegan desde diferentes estados.

Su experiencia también le abrió la puerta para colaborar con empresas profesionales de lucha libre. En ese proceso confeccionó máscaras para figuras ampliamente conocidas por la afición mexicana, un reconocimiento que llegó después de años de práctica.

“Este es un trabajo bonito porque cada día aprendes a hacer más máscaras, varios diseños, ya también hemos hecho varias para luchadores famosos, les hemos confeccionado sus máscaras. Es que hubo un tiempo que trabajé en AAA y le hicimos a Dr. Wagner, Silver King, Sexy Star, cuando traía máscara el Cibernético, a varios de AAA”, relató.

En la otra esquina.

Como ocurre en la lucha libre, Benito asegura que en su esquina siempre ha estado su esposa, Leticia. Mientras él se concentra en la confección de las piezas, ella coordina pedidos, organiza entregas y mantiene en funcionamiento el taller que ambos han construido durante años.

Detrás de cada máscara terminada también existe un trabajo de la dupla, una labor que quizá pocas personas observan, pero que resulta indispensable para cumplir con cada encargo.

“Soy la que lleva el taller, con los pedidos, mando los pedidos, y sí es un trabajo pesadito, pero vale la pena. No llevamos la cuenta de los pedidos, porque también hay máscaras que son muy laboriosas. Como la del Grande Americano, que es ahorita la más pedida, la que todos quieren junto con la de Pentagón”, comentó Leticia.

Además de representar el sustento de su hogar, el taller se ha convertido en una fuente de empleo para otras familias que participan en diferentes etapas del proceso artesanal. Por ello, Leticia considera que el valor de cada máscara va más allá del producto terminado.

“Es un trabajo muy bonito, aparte todo es hecho a mano, por eso yo digo que es un trabajo artesanal y pues también ya hay familias que dependen de este trabajo, entonces entre todos nos ayudamos”, señaló.

La reactivación de las funciones de lucha libre en Toluca también ha representado un impulso para el taller. El regreso de eventos al Gimnasio Agustín Millán y al Salón Rojo volvió a despertar el interés de aficionados que buscan portar la máscara de su luchador favorito.

“La verdad es que sí hay mucha venta de máscaras, sí hay trabajo, es algo que la gente lo ve como suyo y aparte ahora que volvió a haber luchas en el Gimnasio Agustín Millán y en el Salón Rojo, pues creció. Porque hubo un tiempo que ya no había luchas, todo se hacía hasta Zinacantepec y eso también provoca a la gente porque sí hay una gran afición”, relató.

Dos décadas de trabajo

En cada máscara terminada permanece una historia que comenzó hace más de veinte años con un aficionado que admiraba a sus ídolos desde la televisión. Hoy, entre rollos de tela, moldes y máquinas de coser, la familia Palma mantiene vivo un oficio que forma parte de la identidad de la lucha libre mexicana. 

Mientras nuevos ídolos aparezcan en el cuadrilátero, en el taller de San Cristóbal Huichochitlán, Benito y Leticia continuarán trabajando puntada a puntada, convencidos de que cada máscara representa mucho más que un accesorio: es el rostro de una tradición que sigue encontrando en Toluca un lugar para mantenerse vigente.

Continúa leyendo:

Sigue nuestro CANAL de WHATSAPPy entérate de la información más importante del día con La Jornada Estado de México.

PAT

UAEM2
Banner Entretenimiento